No me gusta andar siguiendo a nadie ni que me sigan, conste. Pero qué hay que hacer cuando una va caminando apurada por la calle, casi corriendo porque el colectivo de las doce y media ya está por llegar y de pronto se cruza una mujer idéntica a una. Y para colmo vestida como se hubiera vestido una: nada de vestido, vaqueros y camisola de algodón. Celeste, medio desteñida la camisola como la que vi un domingo en la feria de las artesanías y yo que no tenía un peso encima; recuerdo que pensé que ojalá que no la comprara nadie así la llevaba yo el domingo siguiente; seguro la compró ésta.
Volver sobre mis pasos, eso hice para verla de frente de nuevo a esa mujer con mi misma cara y mi ropa preferida. Caminaba como mirando vidrieras pero no las miraba, se notaba cansada y si bien no traté de ocultarme estoy segura de que no me vio. Yo había escuchado la teoría de que todos tenemos un doble, cosa que siempre me pareció absurda porque con el descubrimiento de las huellas digitales y el ADN ya se sabe que cada uno es único. Pero era interesante la teoría, más habiendo visto con mis propios ojos que existía una mujer parecida, qué digo, igual a mí.
A ver a dónde va, me dije, aún sabiendo que perdería el colectivo de las doce y media y comencé a seguirla. Ella parecía no tener apuro (o estaba muy cansada) y una pensando que Daniel se preocuparía por la tardanza y los chicos andarían rondando por la cocina en busca de los olores del almuerzo.
Cuando ella cruzó la General Paz, yo pisándole los talones, me vino la revelación, todo en un segundo: no era mi doble, que en eso definitivamente no creía: era mi hermana melliza.
Es increíble la fuerza del inconciente, desde el primer momento supe que era ella y me distraje con las elucubraciones del doble y la falsa sorpresa, para no caer en la cuenta de que sí, era Myriam. Ahí pensé que lo verdaderamente sorprendente era que estuviera en la calle y no en la Casa de Descanso (vaya con los eufemismos) a la que religiosamente la vamos a visitar domingo de por medio con Daniel, desde hace siete años.
Pobre Myriam, tan hermosa, y perdón por la falta de humildad porque somos idénticas, por fuera nomás gracias a Dios; desde chiquita fue tan teatral, como todos los chicos jugando, por supuesto, pero más pasional diría: era la Mujer Maravilla o el Principito y se posesionaba de tal forma del papel que era inútil pedirle que se lo dejara a una un ratito.
Qué hago, pensé y no atiné a otra cosa que seguir tras ella, seguramente cuando le contara a Daniel él sabría qué hacer y supo qué hacer apenas se lo dije, después de preguntarme diez veces si no me había equivocado. Pero Myriam siguió de adolescente con esa tendencia a la fabulación y el doctor Moretti dijo que eso ya no era cosa de chicos, que tal vez el cambio hormonal había alterado su percepción de la realidad. Conste que yo nunca pensé que fuera para tanto aunque me hiciera cosas feas como odiarme ferozmente cuando conocí a Daniel; sus razones tenía: era Ana Bolena y el pobre Daniel, qué papelón se ve que me quería nomás, tuvo que aguantar que ella lo llamara “amado Enrique”. Ahí tuve que explicarle que se trataba del rey Enrique VIII y tal vez ella lo hubiera dejado de molestar si alguno de nosotros hubiera sabido cómo terminaba ese romance (el del rey y Ana).
Si vivieran papá y mamá no podrían creer que después de todo lo doloroso que pasaron, (porque internar a una hija no es nada fácil, un desgarro fue) ella estuviera caminando como si nada por la calle porque curada, pobrecita, no está si los últimos meses se ha creído Juana de Arco. No, nunca nadie común: sólo heroínas, bellas, deseadas...
Y el colmo: dobló por 27 de abril, y se detuvo en la parada del cincuenta ¡mi colectivo!. Entonces iba a mi departamento ¡acordarse de la calle Los Incas 235, 4° B!, no se cómo pudo porque si bien la llevamos varias veces a casa, no se la vio nunca interesada en el recorrido. Subimos al de las doce y cuarenta, las dos paradas; yo, casi escondida detrás de los brazos de un gordo, nunca se sabe con Myriam.
Así, los veinte minutos hasta el barrio.
De pronto me figuré a las dos entrando juntas, a Daniel que no entendería nada y vaya a saber con qué venía Myriam. Debo confesar con vergüenza que también pensé que Daniel podría confundirla conmigo y no señor, ella se ligaría el beso de bienvenida que es exclusivamente de una. Entonces me dije: tengo que advertirlo y así como así, me bajé en la ruta y corrí bajo ese sol infernal las tres cuadras de tierra que dan a la esquina de casa, mientras Myriam daba toda la vuelta que da el colectivo por el barrio hasta llegar a la misma esquina.
