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31 dic 2012

FELIZ 2013....por Carmen Nani


Mis colegas, las escritoras María Elena Garay, Cecila Spina y la que suscribe, queremos agradecer a todos nuestros lectores por acompañarnos durante estos dos años de vida de nuestro blog "Piel de Lechuza" y los invitamos a levantar las copas por un 2013 en el que, esperemos se cumplan las expectativas de todos... para ustedes, gente tan necesaria, un precioso poema  de Hamlet Lima Quintana,

Carmen

Gente


Hamlet Lima Quintana,

   Argentina, 1923



Hay gente que con solo decir una palabra
enciende la ilusión y los rosales;
que con solo sonreír entre los ojos
nos invita a viajar por otras zonas,
nos hace recorrer toda la magia.

Hay gente que con solo dar la mano
rompe la soledad, pone la mesa,
sirve el puchero, coloca las guirnaldas;
que con solo empuńar una guitarra
hace una sinfonía de entrecasa.

Hay gente que con solo abrir la boca
llega a todos los límites del alma,
alimenta una flor, inventa sueńos;
hace cantar el vino en las tinajas
y se queda después, como si nada.

Y uno se va de novio con la vida
desterrando una muerte solitaria
pues sabe que a la vuelta de la esquina
hay gente que es así, tan necesaria.


20 dic 2012

QUERIDA LITA cuento de María Elena Garay

 Ante todo tengo que agradecerte los gemelos de plata con una flor de lis; aunque sabés que no uso camisas con gemelos, valoro tu intención. De paso te pido que me perdones por no haber usado nunca la gorra de carpincho, bien cara te habrá salido el año pasado. Pero sólo son detalles, te pido perdón porque yo soy un hombre simple, empleado del taller del Tito y no me va esa moda pituca ni juego al golf (gracias también por los palos que me regalaste hace dos años). No supe llenar tus expectativas, no te culpo por haberte cansado, más aún cuando sucedió eso en Navidad.
 Como sé que estarás preocupada por saber dónde estoy, te escribo también para avisarte que mi hermano, el de Santa Fe, se cambió de casa y yo lo ayudé con la mudanza y creo, a eso lo reconocerás, soy bastante fuerte alzando cosas pesadas, una bestia solés decirme. Bueno, tal vez puedas perdonarme por no haberte dado el regalo que querías. Moni y el Guille estuvieron chochos con sus juguetes, ahí no le errrás nunca y los dejás felices, yo no sabría qué comprarles. Pero sí sabía lo que vos querías y, como me dijiste, no era muy difícil ir a una joyería y decir quiero un par de aros Lady Di con perlas blancas , me lo especificaste bien, ni grises, ni turquesa, blancas.
 Cumplí con vestirme con el traje colorado y la barba de algodón, aunque sudé a mares y repartí los regalos. Tu hermana quedó encantada con los zapatos que le compró Carlitos, ves Carlitos sí tiene gusto para elegir regalos. ¡Cómo se alegró tu mamá con la pava eléctrica que le regalaron ustedes, sus hijas!. Yo iba sacando de la bolsa y cada vez sudaba más porque veía la expectativa en tus ojos y la bolsa se iba vaciando y tu ceño fruncido, aunque había todavía una chispa de esperanza porque la cajita de aros debía ser chiquita y tal vez pensaste que la tenía en el bolsillo.
 No creas que me enojé cuando reclamaste tu regalo y sé que vos no te enojaste tanto por eso sino por mi explicación. Porque todo tiene una explicación en esta vida, sólo que no te gustó lo que empecé a decir, no me dejaste terminar porque empezaste a gritar, a decirme estúpido y otras cosas feas. Hasta Carlitos que es un buen tipo me dijo no podés ser tan boludo y ahí se armó la gresca: tu furia asustó a los chicos que se pusieron a llorar y sabés que cuando los chicos lloran a mí se me rompe el corazón. No me importó que me echaras ahí nomás, sí me importa que entiendas mi explicación y no rompas la carta antes de leerla.
 El 23 yo iba con los trescientos pesos en el bolsillo camino a la joyería, sabía bien lo que tenía que pedir, cuando se me cruzó un vagabundo, era un hombre de mi edad con la ropa bastante vieja y un olor que vos no soportarías, seguro. Llevaba una bolsa y me dijo: Hermano aunque no lo creas, yo soy el hijo de Dios. Me quedé duro pero no dije nada. Papá Noel no existe, siguió. Yo asentí, siempre creí que eso era un invento importado. Cuando era chico el Niño Dios me traía siempre alguito, nunca me dejó con las ganas. Mañana tengo que llevarle algo a los chicos de la villa y no tengo plata, siguió, te pido que me ayudes. Era mediodía, estaba nublado, pero yo vi con mis propios ojos un aura, como un globo de luz que lo envolvía.

