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31 dic. 2013

SI TE CREES GIL, UN GIL SERÁS, cuento de Carmen Nani

-      ¿Qué hacés?
-      ¡Me voy!
-      ¿Pero, a dónde?
-      ¿A dónde?  ¡No sé!  Pero que me voy, ¡me voy!
-      ¿Por qué?
-      ¡Porque me harté de que me agarren de Gil!


De un portazo Salerno se fue llevando sólo un par de mudas, algo de plata y eso sí, el auto.  Me van a agarrar de gil ahora, rumiaba mientras esperaba que el semáforo le diera paso.  Que Salerno dame plata, que me duele la cabeza, que estoy aburrida…  Desagradecida, pero se acabó.  Desde hoy, soy un hombre nuevo.  Para reafirmar lo que pensaba, aceleró a fondo y apenas el semáforo se puso en verde, salió picando.  ¡Cuánto hacía que no picaba! Claro como a ella no le gusta... y mientras disfruta del rugir del motor a máxima potencia, se siente libre, más que eso, poderoso, sí, invulnerable.
Después de dos horas de ir por la ruta ya mucho más tranquilo, casi feliz cayó en la cuenta de que tenía hambre.  Se detuvo en un cruce, donde había uno de esos carteles verdes con letras blancas, y ante la inmensidad de la tierra y la oscuridad de la noche sonrió. Cutralcó 1.200 Km. Suena bien; Cutrarlcó será, y enfiló hacia el sur buscando algún bodegón para comer, y pasar la noche si el cansancio lo vencía.  Después de media hora sin encontrar nada, escuchando música suave con el único inconveniente del crujir de su estómago, las luces a ambos lados de la ruta le dieron la pauta de que había llegado a un pueblo.  No le importó el nombre, lo único que quería era comer. Y comió hasta saciarse en el primer lugar que encontró.  A falta de otro mejor, decidió pasar la noche en el auto.
Al despertarse con las primeras luces del alba, lejos de amanecer cansado o mal dormido, experimentó una renovada sensación de libertad.  Lo único que le molestaba era la boca pastosa.  Buscó una estación de servicio, esas que parecen más un shopping ya que están provistas de todo lo necesario que un viajero puede llegar a necesitar; compró lo necesario para acicalarse y después, tomó un suculento desayuno.  Mientras tomaba el café con leche vio un cajero automático.  Sacó todo lo que le quedaba.  No le dejó ni un peso a su mujer.  Faltaba más, no te voy a dejar ni un peso.  Quería que sintiera su ausencia.  Cuando descubrió el celular debajo del asiento del auto, lo tiró al medio del campo.  Había cuatro llamadas perdidas:  lo había estado rastreando, sonrió con satisfacción.  Subió al auto y siguió su camino.
No tenía la intención de parar hasta la noche. Pero el hombre propone y Dios dispone.  Casi al mediodía distinguió un bulto en medio del camino.

27 nov. 2013

PERDIDA EN KODAK cuento de María Elena Garay

                                                                                                                   
                                                      A Eduardo y Roberto


"No es que no vuelva porque me he olvidado: es que perdí el camino de regreso"
 Joan Manuel Serrat"  

Decidí liberarme de años de adornos, floreros, cuadros, de mi preciada colección de campanitas y de cuanta artesanía trajimos de los viajes, el día que tuve que sacarlas para pintar el living comedor. Las embalé en cajas grandes de cartón, ahí siguen aún. Los muebles oscuros, nobles, lucen distintos en su obligada desnudez. Me gusta el ambiente así, espacioso, austero, como un reflejo de mi anhelo por dejar atrás pesos superfluos, llevar la vida sin tanta exigencia. 
El tapicero ha traído el sofá y los sillones; elegí una tela con flores color ladrillo subido para sustituir la pana originariamente mostaza que ennegrecieron los juegos de los chicos. Anduve bastante para encontrarla, quería justo ésta, lo sabía, aún al ver decenas de muestras muy lindas, de diversos colores y tramas. Me sorprende el pensamiento ¿por qué este color? y me traslado a los sillones de la casa de mi niñez: una tela satinada con flores opacas color ladrillo. Una asume que la libertad discierne pero el inconciente dicta, la memoria escribe con palitos de limón sobre papel, caracteres invisibles que aparecen al calor de la llama.