Fue entrar y largarme a llorar, tanta fue la presión, contarle rápido todo a Daniel; que ya estaría Myriam por tocar el timbre.
- Tranquilizate, cariño- me dijo.- Yo sé tratar a tu hermana.
Me trajo un vaso de agua.
- Puede haber hecho un desastre, mirá que escaparse- le dije.
- Es mejor que te recuestes un rato. Yo me ocupo : llamo a la Casa de
Descanso para que la vengan a buscar.
Cómo amo a mi marido, con dos o tres frases aquietó el maremoto de mi cabeza, ya no sabría cómo vivir sin él. Y también ver a los chicos tan sanos, le vuelve el alma al cuerpo a una.
- Papi, ¿cuándo comemos? – dijo Marcelita. Está un poquito mal educada esa
nena , no saluda como antes. - Luego, mi amor. Comete una banana que mami ya servirá la comida- dijo él.
Dicho y hecho, a los cinco minutos llegó Myriam. Ni qué decir que yo no podía descansar; traté de escuchar por la puerta entreabierta de la habitación. Ellos hablaron bastante en la cocina; sólo escuché “llamaremos a la Casa de Descanso” y la verdad es que ella se lo tomó muy bien, ni escenas ni llantos, es sorprendente Myriam.
Después él habló por teléfono; ella, lo supe por los ruidos, tranquilamente tomó un refresco con soda, sacó algo del freezer y lo puso en el microondas.
Ahora por fin Daniel está conmigo en el cuarto, hablamos de cualquier cosa, nos reímos y él me dice “¿bajamos al jardín, cariño? Y no me importa el calor, sólo sentir su brazo acogedor sobre mi hombro.
Por la ventana ya se ve el auto de la Casa de Descanso. Pobre Myriam, en instantes subirán a buscarla.
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25 jun 2013
23 may 2013
"PATA DE CABRA" SEGÚN JOSEFINA TREBUQ
PATA DE CABRA es el resultado de muchos esfuerzos compartidos, de apuestas amorosas sin pagare o garantía, postas de confianza y generosidad.
Contó además con la colaboración desinteresada de “grandres” como Cristobal Reinoso-Crist-María Teresa Andruetto, Daniel Diivinsky, Raúl Aliaga, Angelina Covalschi, Luz Nani, Lucía Benites, María Teresa Ceballos, Liz Kent, “Puchi”, Carlos Lista, y fundamentalmente con el profundo e incondicional amor de mis hijos y mi esposo.
PATA DE CABRA desafió a Liz Kent,
quién venía amasando su propia idea. Liz
aceptó el desafío. Âlaya editorial es la
respuesta contundente de alguien que confió, sin paracaídas.
Después de lo vivido esa noche,
cobijados en el mágico ambiente de la Biblioteca Popular Velez Sardfield, el
cálido recibimiento sus anfitriones, la mirada atenta de Sebastián detrás del
obturador de su máquina de fotos, la presencia de tantos amigos, y por
sobretodo, con el apoyo incondicional de nuestros seres queridos, seguramente
Liz, no necesitará de un paracaídas, y PATA DE CABRA se irá abriendo camino.
Al leer la devolución de Josefina, aparece cada vez con mayor claridad la razón que imperiosa, irrefrenable, impone a cada autor la necesidad de publicar su obra: el acto de escribir, de crear con la palabra, termina sólo cuando lo escrito es leído por otro. Cuando el que lee, descubre aquello cuya existencia, el autor estaba muy lejos de imaginar.
Un segundo golpe de gracia temprano, nos lo da el epígrafe de Luis Galeano: “Los espejos están llenos de gente, los invisibles nos ven….” Como “Alicia en el país de las Maravillas”- a quién éstas nunca le resultaban “maravillosas” sin “aterrorizarla” simultáneamente, Lucía, la protagonista de “Pata de Cabra” sacudida por un hecho de proporciones brutales para ella, empieza a sumergirse en una especie de calidoscopio mental, en mil rostros suyos, y de los que le dieron origen y la rodean, todos desconocidos, reveladores, desestructurados, y a la vez, clarificadores…. Lucía tan emocionalmente aguda y excesiva como su imaginación y su capacidad de ver la realidad, que los demás no captan ni niegan. Si me preguntaran qué me llamó más la atención de la novela debería decir que su valentía. Y no porque Lucía ande aventurándose por sórdidos arrabales, ni se involucre en negocios turbios o viva desopilantes e incontrolables aventuras eróticas. En esta novela, imperan los espacios cerrados: el auto-la casa-una clínica…. Y lo doméstico es primordial. Lo que sucede, para nuestro bien, es que Lucía tiene una mente libre, a imagen y semejanza de Carmen Nani, supongo. Es capaz de ver y de decirse todo, en el único plano verdaderamente peligroso: el de las relaciones que nos constituyen en personas. No estoy haciendo un elogio menor. De Shakespeare se dijo de que fue la mente más libre y valiente del mundo…. ”Pata de Cabra”, el mundo interno femenino y las interacciones primeras que nos marcarán de manera indeleble, incluso en como luego nos relacionaremos en el plano social. Así como en la familia, será en la sociedad, se podría afirmar casi tajantemente.