5 dic 2012

FRECUENCIAS PARALELAS de Carmen Nani

Cuento de Carmen Nani
Inés parada frente a la ventana mira la lluvia que cae mansa sobre los que caminan, algunos protegidos por paraguas a paso lento; otros sin protección se apuran, casi corren. Detiene su mirada en una pareja que parece no darse cuenta de la lluvia. Inés se acomoda el pelo detrás de la oreja e involuntariamente sus ojos encuentran el reloj pulsera que marca las once. Suspira. Se cruza de brazos y apoya la frente en el vidrio. El reflejo de la luz de la calle le muestra una mujer joven, de rasgos firmes. En esa imagen difusa han desaparecido las primeras canas y las arrugas no se notan. Sonríe. Siente el frío sobre su frente. Retira la cara y se acomoda el pelo detrás de la oreja. Otra vez el reloj pulsera. Once y media y otra vez él no llega a tiempo. ¿Qué me traerá hoy?, piensa Inés y repasa con el dedo índice el contorno del plato vacío. Camina alrededor de una mesa servida en vano. Se alisa el vestido con las manos. Disfruta la suavidad de la tela y percibe sus muslos firmes debajo. Sus manos se deslizan hasta su pubis. ¿Con quién estará esta noche?, piensa. Se lo imagina desnudo. Puede ver su pecho acariciado por manos que no son las suyas. Manos que lo recorre íntegro. Y el temblor de su sexo delata el deseo. Sigue buscando debajo del vestido. Cierra los ojos, y entonces sus manos son las de él, que se atreven en su ropa interior, que imitan movimientos audaces en un cuerpo entregado, que no es el de otra, sino el suyo. Consigue el placer. Se arregla el vestido y se acomoda el cabello detrás de la oreja. Las doce. Parada junto a la ventana lo ve. Busca con la mirada y es toda ansiedad cuando distingue el paquete. ¿Qué será? ¿Habrá adivinado esta vez? No quiere ilusionarse pero no puede evitarlo. Baja corriendo las escaleras. No va al encuentro del hombre sino del paquete.

19 nov 2012

LA MUERTE SE ESCONDE EN CURUPAYTÍ Cuento de María Elena Garay

 Yo no luché en esa guerra porque no fui convocado. No sé si el General Mitre habrá pensado que los curas somos unos inútiles o creerá que nos soborna dejándonos en la paz de los Conventos, cuando yo sí ardía en ganas de guerrear. Pero en su contra. O tal vez habrá leído en mis ojos que yo no derramaría nunca una gota de sangre de gaucho. Antes bien, escupiría en la propia cara de ese tal mister Thornton, que atizó las brasas de una guerra sin sentido.
 Yo no fui, dije, pero los sucesos desencadenados a causa de esa guerra, me tuvieron sin sueño durante muchos días. Porque fui depositario de un secreto que me roía las entrañas, y que al mismo tiempo me llenaba de gozo. Ahora mi conciencia está limpia, después de sacarlo a la luz con el sudor de las parturientas, sólo que mi comadrona fue la imagen del Cristo de la Doméstica.
 Todo comenzó cuando alistaron a mi amigo Benigno Honorato en la guerra contra el Paraguay. Y digo mi amigo, ya que a pesar de ser yo su confesor y quizás por eso mismo, conocí sus ideales y su hombría de bien.
 El y su esposa Ana servían a una familia importante. No había otro jardinero como él. Todos envidiaban el amplio patio que se dejaba ver a través de la reja forjada en arabescos, en la casa de frente ocre con cenefas blancas. La casa de los Centeno. Allí crecían los mejores rosales, los claveles más perfumados y trepadoras aventureras. En más, se podía imaginar el follaje de los otros dos patios. En el segundo, en donde Doña Amalia pasaba largas horas sentada a la sombra de un árbol de magnolias frente a la gruta de la Virgen Dolorosa, todas las flores eran blancas: las azucenas, los lirios, las margaritas, los jazmines de lluvia, tal vez para consolar la negrura de su manto y su corazón atravesado por un cuchillo de plata.