Impresionada, voy a la mesita de mármol con los retratos de mis hijos, mis nietos y una foto que, por instinto sobrevive: en blanco y negro, los tres hermanos. Subo al automóvil, voy a buscar a mi nieto Lauti al colegio. La foto: tengo siete años y estoy sentada en un sillón con mi hermano Roberto, de cuatro; en un apoya brazos, Eduardo, de nueve. Estos niños ahora tan serios ante el hombre que ha traído papá para sacar la foto, a la mañana han disfrutado a su manera. Ahora estamos distintos, bañados, con nuestras mejores ropas.
Los varones tienen pantalón corto y suéter escote en V aunque Eduardo luce además, corbata. Roberto parece Popeye: mamá dobló las mangas de su camisa en las mangas cortas de la lana. Lo mismo hace conmigo cuando llena de pliegues mi blusa y casi no puedo doblar los codos. Pero hoy tengo un vestido azul marino con guardas blancas bordadas en el canesú, la pollera y con cuello de piqué blanco. Eduardo muestra sus rodillas oscuras, percudidas de tanto caerse de su carro de rulemanes por la bajada que da a la Ruta Nueve. Es que él anda en la calle todo el día, tiene amigos que no conozco del otro lado de las vías del tren y nos peleamos mucho. Yo acuso, mi arma más filosa es la palabra, por Dios sé tocar puntos muy sensibles; hasta mamá, cuando se enoja conmigo me dice altanera, yo no sé qué quiere decir eso pero me gusta, tiene un dejo a aventura en el mar. Roberto es mi compañero de juegos: él maneja sus autitos y yo acuno a mi muñeca Raquel. También sé hacer pozos en el fondo, en el patio de los frutales; los cubro de ramas y hojas y lo llamo. Río mucho cuando cae en la trampa, es pequeño y lo hace una y otra vez. Igual tengo que tener cuidado con sus patadas, suelo tener mis canillitas hechas un solo moretón. 
Papá cambió la ubicación del sofá y los sillones. Nos sientan en una esquina. De un lado se ve la ventana con cortina de voile color manteca, bandó lateral y taparrollos de brocato con arabescos. Del otro, en la pared de la chimenea, hay una sombra: un nicho que guarda la imagen del Corazón de Jesús y el florero de cristal con virola dorada, regalo que le hicieron a mamá para el día del maestro. Por esa misma pared, a la izquierda de Eduardo, sí se ve la chimenea de ladrillo visto y tiraje enyesado, la repisa de madera lustrada, aunque no salen los apliques de bronce con caireles como lágrimas. 
 Es sábado a la siesta, lo sé porque papá no trabaja hoy y porque desde los cuatro sé leer, contar, los días de la semana y los meses del año aunque todavía no puedo aprender la hora. Estamos en primavera (corro al fondo y miro las flores del durazno y el ciruelo), el frío no se ha ido del todo aunque no es el frío cruel de julio cuando nos llevan al desfile, además puedo usar este hermoso vestido sin camperita encima. 
El lunes la señorita Betty me llevó al centro a tomar un helado y a la Casa Tía. Cómo me gusta ir ahí, todos los juguetes están a la altura de mis ojos ¡y dijo que eligiera uno! Me enamoro de dos sillitas de plástico celeste con patas hamaca color negro; ella insiste: una muñeca, algo mejor, pero me quedo con las sillitas. La señorita Betty es mi maestra, mamá es la vice directora de la escuela, y se enojó conmigo pero yo no tengo la culpa que ella insistiera. Corro a mostrárselos a Vivi Cortez primero y después a Nicolasa. A Nicolasa le gusta el vecino de al lado, él tiene dieciséis, pero es un secreto. De vez en cuando papá y mamá van al cine de noche, entonces nos dejan a los tres en la cama grande; Nicolasa trae su colchón al lado. Ella abre la ventana y conversa con él y si decimos algo, cuando apagamos la luz nos asusta con la Mercedita, que vendría a ser la policía. Creo que Eduardo no se asusta pero es el que primero se duerme. 
 Detrás de la ventana con cortina de voile, taparrollo y bandó de brocato hay un día luminoso; corro la cortina y espío: los rosales de pie que plantó papá en el jardín han dado flores colorado oscuro, por detrás veo el muro bajito con reja y ligustros que lo separa de la vereda, y los paraísos llenos de flores color lila. Sí, definitivamente es primavera. Y es la hora de la siesta: no hay chicos en la calle de tierra ni en los baldíos de la manzana de enfrente. 

5 sept. 2013

GOLAZO DE METEGOL

"Metegol", un folme de Campanella 
Cuando nos sentamos en la sala del cine con los anteojos para ver en 3D, me pregunté “¡¿Qué estoy haciendo, un sábado por la noche, con mi marido dispuestos a ver una película de animación?!” Pero cuando salimos, experimenté una sensación, que salvo por la elección del Papa Francisco, hacía mucho que no tenía: orgullo argentino. Sí, me sentí orgullosa. Campanella, una vez más, ”El secreto de sus ojos” será inolvidable, me había sorprendido con una película formidable: “Metegol”. Desde la puesta en escena, hasta los personajes; Desde la calidad de la producción hasta la historia narrada, todo me pareció increíble, real, y muy movilizador. La revista Criterio hace un comentario que quisiera compartir: 
Un detalle a tener en cuenta para una mayor valoración de la obra: Campanella nunca había hecho un dibujo animado. Supo rodearse de los mejores, aprendió, proveyó a que los mejores crearan escuela entre nosotros, formó un ejército de animadores, les inculcó su espíritu, hizo que todos se tomaran su tiempo, y el resultado es una joya original de alto nivel técnico y gran nivel de entretenimiento, la primera de semejante calidad que se hace en todo el mundo sin participación de los Estados Unidos 

Una joya… verdaderamente una película preciosa que cuenta la historia de Amadeo. Vive en un pueblo pequeño y anónimo. Trabaja en un bar, juega al metegol mejor que nadie y está enamorado de Laura, aunque ella no lo sabe. Su rutina sencilla se desmorona cuando Grosso, un joven del pueblo convertido en el mejor futbolista del mundo, vuelve dispuesto a vengarse de la única derrota que sufrió en su vida. Con el metegol, el bar y hasta su alma destruidas, Amadeo descubre algo mágico: los jugadores de su querido metegol hablan ¡y mucho! Juntos se embarcarán en un viaje lleno de aventuras para salvar a Laura y al pueblo, y en el camino convertirse en un verdadero equipo. Pero, ¿hay en el fútbol lugar para los milagros? Si no lo hubiera en el fútbol, la encontramos definitivamente, en Campanella y su equipo.

Nostalgia, también experimenté una profunda melancolía por aquellos días en los que la única diversión era jugar al metegol. Sin hacer molinetes, generalmente en parejas, nos pasábamos las horas creyéndonos los mejore jugadores, aún siendo chicas; un placer que ojalá a partir de ésta película, puedan disfrutar los chicos de hoy. 
Pero volviendo a los protagonista: Amadeo, y a su equipo de jugadores del metegol, me detengo para descubrir que ya existía Amadeo en las páginas de los cuentos escritos por Eduardo Sacheri, uno de los guionistas. Si bien el guión está basado en "Memorias de un wing derecho" de Roberto Fontanarrosa, Eduardo Sacheri, que trabajó con el director en el guion de “El secreto de sus ojos”, estuvo a cargo de la adaptación junto a Campanella, Gastón Gorali y Axel Kuschevatzky Sin embargo, Sacheri, ya había escrito varios relatos, cuyos protagonistas se fueron perfilando y personificando hasta cobrar vida en “Metegol”.