En este punto me detengo, releo el párrafo y celebro que lo que intenté transmitir fuera tan claro para Josefina. A mí descubrirlo, me tomó mucho más tiempo…
Desde una lectura “Junguiana”, creo que la novela relata la elaboración de la CRISIS DE LA MEDIANA EDAD… en ese momento-Jung hablaba del “demonio del mediodía”- cuando la luz es tan cruda que podemos ver cada detalle en sus luces y sus sombras. En que adoptamos a nuestra SOMBRA –en lenguaje junguiano- como parte inevitable de nosotros mismos y, por ende, todo se vuelve ambivalente y contradictorio, empezando por nuestra identidad y nuestros sentimientos. Algo… una “niebla” se ha levantado para siempre: la negación propia e inherente a la adolescencia que nos permite la energía puesta en el actuar para construir y dominar el mundo. Ahora la perspectiva cambia, las idealizaciones caen con ruido, y tenemos incluso, que re-enfrentar nuestras tempranas desilusiones y primeras frustraciones, a fin de convertirnos en aquellos seres maduros y luego ancianos, capaces de ser felices y de sostener a las nuevas generaciones en lugar de destruirlas con nuestro resentimiento y nuestra envidia. Extraña paradoja la que plantea simbólicamente esta novela:
6 may 2013
PRESENTACIÓN DE LA NOVELA °PATA DE CABRA° de Carmen Nani
FRAGMENTO....
Cobijo entre mis brazos a este hombre que se me ofrece desnudo, absolutamente vulnerable. Le acaricio el cabello. Lo dibujo con la yema de los dedos. Ahora duerme tranquilo, sereno, inofensivo. Ha quedado quieto el deseo. Sólo me une a él la ternura y el saberlo tan carente de afecto como yo. Lo siento respirar sobre mi pecho, tan mío, buscando aún en sueños mis caricias. Es como un gato acurrucado en los brazos de la persona en quien confía. No desconfía de mí. No sabe de mis remordimientos, ni de mis debates entre este hombre que ahora me cautiva, me consume, y ese otro que por momentos me amedrenta hasta el miedo más íntimo. ¡Cómo logro eternizar este momento, atraparlo en el tiempo! Conservarlo así, débil, frágil, sin una sola de sus máscaras. O la que tiene ahora es otra,
la más perfecta, la más cruel. Con la que me domina, o por lo menos pretende hacerlo. Eso me confunde. Me corroe, me subyuga, me recorre entera. Y sin embargo, se adueña de mí. Me posee aún sin poseerme y excita a esa otra Lucía que no se deja tiranizar. Que goza de él de la misma manera que él la disfruta. Que lo seduce, que lo lleva lentamente a la pérdida total de la conciencia. Mis manos, sus cadenas. Mi cuerpo, el cepo que se yergue enardecido y lo sojuzga. En ese momento, cuando el placer es casi un asesino, yo soy la que somete. Eterna lucha entre el macho y la hembra. El de domesticar y ser domesticado. Después, la calma y este hombre que queda a mi merced.
22 abr 2013
NO DESCREERÁS EN VANO cuento de Maria Elena Garay
Mujeres grandes haciendo de mocosas. Eso somos una vez al año, cuando nos juntamos las compañeras de la promoción. Siempre nos reímos de las mismas cosas, como cuando Marce le robaba el sello al padre que es médico para justificar una chupina o cuando Martita y yo abrimos el champán que la monja guardaba para la fiesta de graduación, lo tomamos y metimos agua en la botella. Pero la monja las pescó y les puso amonestaciones salta una y ahí empezamos a recordar la maldad de esa monja, por Dios, se creía un general al frente de su tropa. Confieso que tomamos bastante y ese día todas las gorditas abandonamos el régimen porque los bocaditos y las empanadas de La Costanera son irresistibles. Sobre todo, tomar. Inés Laserna, que siempre pone la casa, tres años antes sacó un licor azul, Curazao de Cusenier, bastante dulzón. Desde ese día lo mezclamos con un chorrito de Paso de los Toros y festejamos el invento: el Orgasmo de Pitufo. Ya es un clásico en la reunión, bastante fuerte como para motorizar la adrenalina; después bailamos todo: rock, cuarteto, cumbia. Es una ceremonia de liberación porque sabemos que al día siguiente hay que retomar la vida de siempre: Martita vive muy ajustada con su sueldo de docente, Marce con su problema de diabetes, Cuqui levantándose al alba para escribir su columna en el diario, etc. etc. Nos ponemos al día con nuestras historias: Mimí cuenta de su nueva pareja y dice que todos los hombres son unos forros, Inés que sigue de pica con la suegra; creo que esa noche "el infierno está encantador".