4 nov 2012

"SOBREVIVIENTES" Premio Clarín Novela 2012, por Carmen Nani

Fernando Monacelli
El sueño de 526 escritores se concreta en sólo uno de ellos. ¡Bravo por el ganador! Los otros...¡A seguir tras la conquista de una quimera que quizás se materialice en el 2013!
Para Fernando Monacelli la literatura también tiene la función de rescatar y reescribir la historia. Es lo que hizo en “Sobrevivientes”. A partir del hallazgo del cuerpo de un soldado del General Belgrano encontrado 25 años después de la guerra, su novela une los destinos de dos mujeres –la madre del conscripto y una periodista famosa– que se rescatan de una existencia que parece naufragar.
El escritor Fernando Monacelli, cuyo seudónimo es 'Lumo', con su obra "Sobreviviente" obtuvo anoche la décimoquinta Edición del Premio Clarín de Novela, el certamen literario más importante de Argentina, dotado de 150 mil pesos (30 mil dólares) de recompensa. De esta edición del premio compitieron 526 manuscritos, en su mayoría pertenecientes a escritores argentinos, pero también enviados desde América Latina, Estados Unidos, Alemania y Noruega. El jurado del Premio Clarín estuvo integrado por el español Juan Cruz, el peruano Santiago Roncagliolo y la argentina Claudia Piñeiro, ganadora de una de las ediciones del premio con su novela "Las viudas de los jueves". 
Piel de Lechuza se compromete a comentar ésta novela que promete y mucho...
Hasta pronto...

