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20 may. 2019

PROMETEO DE CIRCO, de Ana María Shua


¿Arte o entretenimiento? Si el buitre escarba hondamente con su pico en el hígado de Prometeo, ¿es arte o entretenimiento?
Es arte si es sangre verdadera el líquido que tiñe el pico del pájaro, si es sangre la que brota a borbotones y se derrama por el costado del cuerpo, si es sangre la que colorea de rojo las rocas a las que está maniatado el hombre. Pero si es una mezcla de glicerina con ketchup, es sólo entretenimiento, puro circo. 

Por supuesto, hay quien opina precisamente lo contrario.
Entretanto, como a esta distancia no es posible comprobarlo, habrá que limitarse a disfrutar del espectáculo. Hay funciones todos los días.



 del libro "Fenómenos de Circo"

Que lo disfruten, 

Carmen


13 may. 2019

LLUVIA, de Clara Obligado

En esas noches tan oscuras que no se ven ni los pensamientos, cuando nadie sale de casa y solo se oye el rebotar de la lluvia, la maja desnuda cuela su lienzo por debajo de la puerta del Prado y se agiganta. Si alguien se asoma a la ventana y ve uno de sus pezones estrábicos, lo confunde con la luna, si un insomne la atisba desde un segundo piso, cree que el matojo del pubis es una enredadera deshojada. La maja pasea con la melena suelta, los rizos descentrados. Su carne, lacada por la lluvia, se agita con un vigor colosal. De tanto estar expuesta, le duelen los brazos, los huesos sonrientes de la cara. Está harta de las miradas lascivas de los turistas, de las audioguías. Mientras pasea por el barrio, sueña con esa vida que no pudo ser, se alboroza con el vino de los bares, mece con su aliento las cunas de los niños, ojea un libro que alguien se dejó abierto sobre la mesilla. Al llegar a CaixaForum se abraza a los árboles y frota su cuerpo de muñeca hinchable contra el jardín vertical. Entonces escapa su orgasmo prisionero y el verde le devuelve el parque y sus confines, las cascadas de vidrio, los cisnes presuntuosos, las dulces tardes de conversaciones bobas, los galanteos de un artista que, para vengarse de su indiferencia, la castigó con la inmortalidad.

Un relato breve de la Biblioteca de Agua

Que lo disfruten,
Carmen

6 may. 2019

ANÉCDOTA BÚLGARA, de Carlos Drummond de Andrade


Había una vez un zar naturalista que cazaba hombres. Cuando le dijeron que también se cazan mariposas y golondrinas quedó muy espantado y le pareció una barbaridad. 




Que lo disfruten,
Carmen

2 may. 2019

PRIMER JUEVES DE MES, de Alejandro J. Ramón

Fue uno de esos fatídicos lunes en que la épica del fútbol le había asignado un lugar entre los vencidos. Gutiérrez no desperdició la oportunidad, y con un descomunal talento para el escarnio y la humillación, comenzó a acosarlo con ácidas y sagaces ocurrencias que despertaron la risa de todos.
Despachaba sellos, pesaba sobres, cobraba, entregaba formularios, amparado tras el vidrio blindado. Para qué necesitaba una protección como esa, se preguntaba, si jamás nadie lo había agredido desde el exterior. Mejor sería que la colocasen a sus espaldas, el peligro venía de atrás, de las entrañas de la oficina.
Antes, no era así, hasta que Gutiérrez lo eligiera como blanco. Fue desde el mismo momento en que se efectivizó su traslado desde la Oficina Central de Correos. A instancia suya cada día la colmena alborotada le caía encima con el hiriente zumbido de sus mofas y sarcasmos. Poco a poco sus compañeros fueron esmerándose en sumar nuevas y más graciosas formas de mortificación, que lo hacían vivir en una eterna e infinita zozobra. Este comportamiento, que no molestaba a nadie más que a Archundi, fue rápidamente incorporado por el conjunto. La maldad, irremediablemente enquistada, reptaba entre ese ato de pequeños torturadores.
Sí, todo había comenzado a partir de su llegada. Gutiérrez y su simpatía, Gutiérrez y su condición natural de líder, Gutiérrez, Gutiérrez, siempre Gutiérrez. Fue él el que lo convirtió en víctima y a ellos en victimarios por imitación. Hoy el motivo había sido el fútbol, hubieron en el pasado otros y habrá otros en el futuro, o los inventarán. El martes, por ejemplo, tuvo un fallo de caja que lo volvió loco. Al otro día, después que misteriosamente apareciese el faltante, lo avergonzaron durante ocho horas ininterrumpidas. Hubiera preferido pagar con tal de no ser echado a la arena para que lo devoren los leones.
Estaba de espaldas cuando Gutiérrez cayó como fulminado por un rayo.