17 ago. 2013

A LA DERIVA - cuento de María Elena Garay

 El portazo y su cuerpo entrando a cuarenta y cinco grados. Superpuestos como ella había hecho. Se estabiliza unos segundos y antes de emerger abre los ojos, ve la aspereza del suelo pintado de celeste. Sale apenas para tomar aire, se sumerge nuevamente, estirada. Mira la punta de sus dedos, y como ante un puntazo hirviente en el centro de la espalda, encoge brazos y piernas, toma envión. La cabeza sube y entra, la visión acotada por los bordes de las antiparras. Repite la maniobra automáticamente y avanza. Sólo el murmullo de su respiración la acompaña, inspira por la nariz, expira por la boca produciendo miles de pequeñas burbujas como una nube. Quiere recordar el rostro del hombre mayor, no lo logra. Sólo su torso atlético perlado de sudor acercándose, las costillas marcadas. Llega a la punta, da una vuelta carnero, sus pies hacen palanca y sale disparada en dirección contraria. Quiere nadar hasta que la respiración se corte. Va y viene. Siente un golpe en la cabeza, seco y enérgico. Perdoname fue mi culpa, dice un muchacho a su lado. Ella sabe que es así, él se ha cruzado de carril pero dice no, fue culpa mía, le sonríe y sigue. Es mi culpa se repite varias veces. Aunque no lo dijo cuando Pedro supo de la existencia del hombre mayor. Lejos, varios chicos patalean tomados del borde, produciendo una espuma blanca como el velo que Pedro levantó para besarla. De no haber sido por el manotazo, no hubiera visto a los chicos, tampoco pensado en ese día. Hacía mucho que no pensaba en ese día cuando conoció al hombre mayor. Hace veinte piletas y se apoya parada contra la pared, los brazos abiertos en cruz. El agua se ondula como la arena del desierto produciendo reflejos cambiantes. El olor a cloro es potente. Hay poca gente ese día. Les gustaba la pileta con poca gente. Aunque Pedro le llevaba ventaja se juntaban de a ratos en la orilla a descansar, como ella lo hace ahora sola. Piensa en otra cosa, algo nuevo, extraño, en la pared blanca del consultorio en el que ha estado hace dos horas. Recuerda que se dijo que no iba a parar y sigue en otro estilo. Va rompiendo el agua en un hilván. Deja asomar la cara rítmicamente a un lado, dos brazadas adentro, al otro lado. Brazada doble, le había enseñado Pedro; le costó bastante. Claro que Pedro entrenaba todos los días para el equipo y la acompañaba sólo algunas veces por semana en otro horario. Se cuida de conservar su lado del carril, a la derecha de la línea negra que lo divide temblorosa. Pedro sosteniendo la copa con sus compañeros de equipo al lado y los aplausos. Ella aún no sabe nadar ni lo conoce. Hace mucho tiempo. Se detiene de nuevo en el borde, ve la punta de sus pies pálidos y el vientre chato. Se deja estar boca abajo meciéndose a la deriva, abandonada como los restos de un naufragio. A los costados pasan siluetas desleídas. Trata de aguantar, de pronto la explosión, inspira profundo. Ahora, de espaldas, mira el tinglado de aluminio de la cobertura. Atrás, desde el pilar, alguien se tira de cabeza y la salpica; entonces tose y se incorpora. Mira el grupo de chicos, la profesora les hace recomendaciones que ella no escucha porque están lejos, en el primer andarivel. Los chicos no molestan, hay muchos y los nadadores como ella sólo usan los tres últimos. Van y vuelven por la derecha de la línea negra que divide temblorosa cada carril demarcado por cuentas enhebradas en una cuerda. Ahora se da impulso de espalda y bracea. El brazo en alto entra perpendicular a la superficie marcando un círculo por debajo mientras el otro ya ha salido para forjar la misma parábola. Las piernas ayudan, el pataleo firme. En medio del techo, un gran ventanal de polipropileno translúcido deja entrar la tenue luz del sol. En verano esa ventana se abre y el sol cae a plomo sobre los cuerpos dorados de ella y Pedro. Juegan a hacer sombra, tomados de la mano. La ventana anuncia la mitad del recorrido, igual no es posible chocar en la punta porque tres metros antes, arriba, una cuerda con banderines atraviesa la pileta. Si uno nada boca abajo, a la misma altura, la línea negra forma una T. Sólo quedan tres o cuatro brazadas para llegar. Algo le hace cambiar de posición: ahora, boca abajo, se desliza hasta la pared. Antes de llegar se insinúa una silueta, con una maniobra del pie izquierdo tuerce el recorrido para no chocarla. Alcanza a ver las piernas, saca la cabeza, se quita las antiparras empañadas. Pedro. Tras el asombro, ella quiere decir tantas cosas, lo mira y sólo dice: Volvé por favor. Él, con rápidas brazadas llega a la escalerilla y a punto de subir, se escurre el pelo, sacude la cabeza. Ella alcanza a divisar las pequeñas gotas que caen, uno y otro pie sosteniendo los gemelos marcados sobre los escalones. Pedro, amado Pedro. Se hunde queriendo sentarse, el agua la levanta; quiere acostarse, yacer en el fondo, el agua la levanta. En cada inspiración vuelve el portazo. Pedro yéndose. Un mes y medio, una eternidad. Floja, da vueltas hecha un ovillo, cada tanto sale a respirar, la superficie es un plano inclinado, desparejo. Se deja estar en la sábana envolvente del agua, ingrávida, igual que, imagina, el pequeño hijo de Pedro que ella sabe desde hace dos horas, hace lo mismo en sus acogedoras aguas. Luego flota estirada mirando el techo del tinglado que lagrimea gotas condensadas, mira cuando una en particular se desprende, sigue su recorrido e intuye que ya está mezclada con el agua, la de la pileta, la de sus propias lágrimas. MEG julio 2011

25 jul. 2013

"THESION. La isla del laberinto"

THESION. La isla del laberinto
de Amanda Tomalino
El día del amigo, es una fecha que debe ser celebrada a lo grande. Pata de Cabra llegó a Villa María de la mano de Amanda Tomalino y de su obra Thesion, La isla del laberinto para festejar un encuentro de amigos, amantes del arte. Fue un día del amigo distinto, rodeados de pinturas, música y baile, y embriagados por el mágico poder de la palabra compartida. ¡Gracias Amanda, por tu generosidad, calidez y humildad!, y gracias también a todos los que hacen de ese café literario, un lugar donde los duendes de la fantasía cobran vida para darnos la posibilidad de vivir, por unas horas, una tarde de cuento.