Carmen

7 oct 2012

TRES ESCRITORAS PARA UN RANQUEL por Carmen Nani

Indias Blancas- Primera Parte 
Realmente es un placer cuando empezamos a leer una novela a través de la cual, sin darnos cuenta perdemos la noción del tiempo al ser transportados a otra época, en la que los personajes, aunque algo estereotipados, nos sumergen en una marea de sensaciones que daríamos cualquier cosa por protagonizar. Esto fue lo que experimenté cuando comencé Indias Blancas de Florencia Bonelli. Corre el año 1873 y la sociedad porteña se consolida alrededor de las familias con apellidos ilustres. Laura Escalante, hija de un general de la Nación, es una bellísima joven con ideas claras y fuertes convicciones. Cuando viaja a Córdoba para atender a su hermano enfermo, conoce al indio ranquel Nahueltruz Guor y su vida cambia para siempre. Un amor irrefrenable, enfrentado a todos y a todo, incluso a ellos mismos, los hace transitar años dolorosos, llenos de aventuras, desencuentros y acción, en el marco de la épica lucha entre indios y blancos que ha definido nuestro país desde entonces. una historia de indios y mujeres cautivas. De blancos embriagados por sus ansias de dominar el territorio por encima de los indios del sur, sin respeto por sus costumbre o tradiciones, en nombre de una mentada civilización. Es la crónica de mujeres que se animan a tomar el camino de sus deseos más profundos. Indias blancas es, sobre todo, la historia amores que no conoce límites.
Leyendo la vida de Laura Escalante, pero sobre todo la de su tía Blanca Montes, no pude evitar rememorar otra historia, situada en el mismo momento histórico y en una geografía muy similar: Córdoba y un paisaje compartido. Me refiero al Revés de las Lágrimas de Cristina Loza. Damiana, joven, bella y enamorada, es mimada por su padre, próspero comerciante cordobés, por su madre y por su niñera, la mulata Nazarena. El casa­­miento con Conrado, el amor de sus sueños, completa el cuadro de felicidad y plenitud. Celebrada la boda, los recién casados parten a la estancia de frontera que será su hogar. Pero inesperadamente un malón los ataca, y se lleva a Damiana, quién cautiva en el desierto ranquel intenta construirse un nuevo destino a partir del dolor. En su increíble capacidad de amar y ser amada se cifra su única salvación. Es la crónica de una familia que guarda celosamente sus secretos, secretos que irrumpen con fuerza en los momentos más inesperados. De una sociedad pacata que no perdona a los que osan transgredir sus normas. Entonces, irrumpe con fuerza en mi memoria el mismo retrato de esa sociedad hipócrita y sofocante, represora especialmente en cuanto a la figura de la mujer se refiere.
Como vivido Cien Veces
Como vivido Cien veces de Cristina Bajo. El escenario es también la provincia argentina de Córdoba de fines de la década de 1820. Luz María Osorio, hija de una familia tradicional cordobesa, es la mujer, al igual que Laura Escalante en Indias Blancas, bajo cuyo hechizo caen los hombres. La historia de Luz María Osorio funciona como hilo conductor de la trama de la novela. Su nodriza negra, Severa, será la encargada de acercar a la joven, a través de leyendas recreadas junto al fuego, a un mundo de indios y soldados convertidos en tigres, ánimas protectoras de los vivos, sueños premonitorios e hidalgos muertos a manos de los Ranqueles. La figura de Severa, la nodriza negra, mas madre que nodriza, es áncora de los secretos más íntimas de su niña, y en ocasiones juega un rol crucial en en el desenlace de los acontecimientos. Ésta hada madrina de color, se repite en Indias Blancas a través de María Pancha, y en El Revés de Las Lágrimas, a través de Nazarena.
Luz es una joven diferente a las jóvenes de la sociedad de la época: rebelde, transgresora, segura de sí misma y con un fuerte compromiso con su tierra. A pesar de su rígida educación familiar y de los prejuicios sociales de su clase y de su tiempo,

