BUSCAR

Mostrando entradas con la etiqueta Oscar Wilde. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Oscar Wilde. Mostrar todas las entradas

21 oct 2019

EL NARRADOR, de Oscar Wilde

Había una vez un hombre a quién todos querían porque contaba historias muy bonitas. Diariamente salía por la mañana de su aldea, y cuando volvía al atardecer, los trabajadores, casados de trajinar todo el día, se agrupaban junto a él y le decían:
-¡Anda, cuéntanos lo que has visto hoy!
Y él contestaba:
-He visto en el bosque a un fauno que tocaba la flauta, y a su alrededor muchos enanitos con sus gorras de colores, bailando alegremente.
-¿Qué otra cosa viste?- le preguntaban los hombres, que no se cansaban de escucharlo.
-Cuando llegué a la orilla del mar ¡A que no se imaginan lo que vi!

23 jul 2019

EL IMÁN, de Oscar Wilde


Había una vez un imán y en el vecindario vivían unas limaduras de acero. Un día, a dos limaduras se les ocurrió bruscamente visitar al imán y empezaron a hablar de lo agradable que sería esta visita. Otras limaduras cercanas sorprendieron la conversación y las embargó el mismo deseo. Se agregaron otras y al fin todas las limaduras empezaron a discutir el asunto y gradualmente el vago deseo se transformó en impulso. ¿Por qué no ir hoy?, dijeron algunas, pero otras opinaron que sería mejor esperar hasta el día siguiente. Mientras tanto, sin advertirlo, habían ido acercándose al imán, que estaba muy tranquilo, como si no se diera cuenta de nada. Así prosiguieron discutiendo, siempre acercándose al imán, y cuanto más hablaban, más fuerte era el impulso, hasta que las más impacientes declararon que irían ese mismo día, hicieran lo que hicieran las otras. Se oyó decir a algunas que su deber era visitar al imán y que hacía ya tiempo que le debían esa visita. Mientras hablaban, seguían inconscientemente acercándose.
Al fin prevalecieron las impacientes, y en un impulso irresistible la comunidad entera gritó:
-Inútil esperar. Iremos hoy. Iremos ahora. Iremos en el acto.
La masa unánime se precipitó y quedó pegada al imán por todos lados. El imán sonrió, porque las limaduras de acero estaban convencidas de que su visita era voluntaria.

Que lo disfruten,
Carmen


12 jun 2018

EL DISCÍPULO, de Oscar Wilde

Cuando murió Narciso, el remanso de su placer se trocó de una copa de aguas dulces en una copa de lágrimas saladas, y llegaron llorando a través de los bosques las ninfas de las montañas, las oréades, para consolar al remanso con su canto. Y cuando vieron que el remanso se había trocado de una copa de aguas dulces en una copa de lágrimas saladas, soltaron las verdes trenzas de sus cabellos y gritando al remanso le dijeron:
- No nos sorprende que hagas un duelo tal por Narciso, tan hermoso como era. 
- ¿Era hermoso Narciso? -dijo el remanso. 
- ¿Quién había de saberlo mejor que tú? -respondieron las ninfas-. A nosotras siempre nos desdeñaba, pero a ti te cortejaba, y solía recostarse en tus orillas e inclinarse a mirarte, y en el espejo de tus aguas reflejaba gustoso su belleza. 
Y el remanso respondió:
- Pero yo amaba a Narciso porque, cuando recostado en mis orillas se inclinaba a mirarme, en el espejo de sus ojos veía mi propia belleza reflejada.

Un cuento sugerido por mi amiga y escritora Julia Guzmán. Que lo disfruten,
Carmen