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20 dic. 2012

QUERIDA LITA cuento de María Elena Garay

 Ante todo tengo que agradecerte los gemelos de plata con una flor de lis; aunque sabés que no uso camisas con gemelos, valoro tu intención. De paso te pido que me perdones por no haber usado nunca la gorra de carpincho, bien cara te habrá salido el año pasado. Pero sólo son detalles, te pido perdón porque yo soy un hombre simple, empleado del taller del Tito y no me va esa moda pituca ni juego al golf (gracias también por los palos que me regalaste hace dos años). No supe llenar tus expectativas, no te culpo por haberte cansado, más aún cuando sucedió eso en Navidad.
 Como sé que estarás preocupada por saber dónde estoy, te escribo también para avisarte que mi hermano, el de Santa Fe, se cambió de casa y yo lo ayudé con la mudanza y creo, a eso lo reconocerás, soy bastante fuerte alzando cosas pesadas, una bestia solés decirme. Bueno, tal vez puedas perdonarme por no haberte dado el regalo que querías. Moni y el Guille estuvieron chochos con sus juguetes, ahí no le errrás nunca y los dejás felices, yo no sabría qué comprarles. Pero sí sabía lo que vos querías y, como me dijiste, no era muy difícil ir a una joyería y decir quiero un par de aros Lady Di con perlas blancas , me lo especificaste bien, ni grises, ni turquesa, blancas.
 Cumplí con vestirme con el traje colorado y la barba de algodón, aunque sudé a mares y repartí los regalos. Tu hermana quedó encantada con los zapatos que le compró Carlitos, ves Carlitos sí tiene gusto para elegir regalos. ¡Cómo se alegró tu mamá con la pava eléctrica que le regalaron ustedes, sus hijas!. Yo iba sacando de la bolsa y cada vez sudaba más porque veía la expectativa en tus ojos y la bolsa se iba vaciando y tu ceño fruncido, aunque había todavía una chispa de esperanza porque la cajita de aros debía ser chiquita y tal vez pensaste que la tenía en el bolsillo.
 No creas que me enojé cuando reclamaste tu regalo y sé que vos no te enojaste tanto por eso sino por mi explicación. Porque todo tiene una explicación en esta vida, sólo que no te gustó lo que empecé a decir, no me dejaste terminar porque empezaste a gritar, a decirme estúpido y otras cosas feas. Hasta Carlitos que es un buen tipo me dijo no podés ser tan boludo y ahí se armó la gresca: tu furia asustó a los chicos que se pusieron a llorar y sabés que cuando los chicos lloran a mí se me rompe el corazón. No me importó que me echaras ahí nomás, sí me importa que entiendas mi explicación y no rompas la carta antes de leerla.
 El 23 yo iba con los trescientos pesos en el bolsillo camino a la joyería, sabía bien lo que tenía que pedir, cuando se me cruzó un vagabundo, era un hombre de mi edad con la ropa bastante vieja y un olor que vos no soportarías, seguro. Llevaba una bolsa y me dijo: Hermano aunque no lo creas, yo soy el hijo de Dios. Me quedé duro pero no dije nada. Papá Noel no existe, siguió. Yo asentí, siempre creí que eso era un invento importado. Cuando era chico el Niño Dios me traía siempre alguito, nunca me dejó con las ganas. Mañana tengo que llevarle algo a los chicos de la villa y no tengo plata, siguió, te pido que me ayudes. Era mediodía, estaba nublado, pero yo vi con mis propios ojos un aura, como un globo de luz que lo envolvía.
Eso del aura duró unos segundos nomás y pensé que era un estafador cualquiera, pero continuó: Vos, hermano, tenés dos hermosos hijitos que recibirán lo que pidieron pero ¿quién se acuerda de los chicos de la villa?, necesitaré de gente buena como vos, el mundo necesita más gente buena. Eso me llegó Lita, una reflexión así es rara y mi cabeza anduvo a mil: hay un noventa y nueve por ciento de probabilidad de que sea un vivo, pero queda un uno por ciento. ¿pesa más la incredulidad que la esperanza? Si cada uno pone el uno por ciento de fe ¿Se puede lograr algo bueno? ¿Y si ese poquito de esperanza se convertía en autitos chiquitos, no digo ese con motor que le regalamos al Guille? Estafador o Niño Dios, me dije y los puse en una balanza imaginaria, pesarían lo mismo, el hombre que tenía al frente era uno, de mí dependía elegir y para eso yo soy libre, Lita, esos son los riesgos de la libertad. Uno tiene el derecho a juzgar, a contradecir, a dudar, pero debe atenerse al resultado de sus actos.
Entonces imaginé la ruleta, casi siempre gana la banca pero la posibilidad de ganar existe. Uno apuesta para eso, para ganar. Y aposté, Lita, le di los trescientos pesos. ¡Me besó las manos! Gracias, hermano, cientos de sonrisas te agradecerán este gesto, dijo; vi de nuevo el globo de luz, después no estaba. Todo esto te lo quería explicar porque ese día no me dejaron. Te prometo que haré changas de mudanzas acá, explicales a los chicos y al Tito. Cuando tenga para los aritos Lady Dy te los compro, Lita, te lo juro. Tuyo:
 Víctor

2 comentarios:

Natalia Spina dijo...

Hace tanto bien ver gente buena, humilde, generosa.
Te deja oxigenado el aire con el que respira el alma.
Te hace reflexionar en simple. Luego de estar con personas así, escribís oraciones unimembres con verbos escondidos en sustantivos. Porque BONDAD es una palabra constituida de acciones innumerables.
Esa experiencia tan feliz, la tuve al leer a tu Víctor.
Un abrazo lleno de lucecitas.
Muchas gracias !

Car dijo...

Hermoso cuento para ésta época ME. Por un lado te llena de esperanzas al ver la generosidad de éste hombre... por el otro, de dudas... porque lamentablemente hoy por hoy sólo sabemos desconfiar. Y esto es lo genial de tu cuento: ¿Habrá sido un estafador el mendigo? y más profundo aún: ¿Que hubiéramos hecho de estar en el lugar del protagonista? Un conmovedor regalo de navidad... un beso
Car