20 ago 2012

SOMBRERO DE FIELTRO cuento de María Elena Garay

Mujer con sombrero de Chagall
Comenzó a vestirse temprano, para demorarse más en los preparativos del encuentro. Para saborearlos lo más que pudiera. Ella misma había elegido el toque de fantasía, cuando se pusieron de acuerdo sobre el color de la ropa. Se puso las medias de encaje negro y sacó de una caja redonda ese detalle que la haría inconfundible: el sombrero. No un sombrero de paja, una boina, un gorro de lana o alguno similar al que los hombres usan para vestir, cuando lo acompañan con un buen traje con chaleco. No, Águeda había elegido el sombrero de fieltro de su abuela. Color uva, con el ala angosta, levantada al costado con un mechón de plumas, y un velo de tul moteado por delante. Reforzaría por afuera lo que le faltaba por adentro. En realidad siempre decidía ella sola, porque no tenía con quién compartir sueños ni hastíos, aunque los primeros ya casi ni aparecían. La invadió una gran excitación. Le venía pasando todas las noches cuando, después de un día agotador en la caja de la tienda, se prendía a la aventura de modelar su vida a gusto y voluntad. Y como Dios modeló al hombre a su imagen y semejanza, ella se hizo igual a sus deseos. Así, a través del chat, fue la mujer que quiso. Porque la computadora no detecta la mentira, la ilusión, las ganas. Porque la escritura no podría desmentirla y sus gestos, una leve mueca o una ligera turbación, no serían vistos. Comenzó en setiembre. Con su sueldo no podía salir de vacaciones, ni lo haría si lo pudiese, porque ¿quién atendería a su ejército de gatos? Todas las noches les ponía raciones de hígado, y ellos le retribuían con las caricias de sus cuerpos suaves rozándole las piernas. Fue en setiembre cuando, navegando por Internet, entró a ese sitio de chat y se encontró con Alfil. Y ella se convirtió en Mandrágora; casi no le mintió la edad, para qué iba a decirle cuarenta si no los aparentaba. Dijo treinta, edad exacta para seducir a un joven ávido de experiencias y también a un hombre mayor, deseoso de recobrar la juventud. Alfil dijo que tenía treinta y cinco años y que la había elegido a ella en la pantalla por intuición, aun cuando otras habían intervenido con frases incitantes. Decidieron conversar en privado. ¿Qué pudo sacar de él? Le pareció un hombre sincero y que ya estaba listo para rehacer su vida. Alfil había contado que restauraba muebles antiguos, que era separado y vivía solo. Los domingos llevaba a sus hijitos de paseo. ¿Mujeres? Ninguna, Mandrágora. Hay tanta falsedad, tanta pose. La juventud es tan hueca. No tiene ideales. Ella le trasmitió vida interior, cierta cultura, lo que en verdad poseía. Agregó grandes dosis de sociabilidad y aventura, tejidas noche a noche, sin contradicciones. Águeda entraba a las ocho de la mañana a la tienda. Ya en la caja, las ocasionales charlas con los clientes eran superficiales y su obligación, sonreír. Cuántas mierdas se comía diariamente. Cuántos ¿sabe usted lo que me pasa? atragantados, cuántos ¡ey aquí estoy yo! , mudos. Pero a la noche era Mandrágora, liberada y apetecible. Así lo percibió Alfil, cuando en junio del año siguiente, propuso el encuentro. Ella llevaría el sombrero y las medias de encaje, que no hubiera usado nunca, de no mediar esta puesta en escena El toque de sofisticación, al parecer lo atrapó. A Mandrágora las jugadas le estaban saliendo brillantes; la reina, a punto de comerse un alfil. Él llevaría un buzo blanco y un vaquero azul. Sobrio. A ella le gustó. A las seis de la tarde comenzó a vestirse. Las medias estaban en la casa desde hacía mucho tiempo porque las había dejado su hermana, cuando se fue a vivir a otra casa. Se puso el vestido de lana celeste. Y el sombrero. Se rió.

5 ago 2012

TRÍPTICO: DEPORTE, POESÍA, AMISTAD... por Carmen Nani


20 de julio de 1969 el hombre llega a la luna…. El asombro y la alegría nos aunó a la humanidad toda en un abrazo cósmico y por un instante, fuimos nos olvidamos de las guerras, de los rencores para celebrar el día del amigo. Se que el día del amigo de éste año, ya pasó… ya lo sé, pero hoy quería recuperar el día del amigo. Porque ¿quién no se siente hermanado en una amistad exultante después de haber visto el desempeño de éste joven deportista Juan Martin del Potro, que con sus incipientes veintitrés años, nos regala una medalla de bronce…?  Una medalla a la tenacidad, al esfuerzo, al trabajo duro.
Podemos decir entonces, que la amistad conlleva sentimientos de alegría, de cariño, de colores e imágenes bellas, ¿no? Pues, bien como reza el refrán: no por madrugar se amanece más temprano quiero compartir con ustedes un poema de Yolanda Reyes que es distinto, raro y que en nada se parece a un poema en honor a la amistad…. Aparentemente.
Para los presuntos implicados en este poema... 

Mis amigos                     Mis amigos                      Mis amigos                
son malvados                 son lunáticos                   son primero
pandilleros                     despiadados                   son mis
despeinados.                  y fanáticos.                    ángeles
Calaveras                       Mis amigos                      del  cielo.
malhablados                   celestinos                       
malandrines                    alcahuetas
despiadados.                  y adivinos.
Mis amigos                      Con sus cuentos 
haraganes                       y sus mañas
sin principios                  son feroces
ni finales.                       alimañas.
Sinvergüenzas                 Me defienden
callejeros                        me acompañan
buscapleitos                    y me cuidan
pandilleros.                     las espaldas.
                      