Esta vez Liliana nos aconsejó una tarotista que es una maravilla, te adivina el futuro, dijo. Cuqui le contestó me extraña, eso estaba bien para adolescentes, pero creer ahora en esas cosas, loca…Se armó la discusión. Qué raro: la mayoría pensaba que eso funcionaba; Marisel explicó: tenemos una energía y cierta gente la puede ver. Ahí salté yo desacreditando la onda new age, no me va, es un negocio al que la gente adhiere por necesidad de creer en algo. Martita acotó que la autocuración de Louise Hay existe, sólo hay que creer que uno está bien, y si se lo repite, se convence y realmente está bien
. Y vos que opinás, le dije a Graciela Iparraguirre que estaba muy callada. Yo me resistía a creer en esas cosas pero ahora no sé; mi papá…dijo, y se largó a llorar. Graciela siempre fue muy tímida y sensible. No puede tener hijos y hace ocho meses murió su viejo, al que adoraba. Yo la abracé y de a poco, el lorerío se fue acallando. ¿Qué había pasado? Disculpen, este tema me recordó lo que le ocurrió a mi papá. Todas habíamos estado en el velatorio y sabíamos que el Vazco era un hombre fuerte y sano, que de pronto le dio un paro cardíaco en plena calle. Le traje un vaso de agua. Graciela, más calmada, continuó: él me contó que hacía un tiempo unas gitanas lo habían abordado cuando iba camino a su trabajo, en el Centro Cultural de San Vicente, no lo dejaron seguir, viste cómo te acosan. Es cierto, pensé, cuando las veo me cruzo de vereda, les tengo miedo. Graciela siguió: una de ellas le anunció que iba a encontrar una sota de oro cortada por la mitad, en el suelo; que la alzara y se la llevara al predio del viejo mercado de abasto. Qué habrían hecho ustedes, preguntó. Martita lanzó: las gitanas son unas chantas, lo prueba el hecho de que lo citaron en la carpa, ahí entre todas lo desplumaban. Qué verso, saltó Marce, ni que te pasés la vida mirando al suelo, vas a encontrar medio naipe. Pero mi papá lo encontró. Iba cruzando la plaza Urquiza, había mucho viento y tierra, era agosto; entre papeles que volaban mezclados con bolsas de nailon y etiquetas de cigarrillos, vio pasar la mitad de un naipe. ¿Era una sota de oro, preguntó Cuqui? Él me contó que no alcanzó a ver bien, pudo ser un caballo o un rey. Mirá qué casualidad, murmuró Marce. No es casualidad, había una predicción, no se olviden dijo Liliana. Intervine yo: ninguna casualidad, hay tanta basura en la calle que con una ráfaga encontrás hasta preservativos. Pero entonces no lo alzó, apostó Cuqui. ¿Mi papá corriendo tras un pedazo de cartón?. Cuqui suspiró con alivio: tu viejo no comía vidrio, ya sé. Ojalá lo hubiera buscado, se lo llevaba a la gitana y por unos pesos se acababa todo, contestó Graciela. Ché Iparraguirre, vos estás mal del coco ¿no?. Todas miramos a Mimí con desaprobación. Graciela se fue al baño. Nos quedamos calladas. Bueno, bueno, esto se ha puesto muy pesado, dijo Inés, juguemos al dígalo con mímica. Es cierto, faltaban los juegos.