"Este pasado 20 de julio del 2013 se celebró, en Rigoletto Café del Teatro (Villa María), una nuevo encuentro del Café Literario "Mentiras Que Valen la Pena". En esta oportunidad, las organizadoras Griselda Rulfo y Lola Massetti, presentaron en este ciclo a la escritora Amanda TOMALINO (San Marcos Sierra), quien acompañada por la actriz Luz NANI (Córdoba), presentó su libro de poemas "Thesion. La isla del laberinto". Luz Nani volvió a conmover todos con sus magníficas interpretaciones, en una de las cuales, para sorpresa de todos, lo hizo acompañada por su hijo Santiago.
Por supuesto, no faltaron las lecturas de cuentos y poemas de los asistentes, tanto locales como amigos que se acercaron de ciudades vecinas.

Entre ellas Carmen Nani leyó su poema "La Espera" y el cuento "Cena Prometida", de su libro de cuentos La espera, ediciones del Boulevard. Pata de Cabra, Âlaya Editorial, también se hizo presente a través del sorteo de ésta novela, que se sumó a la una cantidad muy importante de hermosos premios.


                                                              

AMANDA TOMALINO
"En esta casa vacía
he juntado mis miedos.
Soy un animal
en el copioso barro
de los días,
parecido a una mujer
que pacta con su sangre"
-----------------------------
"Como él
imagino el salto del tigre
que me permita volver,
desgarrada y fragante
a mi guarida"


¡Y Vamos por más!
Hasta pronto,

Carmen

25 jun. 2013

PHYSIC DU ROLE - cuento de María Elena Garay

No me gusta andar siguiendo a nadie ni que me sigan, conste. Pero qué hay que hacer cuando una va caminando apurada por la calle, casi corriendo porque el colectivo de las doce y media ya está por llegar y de pronto se cruza una mujer idéntica a una. Y para colmo vestida como se hubiera vestido una: nada de vestido, vaqueros y camisola de algodón. Celeste, medio desteñida la camisola como la que vi un domingo en la feria de las artesanías y yo que no tenía un peso encima; recuerdo que pensé que ojalá que no la comprara nadie así la llevaba yo el domingo siguiente; seguro la compró ésta.
Volver sobre mis pasos, eso hice para verla de frente de nuevo a esa mujer con mi misma cara y mi ropa preferida. Caminaba como mirando vidrieras pero no las miraba, se notaba cansada y si bien no traté de ocultarme estoy segura de que no me vio. Yo había escuchado la teoría de que todos tenemos un doble, cosa que siempre me pareció absurda porque con el descubrimiento de las huellas digitales y el ADN ya se sabe que cada uno es único. Pero era interesante la teoría, más habiendo visto con mis propios ojos que existía una mujer parecida, qué digo, igual a mí.
 A ver a dónde va, me dije, aún sabiendo que perdería el colectivo de las doce y media y comencé a seguirla. Ella parecía no tener apuro (o estaba muy cansada) y una pensando que Daniel se preocuparía por la tardanza y los chicos andarían rondando por la cocina en busca de los olores del almuerzo. Cuando ella cruzó la General Paz, yo pisándole los talones, me vino la revelación, todo en un segundo: no era mi doble, que en eso definitivamente no creía: era mi hermana melliza.
Es increíble la fuerza del inconciente, desde el primer momento supe que era ella y me distraje con las elucubraciones del doble y la falsa sorpresa, para no caer en la cuenta de que sí, era Myriam. Ahí pensé que lo verdaderamente sorprendente era que estuviera en la calle y no en la Casa de Descanso (vaya con los eufemismos) a la que religiosamente la vamos a visitar domingo de por medio con Daniel, desde hace siete años.
Pobre Myriam, tan hermosa, y perdón por la falta de humildad porque somos idénticas, por fuera nomás gracias a Dios; desde chiquita fue tan teatral, como todos los chicos jugando, por supuesto, pero más pasional diría: era la Mujer Maravilla o el Principito y se posesionaba de tal forma del papel que era inútil pedirle que se lo dejara a una un ratito.
Qué hago, pensé y no atiné a otra cosa que seguir tras ella, seguramente cuando le contara a Daniel él sabría qué hacer y supo qué hacer apenas se lo dije, después de preguntarme diez veces si no me había equivocado. Pero Myriam siguió de adolescente con esa tendencia a la fabulación y el doctor Moretti dijo que eso ya no era cosa de chicos, que tal vez el cambio hormonal había alterado su percepción de la realidad. Conste que yo nunca pensé que fuera para tanto aunque me hiciera cosas feas como odiarme ferozmente cuando conocí a Daniel; sus razones tenía: era Ana Bolena y el pobre Daniel, qué papelón se ve que me quería nomás, tuvo que aguantar que ella lo llamara “amado Enrique”. Ahí tuve que explicarle que se trataba del rey Enrique VIII y tal vez ella lo hubiera dejado de molestar si alguno de nosotros hubiera sabido cómo terminaba ese romance (el del rey y Ana).
Si vivieran papá y mamá no podrían creer que después de todo lo doloroso que pasaron, (porque internar a una hija no es nada fácil, un desgarro fue) ella estuviera caminando como si nada por la calle porque curada, pobrecita, no está si los últimos meses se ha creído Juana de Arco. No, nunca nadie común: sólo heroínas, bellas, deseadas...
Y el colmo: dobló por 27 de abril, y se detuvo en la parada del cincuenta ¡mi colectivo!. Entonces iba a mi departamento ¡acordarse de la calle Los Incas 235, 4° B!, no se cómo pudo porque si bien la llevamos varias veces a casa, no se la vio nunca interesada en el recorrido. Subimos al de las doce y cuarenta, las dos paradas; yo, casi escondida detrás de los brazos de un gordo, nunca se sabe con Myriam. Así, los veinte minutos hasta el barrio.
De pronto me figuré a las dos entrando juntas, a Daniel que no entendería nada y vaya a saber con qué venía Myriam. Debo confesar con vergüenza que también pensé que Daniel podría confundirla conmigo y no señor, ella se ligaría el beso de bienvenida que es exclusivamente de una. Entonces me dije: tengo que advertirlo y así como así, me bajé en la ruta y corrí bajo ese sol infernal las tres cuadras de tierra que dan a la esquina de casa, mientras Myriam daba toda la vuelta que da el colectivo por el barrio hasta llegar a la misma esquina. Fue entrar y largarme a llorar, tanta fue la presión, contarle rápido todo a Daniel; que ya estaría Myriam por tocar el timbre.
 - Tranquilizate, cariño- me dijo.- Yo sé tratar a tu hermana.
Me trajo un vaso de agua.
- Puede haber hecho un desastre, mirá que escaparse- le dije.
 - Es mejor que te recuestes un rato. Yo me ocupo : llamo a la Casa de Descanso para que la vengan a buscar.
Cómo amo a mi marido, con dos o tres frases aquietó el maremoto de mi cabeza, ya no sabría cómo vivir sin él. Y también ver a los chicos tan sanos, le vuelve el alma al cuerpo a una.
- Papi, ¿cuándo comemos? – dijo Marcelita. Está un poquito mal educada esa nena , no saluda como antes.  - Luego, mi amor. Comete una banana que mami ya servirá la comida- dijo él.
 Dicho y hecho, a los cinco minutos llegó Myriam. Ni qué decir que yo no podía descansar; traté de escuchar por la puerta entreabierta de la habitación. Ellos hablaron bastante en la cocina; sólo escuché “llamaremos a la Casa de Descanso” y la verdad es que ella se lo tomó muy bien, ni escenas ni llantos, es sorprendente Myriam.
Después él habló por teléfono; ella, lo supe por los ruidos, tranquilamente tomó un refresco con soda, sacó algo del freezer y lo puso en el microondas.
Ahora por fin Daniel está conmigo en el cuarto, hablamos de cualquier cosa, nos reímos y él me dice “¿bajamos al jardín, cariño? Y no me importa el calor, sólo sentir su brazo acogedor sobre mi hombro. Por la ventana ya se ve el auto de la Casa de Descanso. Pobre Myriam, en instantes subirán a buscarla.