22 abr. 2019

MI JOCKEY, de Lucía Berlín


Me gusta trabajar en Urgencias, por lo menos ahí se conocen hombres. Hombres de verdad, héroes. Bomberos y jockeys. Siempre vienen a las salas de urgencias. Las radiografías de los jinetes son alucinantes. Se rompen huesos constantemente, pero se vendan y corren la siguiente carrera. Sus esqueletos parecen árboles, parecen brontosaurios reconstruidos. Radiografías de San Sebastián. Suelo atenderlos yo, porque hablo español y la mayoría son mexicanos. Mi primer jockey fue Muñoz. Dios. Me paso el día desvistiendo a la gente y no es para tanto, apenas tardo unos segundos. Muñoz estaba allí tumbado, inconsciente, un dios azteca en miniatura, pero con aquella ropa tan complicada fue como ejecutar un elaborado ritual. Exasperante, porque no se acababa nunca, como cuando Mishima tarda tres páginas en quitarle el kimono a la dama. La camisa de raso morada tenía muchos botones a lo largo del hombro y en los puños que rodeaban sus finas muñecas; los pantalones estaban sujetos con intrincados lazos, nudos precolombinos. Sus botas olían a estiércol y sudor, pero eran tan blandas y delicadas como las de Cenicienta. Entretanto él dormía, un príncipe encantado.
Empezó a llamar a su madre incluso antes de despertarse. No solo me agarró de la mano, como algunos pacientes hacen, sino que se colgó de mi cuello, sollozando
«¡Mamacita, mamacita!». La única forma de que consintiera que el doctor Johnson lo examinara fue acunándolo en mis brazos como a un bebé. Era pequeño como un niño, pero fuerte, musculoso. Un hombre en mi regazo. ¿Un hombre de ensueño? ¿Un bebé de ensueño? El doctor Johnson me pasaba una toalla húmeda por la frente mientras yo traducía.

15 abr. 2019

PRUEBA DE VUELO y PARPADEOS, de Eugenio Mandrini


PRUEBA DE VUELO
Se evapora el agua.El nadador todavía se sostiene, no cabe duda: es un ángel.

PARPADEOS
Solo hay tres clases de ciegos, ¿o tres no es el número perfecto? Está ese al que no hay explosión ni asamblea de luciérnagas que lo saquen de la sombra profunda. Está el otro, el que aún ciego, conserva un esbozo de penumbra y al resplandor de un fósforo queda de pronto en éxtasis y bajo la luz furiosa del mediodía cree que los ojos le vuelven. Y finalmente está aquél, ese que palpa afanoso los contornos y las grietas, los movimientos y temblores de los breves mundos. Ése, el tercero, es el amante.



Dos textos absolutamente distintos, pero que ambos reúnen todo lo necesario para ser geniales, 
Que los disfruten,
Carmen

4 abr. 2019

EL ABUELO MARTÍN, de Claudia Piñeiro

Pasa a buscar a su hijo a las nueve en punto, como cada sábado. Así lo acordó con Marina cuando se separaron. El niño se le abraza a las piernas en cuanto su madre abre la puerta. Casi sin más palabras que un saludo, ella le da su mochila. Hernán le pide una campera. “No creo que haga falta”, dice ella, pero él insiste. No le aclara que llevará a Nicolás fuera de la ciudad, a la casa del abuelo Martín, donde la temperatura siempre es menor en unos grados. Para qué, ella empezaría con sus recomendaciones: que los caballos pueden patear al chico, que el estanque es peligroso, que no vaya a treparse a ningún árbol. Las mismas recomendaciones que daba cuando estaban casados y que hicieron que Hernán dejara de ir. Ahora que es tarde, se arrepiente. La muerte del abuelo Martín, tres meses atrás, canceló cualquier posibilidad de reparación.
Es un día de sol y la ruta está vacía. Hernán pone uno de los cedés preferidos de Nicolás, pero antes de salir de la ciudad su hijo ya está dormido. Siendo así, él prefiere el silencio y dedicarse a pensar en lo que tiene que hacer, su madre le encargó ocuparse de la venta de la casa. A él no le cayó bien el encargo; bastante tiene con sus cosas, pero era el candidato natural para la tarea y no pudo negarse. No sólo había sido el preferido de su abuelo, sino que además es arquitecto. Qué mejor que un arquitecto para poner a punto una casa que se quiere vender. En la familia se dice que Hernán es arquitecto por el abuelo Martín. Mientras sus hermanos y primos andaban a caballo o se metían en el estanque, él lo acompañaba en las múltiples tareas que le demandaba la casa. El abuelo tenía una empresa constructora y aunque no estudió arquitectura era como si lo hubiera hecho. Incluso mejor, muchas tareas las realizaba con sus propias manos: levantar una pared, pintar un ambiente, reparar los techos. Por el cariño que le tiene y si no fuera tan desastroso el estado de sus finanzas después del divorcio, lejos de venderla, Hernán se quedaría con esa casa.
Pasa la tranquera y se alegra de que su madre se haya ocupado al menos de deshacerse de los animales.