Esta vez Liliana nos aconsejó una tarotista que es una maravilla, te adivina el futuro, dijo. Cuqui le contestó me extraña, eso estaba bien para adolescentes, pero creer ahora en esas cosas, loca…Se armó la discusión. Qué raro: la mayoría pensaba que eso funcionaba; Marisel explicó: tenemos una energía y cierta gente la puede ver. Ahí salté yo desacreditando la onda new age, no me va, es un negocio al que la gente adhiere por necesidad de creer en algo. Martita acotó que la autocuración de Louise Hay existe, sólo hay que creer que uno está bien, y si se lo repite, se convence y realmente está bien
. Y vos que opinás, le dije a Graciela Iparraguirre que estaba muy callada. Yo me resistía a creer en esas cosas pero ahora no sé; mi papá…dijo, y se largó a llorar. Graciela siempre fue muy tímida y sensible. No puede tener hijos y hace ocho meses murió su viejo, al que adoraba. Yo la abracé y de a poco, el lorerío se fue acallando. ¿Qué había pasado? Disculpen, este tema me recordó lo que le ocurrió a mi papá. Todas habíamos estado en el velatorio y sabíamos que el Vazco era un hombre fuerte y sano, que de pronto le dio un paro cardíaco en plena calle. Le traje un vaso de agua. Graciela, más calmada, continuó: él me contó que hacía un tiempo unas gitanas lo habían abordado cuando iba camino a su trabajo, en el Centro Cultural de San Vicente, no lo dejaron seguir, viste cómo te acosan. Es cierto, pensé, cuando las veo me cruzo de vereda, les tengo miedo. Graciela siguió: una de ellas le anunció que iba a encontrar una sota de oro cortada por la mitad, en el suelo; que la alzara y se la llevara al predio del viejo mercado de abasto. Qué habrían hecho ustedes, preguntó. Martita lanzó: las gitanas son unas chantas, lo prueba el hecho de que lo citaron en la carpa, ahí entre todas lo desplumaban. Qué verso, saltó Marce, ni que te pasés la vida mirando al suelo, vas a encontrar medio naipe. Pero mi papá lo encontró. Iba cruzando la plaza Urquiza, había mucho viento y tierra, era agosto; entre papeles que volaban mezclados con bolsas de nailon y etiquetas de cigarrillos, vio pasar la mitad de un naipe. ¿Era una sota de oro, preguntó Cuqui? Él me contó que no alcanzó a ver bien, pudo ser un caballo o un rey. Mirá qué casualidad, murmuró Marce. No es casualidad, había una predicción, no se olviden dijo Liliana. Intervine yo: ninguna casualidad, hay tanta basura en la calle que con una ráfaga encontrás hasta preservativos. Pero entonces no lo alzó, apostó Cuqui. ¿Mi papá corriendo tras un pedazo de cartón?. Cuqui suspiró con alivio: tu viejo no comía vidrio, ya sé. Ojalá lo hubiera buscado, se lo llevaba a la gitana y por unos pesos se acababa todo, contestó Graciela. Ché Iparraguirre, vos estás mal del coco ¿no?. Todas miramos a Mimí con desaprobación. Graciela se fue al baño. Nos quedamos calladas. Bueno, bueno, esto se ha puesto muy pesado, dijo Inés, juguemos al dígalo con mímica. Es cierto, faltaban los juegos.
19 mar 2013
LAS CRIADAS Cuento de María Elena Garay
![]() |
| Danae y los perros. Óleo de Alpizar González |
Después de un accidente, llegó otro período feliz ¿te acordás?: decidimos recuperar el tiempo perdido, ¡a beberse la vida de un solo sorbo! Salimos a trotar al parque, a vagabundear por todo el pueblo, jugábamos a estar perdidas, no nos importaba el aspecto ni la higiene; hasta don Jorge sonreía moviendo la cabeza como diciendo no tienen remedio. En ese tiempo apareció Gastón. Con sólo mirarlo me enamoré y vos lo entendiste, te apartaste. Nos vuelve bobas el amor, no paraba de pensar en él. ¡Y le gusté! Mis salidas ya no fueron con vos, ahora con Gastón al río. Llegaba la noche, nos quedábamos mirando la luna, escuchando el discurrir del agua entre las piedras, el canto de los sapos.
Ahora pienso, lo que vino ¿fue un premio o un castigo? En ese orden chiquita creo que así vino barajada la suerte. Mi carácter cambió, yo misma lo noté por el cansancio. Todos lo advirtieron, vos la primera. Callada nomás, ponías tu cabeza junto a la mía cuando dejaba casi toda la comida en el plato. Embarazo evidente, sentenció don Jorge. Y si él lo decía que sabía hasta de la preñez de las vacas… Mal físicamente, la noticia me puso muy feliz a qué negar, a mi edad un nacimiento, casi un milagro.
¿Existen los milagros chiquita? algo se complicó. Hay un tiempo que voló de mi memoria, sólo recuerdo mi pánico, una luz potente sobre la cabeza y el abandono absoluto. Cuánto lloré, vos fuiste testigo chiquita, una vida plena venida a pique, una ilusión despedazada
Te observo altiva, inquieta, vivaz. Y miro estas manchitas coloradas en el piso y a Gastón olfateando tras el vidrio esmerilado del portón que don Jorge se empeña en mantener cerrado. Dice que sos fina, que no es cuestión. Yo sé de un agujero en el alambrado del patio, vas a salir, te lo prometo. Pero nunca lo olvides: los machos no tienen corazón, chiquita.