23 may. 2013

"PATA DE CABRA" SEGÚN JOSEFINA TREBUQ

PATA DE CABRA es el resultado de muchos  esfuerzos compartidos, de apuestas amorosas sin pagare o garantía, postas de confianza y generosidad. 

Contó además con la colaboración desinteresada de “grandres” como Cristobal Reinoso-Crist-María Teresa Andruetto, Daniel Diivinsky, Raúl Aliaga, Angelina Covalschi, Luz Nani, Lucía Benites, María Teresa Ceballos, Liz Kent, “Puchi”, Carlos Lista, y fundamentalmente con el profundo e incondicional amor de mis hijos y mi esposo. 

PATA DE CABRA desafió a Liz Kent, quién venía amasando su propia idea.  Liz aceptó el desafío.  Âlaya editorial es la respuesta contundente de alguien que confió, sin paracaídas.
Después de lo vivido esa noche, cobijados en el mágico ambiente de la Biblioteca Popular Velez Sardfield, el cálido recibimiento sus anfitriones, la mirada atenta de Sebastián detrás del obturador de su máquina de fotos, la presencia de tantos amigos, y por sobretodo, con el apoyo incondicional de nuestros seres queridos, seguramente Liz, no necesitará de un paracaídas, y PATA DE CABRA se irá abriendo camino.


El primer el gran acierto de esta novela, intensa, es su título. Basta leer, escuchar “Pata de Cabra”, para encontrarnos por asociación, inevitablemente sumergidos en una atmósfera de infamia y magia. “Abracadabra, pata de cabra” y la certeza de que todos los límites pueden superarse, nos invade. “Abracadabra, pata de cabra” y nadie podrá seguir siendo el qué, hasta entonces era. “Abracadabra, pata de cabra” y dos más dos ya han dejado de ser cuatro… Con estas palabras, Josefina Trebuq, sedujo al público con un análisis exquisito, profundo y meticuloso de la novela PATA DE CABRA. Este clima, conviene, además- y quiero subrayar la astucia, desde el punto de vista de la escritura de la novela- a esa artesana de las palabras que es Carmen Nani: la habilita a dar luego esa pirueta loca o salto mortal de pasar del realismo, que de todos modos impera con crudeza en el relato, a lo fantástico cotidiano. Desafío nada fácil en una novela. Naturalmente acorde y típico de un cuento en cambio, género en el que Cortázar lo experimenta magistralmente. Trabajando en la novela como un mecanismo de relojería, Carmen Nani sale igualmente victoriosa….

Al leer la devolución de Josefina, aparece cada vez con mayor claridad la razón que imperiosa, irrefrenable, impone a cada autor la necesidad de publicar su obra: el acto de escribir, de crear con la palabra, termina sólo cuando lo escrito es leído por otro. Cuando el que lee, descubre aquello cuya existencia, el autor estaba muy lejos de imaginar.