20 mar. 2019

DOMINGO POR LA MAÑANA, de Gianni Rodari


El señor César era muy rutinario.
Gianni Rodari
Todos los domingos por la mañana se levantaba tarde, daba vueltas por casa en pijama y a las once se afeitaba, dejando abierta la puerta del baño.
Aquel era el momento esperado por su hijo Francisco, que tenía solo seis años, pero manifestaba ya una inclinación por la medicina y la cirugía. Francisco tomaba el paquete de algodón hidrófilo, la botellita de alcohol desnaturalizado, el sobre de los esparadrapos, entraba al baño y se sentaba en el taburete a esperar.
-¿Qué hay? -pregunta el señor César, enjabonándose la cara.

11 mar. 2019

HUYAMOS, de Ana María Shua

¡Huyamos, los cazadores de letras, est´n aqu´!




Con las características esenciales del microrrelato, uno muy especial de Ana María Shua...
Que lo disfruten!
Carmen

28 feb. 2019

SOBRE EL ENCUENTRO CON UNA CHICA 100% PERFECTA EN UNA SOLEADA MAÑANA DEL MES DE ABRIL, Haruki Murakami

Una bella mañana de abril, en una callecita lateral del elegante barrio de Harajuku en Tokio, me crucé con la chica 100% perfecta.
A decir verdad, no era tan guapa. No sobresalía de ninguna manera. Su ropa no era nada especial. En la nuca su cabello tenía las marcas de recién haber despertado. Tampoco era joven –debía andar alrededor de los treinta, ni si quiera cerca de lo que comúnmente se considera una “chica”. Aún así, a quince metros sé que ella es la chica 100% perfecta para mí. Desde el momento que la vi algo retumbó en mi pecho y mi boca quedó seca como un desierto. Quizá tú tienes tu propio tipo de chica favorita: digamos, las de tobillos delgados, o grandes ojos, o delicados dedos, o sin tener una buena razón te enloquecen las chicas que se toman su tiempo en terminar su merienda. Yo tengo mis propias preferencias, por supuesto. A veces en un restaurante me descubro mirando a la chica de la mesa de al lado porque me gusta la forma de su nariz.

Pero nadie puede asegurar que su chica 100% perfecta corresponde a un tipo preconcebido. 

18 feb. 2019

AMOR, microficción de Raúl Brasca

AMOR 

I
A ella le gusta el amor. A mí no. A mí me gusta ella, incluido, claro está, su gusto por el amor. Yo no le doy amor. Le doy pasión envuelta en palabras, muchas palabras. Ella se engaña, cree que es amor y le gusta; ama al impostor que hay en mí. Yo no la amo y no me engaño con apariencias, no la amo a ella. Lo nuestro es algo muy corriente: dos que perseveran juntos por obra de un sentimiento equívoco y de otro equivocado. Somos felices.

II
Pretende que yo estoy enamorada del amor y que a él sólo le interesa el sexo. Dejo que lo crea. Cuando su cuerpo me estremece, lo atribuye a sus muchas palabras. Cuando mi cuerpo lo estremece, lo atribuye a su propio ardor. Pero me ama. Y no lo saco de su engaño porque lo amo. Sé muy bien que seremos felices lo que dure su fe en que no nos amamos.


Que los disfruten,
Carmen




3 dic. 2018

A ESTA ALTURA...de Daniel Tomás Quintana


A esta altura de la vida / uno tiene el cuero / acribillado de recuerdos, / de voces, de gestos, de señales; / tatuado con palabras / de lumbre y tierra, / de agua y viento / y con una multitud / abigarrada / de silencios estridentes.
A esta altura de la vida / uno guarda en sus entrañas, / o en el alma, / una mágica bitácora de besos, / un mapa imprescindible / de abrazos y miradas, / un prolijo inventario / de esperanzas torrenciales, / de utopías derrotadas, / de naufragios y de balsas, / de intemperies y de abrigos, / de muertes y resurrecciones / cotidianas.
A esta altura de la vida / uno sigue deshojando / los caminos / y arrastrando sus baúles / colmados de cicatrices oxidadas, / algunos pocos milagros de juguete, / una vieja libreta borroneada / con olvidos imposibles / y memorias obstinadas, / una carta de plenilunios y de eclipses, / un derrotero de esquinas y de calles / jalonados de instantes imborrables.

A esta altura de la vida / uno carga en sus espaldas / niños de todas las edades, / una legión de muertos / en acecho, / algunas mujeres sin olvido, / unos ángeles procaces, indecentes, / un par de diablos entrañables / y un poema de amor / interminable.
A esta altura de la vida / uno desangra días / y gasta noches / con la piel arada por los años.

De su libro "Ando con ganas de volverme viento".

Que lo disfruten,
Carmen