Vení, Gastón te está esperando.
5 mar 2013
FRAGMENTO DE LA PRÓXIMA NOVELA "PATA DE CABRA", de Carmen Nani
![]() |
| Dibujo de Cristobal Reinoso, CRIST para la portada de la novela PATA DE CABRA |
La lluvia queda atrapada en algún nubarrón oscuro. El cielo sigue con ganas de llorar. Lucía se levanta del sillón para prepararse un café. Mientras piensa en lo que le contó la tía Tere sobre cómo la habían curado. Instintivamente se toca la espalda. Ahí están. Justo donde comienza la columna. Tiene esas siete marcas indelebles. Los pensamientos le llueven acompasados al ritmo de la cellisca. Revuelve el café. El contraste del calor de la taza le agudizó los poros de la piel. Percibió la humedad del ambiente. Sabe, en ese momento, que esa humedad ablandará su memoria.
Lucía no toma mucho café. Es dañino para su acidez. Cuando lo hace, le gusta batido y bien caliente; como el que saborea mientras piensa…
“Así empezó mi vida: con la mácula indeleble de la pata de cabra; filigrana que me sirvió para justificar cada fracaso, cada equivocación, cada golpe imposible de prever. Marcada con el estigma de una maldición, viví a los tumbos aceptando como verdad la mentira más humillante. Reconocí cada crítica como un latigazo, cada valoración ajena como juicio certero, incuestionable. No importa de quién viniera; todo lo absorbía como esponja. ¿Por qué? Porque la primera persona que me rotuló, que me condenó, fue mamá. Me llevó casi toda la vida darme cuenta: recién nacida, había llorado cuarenta días y cuarenta noches porque la histeria de mamá, provocada por la depresión post- parto, impidió que le bajara leche. Por eso, al encontrarme con esos pezones yermos, primero lloré y después aprendí a rechazar. Su olor a vacío me provocaba angustia supongo, por eso chillaba y me retorcía cada vez que intentaba darme de mamar. Sin embargo, nadie veía a la beba que como único modo de manifestar lo que sentía, se arqueaba; la cabeza rígida hacia atrás como tratando de tocar los talones. No me veían a mí. Todos veían a esa beba que se rizaba como endemoniada. “¡La pata de cabra!”, exclamaron con horror. “Es la pata de cabra”.
17 feb 2013
JUEGO DE ESPEJOS de Carmen Nani
- No, no somos sólo eso, la voz a mis espaldas me sobresalta. Giro asustada.
- Tenés que entender, me veo hablar en la figura detrás de mí.
Soy yo, pero la imagen no me refleja. Levanto una mano y compruebo que la imagen no copia el movimiento.
- No quiero seguir mintiendo.
- ¿De qué hablás?, miro hacia la izquierda.
La voz viene desde allí. Me veo enojada en ése otro espejo que me increpa. Estoy por contestar algo, no se qué, cuando mi imagen anterior, la que está a mis espaldas, se me adelanta.
- Del amor. Porque en el amor, vale todo, contesto con mirada
quimérica desde el espejo a mis espaldas.
Me río el espejo de la izquierda.
- ¿Qué mirás? Esta vez sí se dirige a mí.
- ¿Acaso no juraste amar a un hombre y no dudaste en engañarlo con otro?
Intento defenderme pero otra vez mi imagen se me adelanta.
Esta proviene de un espejo sobre la derecha.
- ¿Vos tenés idea de lo que sufro junto a un indiferente como Javier?
- ¿Y eso justifica que tengas un amante?, censura mi imagen de la izquierda.
- Ustedes hablan por hablar, vuelvo a girar porque aparezco hablando en un cuarto espejo.
- Ustedes no son madre. Si lo fueran, sabrían que lo más importante son los hijos.
- ¡No!, contesto desde mi primera imagen.
- Lo más importante es la pareja. No caer en la rutina. Mantener la magia…
- Si claro, muy mágico; y aguantar su cansancio, sus silencios, su trabajo por encima de todo, interviene la imagen de la derecha.
La de la izquierda aprovecha para sembrar cizaña.
- ¿No será que ya no lo amas; que ya dejó de ser el hombre de tu vida porque apareció otro?
- ¡No!, ahora es la imagen madre.
- Javier es el padre de mis hijos, yo lo amo.
- Pero te acostás con otro, retruco desde el espejo de la izquierda.
Desde la derecha intento justificarme.