Un segundo golpe de gracia temprano, nos lo da el epígrafe de Luis Galeano: “Los espejos están llenos de gente, los invisibles nos ven….” Como “Alicia en el país de las Maravillas”- a quién éstas nunca le resultaban “maravillosas” sin “aterrorizarla” simultáneamente, Lucía, la protagonista de “Pata de Cabra” sacudida por un hecho de proporciones brutales para ella, empieza a sumergirse en una especie de calidoscopio mental, en mil rostros suyos, y de los que le dieron origen y la rodean, todos desconocidos, reveladores, desestructurados, y a la vez, clarificadores…. Lucía tan emocionalmente aguda y excesiva como su imaginación y su capacidad de ver la realidad, que los demás no captan ni niegan. Si me preguntaran qué me llamó más la atención de la novela debería decir que su valentía. Y no porque Lucía ande aventurándose por sórdidos arrabales, ni se involucre en negocios turbios o viva desopilantes e incontrolables aventuras eróticas. En esta novela, imperan los espacios cerrados: el auto-la casa-una clínica…. Y lo doméstico es primordial. Lo que sucede, para nuestro bien, es que Lucía tiene una mente libre, a imagen y semejanza de Carmen Nani, supongo. Es capaz de ver y de decirse todo, en el único plano verdaderamente peligroso: el de las relaciones que nos constituyen en personas. No estoy haciendo un elogio menor. De Shakespeare se dijo de que fue la mente más libre y valiente del mundo…. ”Pata de Cabra”, el mundo interno femenino y las interacciones primeras que nos marcarán de manera indeleble, incluso en como luego nos relacionaremos en el plano social. Así como en la familia, será en la sociedad, se podría afirmar casi tajantemente. 

En este punto me detengo, releo el párrafo y celebro que lo que intenté transmitir fuera tan claro para Josefina. A mí descubrirlo, me tomó mucho más tiempo… 

Desde una lectura “Junguiana”, creo que la novela relata la elaboración de la CRISIS DE LA MEDIANA EDAD… en ese momento-Jung hablaba del “demonio del mediodía”- cuando la luz es tan cruda que podemos ver cada detalle en sus luces y sus sombras. En que adoptamos a nuestra SOMBRA –en lenguaje junguiano- como parte inevitable de nosotros mismos y, por ende, todo se vuelve ambivalente y contradictorio, empezando por nuestra identidad y nuestros sentimientos. Algo… una “niebla” se ha levantado para siempre: la negación propia e inherente a la adolescencia que nos permite la energía puesta en el actuar para construir y dominar el mundo. Ahora la perspectiva cambia, las idealizaciones caen con ruido, y tenemos incluso, que re-enfrentar nuestras tempranas desilusiones y primeras frustraciones, a fin de convertirnos en aquellos seres maduros y luego ancianos, capaces de ser felices y de sostener a las nuevas generaciones en lugar de destruirlas con nuestro resentimiento y nuestra envidia. Extraña paradoja la que plantea simbólicamente esta novela:

6 may. 2013

PRESENTACIÓN DE LA NOVELA °PATA DE CABRA° de Carmen Nani

FRAGMENTO....

Cobijo entre mis brazos a este hombre que se me ofrece desnudo, absolutamente vulnerable. Le acaricio el cabello. Lo dibujo con la yema de los dedos. Ahora duerme tranquilo, sereno, inofensivo. Ha quedado quieto el deseo. Sólo me une a él la ternura y el saberlo tan carente de afecto como yo. Lo siento respirar sobre mi pecho, tan mío, buscando aún en sueños mis caricias. Es como un gato acurrucado en los brazos de la persona en quien confía. No desconfía de mí. No sabe de mis remordimientos, ni de mis debates entre este hombre que ahora me cautiva, me consume, y ese otro que por momentos me amedrenta hasta el miedo más íntimo. ¡Cómo logro eternizar este momento, atraparlo en el tiempo! Conservarlo así, débil, frágil, sin una sola de sus máscaras. O la que tiene ahora es otra, la más perfecta, la más cruel. Con la que me domina, o por lo menos pretende hacerlo. Eso me confunde. Me corroe, me subyuga, me recorre entera. Y sin embargo, se adueña de mí. Me posee aún sin poseerme y excita a esa otra Lucía que no se deja tiranizar. Que goza de él de la misma manera que él la disfruta. Que lo seduce, que lo lleva lentamente a la pérdida total de la conciencia. Mis manos, sus cadenas. Mi cuerpo, el cepo que se yergue enardecido y lo sojuzga. En ese momento, cuando el placer es casi un asesino, yo soy la que somete. Eterna lucha entre el macho y la hembra. El de domesticar y ser domesticado. Después, la calma y este hombre que queda a mi merced.

