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17 feb. 2013

JUEGO DE ESPEJOS de Carmen Nani

No quiero entrar. Algo me dice que mi destino está en juego. Javier insiste divertido. Le atrae conocer su verdad en el salón de los espejos. A mí, me intimida. Sin embargo, soy la primera en entrar, sola. El famoso salón de los espejos, pienso al ingresar en un recinto azul que para mi sorpresa no tiene ángulos. Me paro en el centro y observo. No es un mismo espejo, aunque la similitud entre ellos es exacta y la unión imperceptible. Espejos rectangulares desde el piso hasta el techo que se apoyan entre sí como sosteniéndose. No tienen adornos. Son absolutamente lisos. Tanto misterio, y al final de cuentas son sólo espejos.
  - No, no somos sólo eso, la voz a mis espaldas me sobresalta. Giro asustada.
  - Tenés que entender, me veo hablar en la figura detrás de mí.
Soy yo, pero la imagen no me refleja. Levanto una mano y compruebo que la imagen no copia el movimiento.
 - No quiero seguir mintiendo.
 - ¿De qué hablás?, miro hacia la izquierda.
La voz viene desde allí. Me veo enojada en ése otro espejo que me increpa. Estoy por contestar algo, no se qué, cuando mi imagen anterior, la que está a mis espaldas, se me adelanta. 
 - Del amor. Porque en el amor, vale todo, contesto con mirada quimérica desde el espejo a mis espaldas. Me río el espejo de la izquierda.
 - ¿Qué mirás? Esta vez sí se dirige a mí.
 - ¿Acaso no juraste amar a un hombre y no dudaste en engañarlo con otro? Intento defenderme pero otra vez mi imagen se me adelanta. 
Esta proviene de un espejo sobre la derecha. 
- ¿Vos tenés idea de lo que sufro junto a un indiferente como Javier? 
- ¿Y eso justifica que tengas un amante?, censura mi imagen de la izquierda.
- Ustedes hablan por hablar, vuelvo a girar porque aparezco hablando en un cuarto espejo.
- Ustedes no son madre. Si lo fueran, sabrían que lo más importante son los hijos. 
- ¡No!, contesto desde mi primera imagen.
- Lo más importante es la pareja. No caer en la rutina. Mantener la magia… 
- Si claro, muy mágico; y aguantar su cansancio, sus silencios, su trabajo por encima de todo, interviene la imagen de la derecha. La de la izquierda aprovecha para sembrar cizaña. 
- ¿No será que ya no lo amas; que ya dejó de ser el hombre de tu vida porque apareció otro? - ¡No!, ahora es la imagen madre. 
- Javier es el padre de mis hijos, yo lo amo. 
- Pero te acostás con otro, retruco desde el espejo de la izquierda. Desde la derecha intento justificarme.
- Es que ese otro ... mi primera imagen sale en mi defensa. 
- Yo la entiendo, le devolvió la ilusión, afirmo con tristeza. 
- ¿Y qué tiene que ver la ilusión con la infidelidad?, sigo hostigando desde la izquierda. 
- Vivir con Javier es muy difícil. No me valora, me defiendo desde la derecha. 
- ¿Y tus hijos?, sigo fustigando desde la izquierda cada vez más enojada. 
- Ellos me valoran, contesto como madre. 
- Pero como mamá, no como mujer. Yo quiero salvar mi matrimonio, confieso desde mi primera imagen y tengo ganas de llorar. 
- Yo no. No aguanto más. Por eso me enamoré de otro, confieso incómoda desde la derecha. 
- Por mis hijos soy capaz de soportar la indiferencia, o que ya no me mire como mujer, sostengo desde el otro espejo y siento mucha angustia. 
- Son todas unas mentirosas. Ninguna le da a Javier lo que necesita, estallo desde la izquierda. 
- ¡Basta! ¡Hoy mismo le confesaré todo!, grito en el medio del salón. 
Me cubro la cara con ambas manos. Lloro. Las cuatro imágenes callan. No me atrevo a mirar pero el silencio es insoportable. Con miedo voy retirando las manos. Abro lentamente los ojos y nos veo: Muevo una mano y mi imagen responde. Me acerco al espejo y me copia. Me toco y mi imagen me toca. Detrás, las otras cuatro. Al final del espejo, Javier.

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