31 dic 2012
FELIZ 2013....por Carmen Nani
Mis colegas, las escritoras María Elena Garay, Cecila Spina y la que suscribe, queremos agradecer a todos nuestros lectores por acompañarnos durante estos dos años de vida de nuestro blog "Piel de Lechuza" y los invitamos a levantar las copas por un 2013 en el que, esperemos se cumplan las expectativas de todos... para ustedes, gente tan necesaria, un precioso poema de Hamlet Lima Quintana,
Carmen
Gente
Gente
Hamlet Lima Quintana,
Argentina, 1923
Hay gente que con solo decir una palabra
enciende la ilusión y los rosales;
que con solo sonreír entre los ojos
nos invita a viajar por otras zonas,
nos hace recorrer toda la magia.
Hay gente que con solo dar la mano
rompe la soledad, pone la mesa,
sirve el puchero, coloca las guirnaldas;
que con solo empuńar una guitarra
hace una sinfonía de entrecasa.
Hay gente que con solo abrir la boca
llega a todos los límites del alma,
alimenta una flor, inventa sueńos;
hace cantar el vino en las tinajas
y se queda después, como si nada.
Y uno se va de novio con la vida
desterrando una muerte solitaria
pues sabe que a la vuelta de la esquina
hay gente que es así, tan necesaria.
20 dic 2012
QUERIDA LITA cuento de María Elena Garay
Ante todo tengo que agradecerte los gemelos de plata con una flor de lis; aunque sabés que no uso camisas con gemelos, valoro tu intención. De paso te pido que me perdones por no haber usado nunca la gorra de carpincho, bien cara te habrá salido el año pasado. Pero sólo son detalles, te pido perdón porque yo soy un hombre simple, empleado del taller del Tito y no me va esa moda pituca ni juego al golf (gracias también por los palos que me regalaste hace dos años). No supe llenar tus expectativas, no te culpo por haberte cansado, más aún cuando sucedió eso en Navidad.Como sé que estarás preocupada por saber dónde estoy, te escribo también para avisarte que mi hermano, el de Santa Fe, se cambió de casa y yo lo ayudé con la mudanza y creo, a eso lo reconocerás, soy bastante fuerte alzando cosas pesadas, una bestia solés decirme. Bueno, tal vez puedas perdonarme por no haberte dado el regalo que querías. Moni y el Guille estuvieron chochos con sus juguetes, ahí no le errrás nunca y los dejás felices, yo no sabría qué comprarles. Pero sí sabía lo que vos querías y, como me dijiste, no era muy difícil ir a una joyería y decir quiero un par de aros Lady Di con perlas blancas , me lo especificaste bien, ni grises, ni turquesa, blancas.
Cumplí con vestirme con el traje colorado y la barba de algodón, aunque sudé a mares y repartí los regalos. Tu hermana quedó encantada con los zapatos que le compró Carlitos, ves Carlitos sí tiene gusto para elegir regalos. ¡Cómo se alegró tu mamá con la pava eléctrica que le regalaron ustedes, sus hijas!. Yo iba sacando de la bolsa y cada vez sudaba más porque veía la expectativa en tus ojos y la bolsa se iba vaciando y tu ceño fruncido, aunque había todavía una chispa de esperanza porque la cajita de aros debía ser chiquita y tal vez pensaste que la tenía en el bolsillo.
No creas que me enojé cuando reclamaste tu regalo y sé que vos no te enojaste tanto por eso sino por mi explicación. Porque todo tiene una explicación en esta vida, sólo que no te gustó lo que empecé a decir, no me dejaste terminar porque empezaste a gritar, a decirme estúpido y otras cosas feas. Hasta Carlitos que es un buen tipo me dijo no podés ser tan boludo y ahí se armó la gresca: tu furia asustó a los chicos que se pusieron a llorar y sabés que cuando los chicos lloran a mí se me rompe el corazón. No me importó que me echaras ahí nomás, sí me importa que entiendas mi explicación y no rompas la carta antes de leerla.
El 23 yo iba con los trescientos pesos en el bolsillo camino a la joyería, sabía bien lo que tenía que pedir, cuando se me cruzó un vagabundo, era un hombre de mi edad con la ropa bastante vieja y un olor que vos no soportarías, seguro. Llevaba una bolsa y me dijo: Hermano aunque no lo creas, yo soy el hijo de Dios. Me quedé duro pero no dije nada. Papá Noel no existe, siguió. Yo asentí, siempre creí que eso era un invento importado. Cuando era chico el Niño Dios me traía siempre alguito, nunca me dejó con las ganas. Mañana tengo que llevarle algo a los chicos de la villa y no tengo plata, siguió, te pido que me ayudes. Era mediodía, estaba nublado, pero yo vi con mis propios ojos un aura, como un globo de luz que lo envolvía.