22 abr. 2013

NO DESCREERÁS EN VANO cuento de Maria Elena Garay

 Mujeres grandes haciendo de mocosas. Eso somos una vez al año, cuando nos juntamos las compañeras de la promoción. Siempre nos reímos de las mismas cosas, como cuando Marce le robaba el sello al padre que es médico para justificar una chupina o cuando Martita y yo abrimos el champán que la monja guardaba para la fiesta de graduación, lo tomamos y metimos agua en la botella. Pero la monja las pescó y les puso amonestaciones salta una y ahí empezamos a recordar la maldad de esa monja, por Dios, se creía un general al frente de su tropa. Confieso que tomamos bastante y ese día todas las gorditas abandonamos el régimen porque los bocaditos y las empanadas de La Costanera son irresistibles. Sobre todo, tomar. Inés Laserna, que siempre pone la casa, tres años antes sacó un licor azul, Curazao de Cusenier, bastante dulzón. Desde ese día lo mezclamos con un chorrito de Paso de los Toros y festejamos el invento: el Orgasmo de Pitufo. Ya es un clásico en la reunión, bastante fuerte como para motorizar la adrenalina; después bailamos todo: rock, cuarteto, cumbia. Es una ceremonia de liberación porque sabemos que al día siguiente hay que retomar la vida de siempre: Martita vive muy ajustada con su sueldo de docente, Marce con su problema de diabetes, Cuqui levantándose al alba para escribir su columna en el diario, etc. etc. Nos ponemos al día con nuestras historias: Mimí cuenta de su nueva pareja y dice que todos los hombres son unos forros, Inés que sigue de pica con la suegra; creo que esa noche "el infierno está encantador".
Esta vez Liliana nos aconsejó una tarotista que es una maravilla, te adivina el futuro, dijo. Cuqui le contestó me extraña, eso estaba bien para adolescentes, pero creer ahora en esas cosas, loca…Se armó la discusión. Qué raro: la mayoría pensaba que eso funcionaba; Marisel explicó: tenemos una energía y cierta gente la puede ver. Ahí salté yo desacreditando la onda new age, no me va, es un negocio al que la gente adhiere por necesidad de creer en algo. Martita acotó que la autocuración de Louise Hay existe, sólo hay que creer que uno está bien, y si se lo repite, se convence y realmente está bien
. Y vos que opinás, le dije a Graciela Iparraguirre que estaba muy callada. Yo me resistía a creer en esas cosas pero ahora no sé; mi papá…dijo, y se largó a llorar. Graciela siempre fue muy tímida y sensible. No puede tener hijos y hace ocho meses murió su viejo, al que adoraba. Yo la abracé y de a poco, el lorerío se fue acallando. ¿Qué había pasado? Disculpen, este tema me recordó lo que le ocurrió a mi papá. Todas habíamos estado en el velatorio y sabíamos que el Vazco era un hombre fuerte y sano, que de pronto le dio un paro cardíaco en plena calle. Le traje un vaso de agua. Graciela, más calmada, continuó: él me contó que hacía un tiempo unas gitanas lo habían abordado cuando iba camino a su trabajo, en el Centro Cultural de San Vicente, no lo dejaron seguir, viste cómo te acosan. Es cierto, pensé, cuando las veo me cruzo de vereda, les tengo miedo. Graciela siguió: una de ellas le anunció que iba a encontrar una sota de oro cortada por la mitad, en el suelo; que la alzara y se la llevara al predio del viejo mercado de abasto. Qué habrían hecho ustedes, preguntó. Martita lanzó: las gitanas son unas chantas, lo prueba el hecho de que lo citaron en la carpa, ahí entre todas lo desplumaban. Qué verso, saltó Marce, ni que te pasés la vida mirando al suelo, vas a encontrar medio naipe. Pero mi papá lo encontró. Iba cruzando la plaza Urquiza, había mucho viento y tierra, era agosto; entre papeles que volaban mezclados con bolsas de nailon y etiquetas de cigarrillos, vio pasar la mitad de un naipe. ¿Era una sota de oro, preguntó Cuqui? Él me contó que no alcanzó a ver bien, pudo ser un caballo o un rey. Mirá qué casualidad, murmuró Marce. No es casualidad, había una predicción, no se olviden dijo Liliana. Intervine yo: ninguna casualidad, hay tanta basura en la calle que con una ráfaga encontrás hasta preservativos. Pero entonces no lo alzó, apostó Cuqui. ¿Mi papá corriendo tras un pedazo de cartón?. Cuqui suspiró con alivio: tu viejo no comía vidrio, ya sé. Ojalá lo hubiera buscado, se lo llevaba a la gitana y por unos pesos se acababa todo, contestó Graciela. Ché Iparraguirre, vos estás mal del coco ¿no?. Todas miramos a Mimí con desaprobación. Graciela se fue al baño. Nos quedamos calladas. Bueno, bueno, esto se ha puesto muy pesado, dijo Inés, juguemos al dígalo con mímica. Es cierto, faltaban los juegos.

19 mar. 2013

LAS CRIADAS Cuento de María Elena Garay

Danae y los perros. Óleo de Alpizar González
Fueron estas manchas tan temidas las que me revelaron que todo cambiaría. ¿Tan ciega puede estar una para creer que el amor es eterno?. Recordá siempre chiquita, hoy es tu turno, el tiempo te relegará al olvido. Resuenan todavía en mis oídos las palabras de don Jorge: Gringa, traje una negrita para que no te aburras. Qué contenta me puse, ya no estaba mi madre ni doña Catalina y sabe Dios que la casa me quedaba inmensa. Te adopté chiquita, mis días reverdecieron con tu ternura, tu inocencia. Después creciste tan rápido como en un sueño y dejaste de ser mi hija, fuiste mi hermana. Todos se paraban a admirar nuestra belleza: vos, esbelta con ese pelo renegrido enmarcándote la cara y yo, con la robustez que demuestra carácter y sí, mi pelo rubio claro, sedoso y largo escondiendo mis pocas canas. Cocientes de nuestra hermosura nos hacíamos ver juntas, bastante vanidosas por cierto, hasta recuerdo miradas maliciosas, pero lo importante era nuestra amistad. ¡Vivimos tantas cosas!
 Después de un accidente, llegó otro período feliz ¿te acordás?: decidimos recuperar el tiempo perdido, ¡a beberse la vida de un solo sorbo! Salimos a trotar al parque, a vagabundear por todo el pueblo, jugábamos a estar perdidas, no nos importaba el aspecto ni la higiene; hasta don Jorge sonreía moviendo la cabeza como diciendo no tienen remedio. En ese tiempo apareció Gastón. Con sólo mirarlo me enamoré y vos lo entendiste, te apartaste. Nos vuelve bobas el amor, no paraba de pensar en él. ¡Y le gusté! Mis salidas ya no fueron con vos, ahora con Gastón al río. Llegaba la noche, nos quedábamos mirando la luna, escuchando el discurrir del agua entre las piedras, el canto de los sapos.
Ahora pienso, lo que vino ¿fue un premio o un castigo? En ese orden chiquita creo que así vino barajada la suerte. Mi carácter cambió, yo misma lo noté por el cansancio. Todos lo advirtieron, vos la primera. Callada nomás, ponías tu cabeza junto a la mía cuando dejaba casi toda la comida en el plato. Embarazo evidente, sentenció don Jorge. Y si él lo decía que sabía hasta de la preñez de las vacas… Mal físicamente, la noticia me puso muy feliz a qué negar, a mi edad un nacimiento, casi un milagro.
¿Existen los milagros chiquita? algo se complicó. Hay un tiempo que voló de mi memoria, sólo recuerdo mi pánico, una luz potente sobre la cabeza y el abandono absoluto. Cuánto lloré, vos fuiste testigo chiquita, una vida plena venida a pique, una ilusión despedazada
 Te observo altiva, inquieta, vivaz. Y miro estas manchitas coloradas en el piso y a Gastón olfateando tras el vidrio esmerilado del portón que don Jorge se empeña en mantener cerrado. Dice que sos fina, que no es cuestión. Yo sé de un agujero en el alambrado del patio, vas a salir, te lo prometo. Pero nunca lo olvides: los machos no tienen corazón, chiquita.
Vení, Gastón te está esperando.

5 mar. 2013

FRAGMENTO DE LA PRÓXIMA NOVELA "PATA DE CABRA", de Carmen Nani


Dibujo de Cristobal Reinoso, CRIST
para la portada de la novela
 PATA DE CABRA
La lluvia queda atrapada en algún nubarrón oscuro. El cielo sigue con ganas de llorar. Lucía se levanta del sillón para prepararse un café. Mientras piensa en lo que le contó la tía Tere sobre cómo la habían curado. Instintivamente se toca la espalda. Ahí están. Justo donde comienza la columna. Tiene esas siete marcas indelebles. Los pensamientos le llueven acompasados al ritmo de la cellisca. Revuelve el café. El contraste del calor de la taza le agudizó los poros de la piel. Percibió la humedad del ambiente. Sabe, en ese momento, que esa humedad ablandará su memoria.
Lucía no toma mucho café. Es dañino para su acidez. Cuando lo hace, le gusta batido y bien caliente; como el que saborea mientras piensa… “Así empezó mi vida: con la mácula indeleble de la pata de cabra; filigrana que me sirvió para justificar cada fracaso, cada equivocación, cada golpe imposible de prever. Marcada con el estigma de una maldición, viví a los tumbos aceptando como verdad la mentira más humillante. Reconocí cada crítica como un latigazo, cada valoración ajena como juicio certero, incuestionable. No importa de quién viniera; todo lo absorbía como esponja. ¿Por qué? Porque la primera persona que me rotuló, que me condenó, fue mamá. Me llevó casi toda la vida darme cuenta: recién nacida, había llorado cuarenta días y cuarenta noches porque la histeria de mamá, provocada por la depresión post- parto, impidió que le bajara leche. Por eso, al encontrarme con esos pezones yermos, primero lloré y después aprendí a rechazar. Su olor a vacío me provocaba angustia supongo, por eso chillaba y me retorcía cada vez que intentaba darme de mamar. Sin embargo, nadie veía a la beba que como único modo de manifestar lo que sentía, se arqueaba; la cabeza rígida hacia atrás como tratando de tocar los talones. No me veían a mí. Todos veían a esa beba que se rizaba como endemoniada. “¡La pata de cabra!”, exclamaron con horror. “Es la pata de cabra”.

17 feb. 2013

JUEGO DE ESPEJOS de Carmen Nani

No quiero entrar. Algo me dice que mi destino está en juego. Javier insiste divertido. Le atrae conocer su verdad en el salón de los espejos. A mí, me intimida. Sin embargo, soy la primera en entrar, sola. El famoso salón de los espejos, pienso al ingresar en un recinto azul que para mi sorpresa no tiene ángulos. Me paro en el centro y observo. No es un mismo espejo, aunque la similitud entre ellos es exacta y la unión imperceptible. Espejos rectangulares desde el piso hasta el techo que se apoyan entre sí como sosteniéndose. No tienen adornos. Son absolutamente lisos. Tanto misterio, y al final de cuentas son sólo espejos.
  - No, no somos sólo eso, la voz a mis espaldas me sobresalta. Giro asustada.
  - Tenés que entender, me veo hablar en la figura detrás de mí.
Soy yo, pero la imagen no me refleja. Levanto una mano y compruebo que la imagen no copia el movimiento.
 - No quiero seguir mintiendo.
 - ¿De qué hablás?, miro hacia la izquierda.
La voz viene desde allí. Me veo enojada en ése otro espejo que me increpa. Estoy por contestar algo, no se qué, cuando mi imagen anterior, la que está a mis espaldas, se me adelanta. 
 - Del amor. Porque en el amor, vale todo, contesto con mirada quimérica desde el espejo a mis espaldas. Me río el espejo de la izquierda.
 - ¿Qué mirás? Esta vez sí se dirige a mí.
 - ¿Acaso no juraste amar a un hombre y no dudaste en engañarlo con otro? Intento defenderme pero otra vez mi imagen se me adelanta. 
Esta proviene de un espejo sobre la derecha. 
- ¿Vos tenés idea de lo que sufro junto a un indiferente como Javier? 
- ¿Y eso justifica que tengas un amante?, censura mi imagen de la izquierda.
- Ustedes hablan por hablar, vuelvo a girar porque aparezco hablando en un cuarto espejo.
- Ustedes no son madre. Si lo fueran, sabrían que lo más importante son los hijos. 
- ¡No!, contesto desde mi primera imagen.
- Lo más importante es la pareja. No caer en la rutina. Mantener la magia… 
- Si claro, muy mágico; y aguantar su cansancio, sus silencios, su trabajo por encima de todo, interviene la imagen de la derecha. La de la izquierda aprovecha para sembrar cizaña. 
- ¿No será que ya no lo amas; que ya dejó de ser el hombre de tu vida porque apareció otro? - ¡No!, ahora es la imagen madre. 
- Javier es el padre de mis hijos, yo lo amo. 
- Pero te acostás con otro, retruco desde el espejo de la izquierda. Desde la derecha intento justificarme.