5 dic 2012
FRECUENCIAS PARALELAS de Carmen Nani
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| Cuento de Carmen Nani |
19 nov 2012
LA MUERTE SE ESCONDE EN CURUPAYTÍ Cuento de María Elena Garay
Yo no luché en esa guerra porque no fui convocado. No sé si el General Mitre habrá pensado que los curas somos unos inútiles o creerá que nos soborna dejándonos en la paz de los Conventos, cuando yo sí ardía en ganas de guerrear. Pero en su contra. O tal vez habrá leído en mis ojos que yo no derramaría nunca una gota de sangre de gaucho. Antes bien, escupiría en la propia cara de ese tal mister Thornton, que atizó las brasas de una guerra sin sentido.
Yo no fui, dije, pero los sucesos desencadenados a causa de esa guerra, me tuvieron sin sueño durante muchos días. Porque fui depositario de un secreto que me roía las entrañas, y que al mismo tiempo me llenaba de gozo. Ahora mi conciencia está limpia, después de sacarlo a la luz con el sudor de las parturientas, sólo que mi comadrona fue la imagen del Cristo de la Doméstica.
Todo comenzó cuando alistaron a mi amigo Benigno Honorato en la guerra contra el Paraguay. Y digo mi amigo, ya que a pesar de ser yo su confesor y quizás por eso mismo, conocí sus ideales y su hombría de bien.
El y su esposa Ana servían a una familia importante. No había otro jardinero como él. Todos envidiaban el amplio patio que se dejaba ver a través de la reja forjada en arabescos, en la casa de frente ocre con cenefas blancas. La casa de los Centeno. Allí crecían los mejores rosales, los claveles más perfumados y trepadoras aventureras. En más, se podía imaginar el follaje de los otros dos patios. En el segundo, en donde Doña Amalia pasaba largas horas sentada a la sombra de un árbol de magnolias frente a la gruta de la Virgen Dolorosa, todas las flores eran blancas: las azucenas, los lirios, las margaritas, los jazmines de lluvia, tal vez para consolar la negrura de su manto y su corazón atravesado por un cuchillo de plata.
Yo no fui, dije, pero los sucesos desencadenados a causa de esa guerra, me tuvieron sin sueño durante muchos días. Porque fui depositario de un secreto que me roía las entrañas, y que al mismo tiempo me llenaba de gozo. Ahora mi conciencia está limpia, después de sacarlo a la luz con el sudor de las parturientas, sólo que mi comadrona fue la imagen del Cristo de la Doméstica.
Todo comenzó cuando alistaron a mi amigo Benigno Honorato en la guerra contra el Paraguay. Y digo mi amigo, ya que a pesar de ser yo su confesor y quizás por eso mismo, conocí sus ideales y su hombría de bien.
El y su esposa Ana servían a una familia importante. No había otro jardinero como él. Todos envidiaban el amplio patio que se dejaba ver a través de la reja forjada en arabescos, en la casa de frente ocre con cenefas blancas. La casa de los Centeno. Allí crecían los mejores rosales, los claveles más perfumados y trepadoras aventureras. En más, se podía imaginar el follaje de los otros dos patios. En el segundo, en donde Doña Amalia pasaba largas horas sentada a la sombra de un árbol de magnolias frente a la gruta de la Virgen Dolorosa, todas las flores eran blancas: las azucenas, los lirios, las margaritas, los jazmines de lluvia, tal vez para consolar la negrura de su manto y su corazón atravesado por un cuchillo de plata.
4 nov 2012
"SOBREVIVIENTES" Premio Clarín Novela 2012, por Carmen Nani
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| Fernando Monacelli |
Para Fernando Monacelli la literatura también tiene la función de rescatar y reescribir la historia. Es lo que hizo en “Sobrevivientes”. A partir del hallazgo del cuerpo de un soldado del General Belgrano encontrado 25 años después de la guerra, su novela une los destinos de dos mujeres –la madre del conscripto y una periodista famosa– que se rescatan de una existencia que parece naufragar.
El escritor Fernando Monacelli, cuyo seudónimo es 'Lumo', con su obra "Sobreviviente" obtuvo anoche la décimoquinta Edición del Premio Clarín de Novela, el certamen literario más importante de Argentina, dotado de 150 mil pesos (30 mil dólares) de recompensa.
De esta edición del premio compitieron 526 manuscritos, en su mayoría pertenecientes a escritores argentinos, pero también enviados desde América Latina, Estados Unidos, Alemania y Noruega.
El jurado del Premio Clarín estuvo integrado por el español Juan Cruz, el peruano Santiago Roncagliolo y la argentina Claudia Piñeiro, ganadora de una de las ediciones del premio con su novela "Las viudas de los jueves".
Piel de Lechuza se compromete a comentar ésta novela que promete y mucho...
Hasta pronto...
Carmen
Piel de Lechuza se compromete a comentar ésta novela que promete y mucho...
Hasta pronto...
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