Arcángel Equilibrista de Sosavento 
Yolanda Reyes, (Bucaramanga, 1959) es escritora colombiana. Inclinada desde muy temprana edad al cultivo de la creación literaria, ha desarrollado importantes labores de promoción y animación cultural en agrupaciones como el colectivo "Espantapájaros Taller", del que ha sido directora.
Especializada en sus inicios en literatura infantil y juvenil, entre sus obras cabe resaltar títulos como El terror de sexto B (1995) y María de los Dinosaurios (1998). Uno de sus cuentos, Los agujeros negros (2000), fue seleccionado por la editorial española Alfaguara para su colección "Los Derechos del Niño". Con posterioridad ha publicado Los años terribles (2000), novela de sarcástico humor sobre la

20 jul 2012

METALÚRGICOS cuento de María Elena Garay

A Osorio lo llevarán. Vendrán de día, cuando el olor penetrante de los tintes lo bañe de sudor o tal vez en la noche, cuando el sudor siga bañándolo de miedo.

 El encargado los deja descansar media hora; el calor de la forja y el ruido ensordecedor del martillo que estampa el hierro en el molde son insoportables. En ese descanso, así, con los mamelucos llenos de manchas, se reúnen a comer algo. Después, vuelven a su tarea. Esa mañana, Osorio anduvo en la planta de ensamblaje con un presentimiento, como que la suerte le iba a dar una mano y después le quebraría el brazo, pero no le dio importancia; tenía franco de media jornada, la cantina estaba abierta, él y los compañeros se divertirían un rato. Osorio se prendió con el truco; qué carcajadas cuando bajaba el macho de espadas, la verdad es que lo venía siguiendo con insistencia; otra tela para papá, decía, y el fajo en su bolsillo crecía de a poquito. Su pareja era Santiago, famoso por sus mentiras y su cara de piedra. Fue una larga tarde, se gastaron la quincena entre juegos y vinos. Estaba también Carmelo Ramos; había traído a su hermano gemelo, como siempre. Tan idénticos, que trabajaban la mitad del día cada uno para hacer una jornada, y el patrón no lo sabía. Y por supuesto, Lázaro Pineda y Antonio Benavidez Arce. Los dos se habían mirado con recelo siempre. Es que Lázaro le decía bolita, y que había venido a robarles el trabajo. Antonio bramaba y varias veces pasaron a las manos. El día anterior, el boliviano había ido a la procesión de la Virgen de Urkupiña, la santa de Cochabamba, y le había prometido ser bueno para que le mantuviera el trabajo; a juzgar por lo sucedido, olvidó enseguida su promesa. Antonio hablaba siempre con Osorio, le contaba que el hambre lo había traído hasta estas tierras y que cuando se peleaba con Pineda le venía la añoranza. Se recluía para pensar o se iba a la línea de montaje y trabajaba solo. Así que no sorprendió a nadie que, en medio de una jugada de pase inglés, Lázaro Pineda quisiera hacerle trampa, que Antonio Benavidez Arce le escupiera la cara y luego agarrara un fierro. Osorio miró asombrado cómo el boliviano levantaba la barreta y la comenzaba a bajar de punta, justo sobre el cuello de Pineda, que se echó atrás. Pero no logró escabullirse del puntazo. Lázaro Pineda cayó para adelante, su mano derecha sobre las baldosas sucias y la izquierda en la garganta, tapando un líquido espeso. Los compañeros se agolparon, los murmullos subían. Osorio se desesperó. Vio agrandarse en el piso la mancha colorada, lo lastimaban los quejidos de Lázaro; se hizo paso entre el montón y vio el cuerpo en el suelo, mirándolo fijo, en sus ojos todavía un brillo. Osorio no quiso mirar más. Al punto del vómito, se volvió a su casa.

7 jul 2012

CRIST, DESDE OTRA MIRADA, por Carmen Nani

Decir que conozco a Cristobal sería una osadía. Sí, lo he tratado como compañero de vida de una muy    generosa querida amiga.
Me impresionó por su  sencillez y su don de gente. Amante del humor, me inspira un profundo respeto. Se ríe de la vida y ese desenfado lo transmite no sólo en su arte si no también en lo que dice:
"De vez en cuando expongo, pero no me hago mucho el artista. Para hacer una carrera tenés que dedicarle la vida; lo que yo hago es darme el gusto", dice sobre su labor artística. 
Cuando en 1976 Charly García comienza con la banda “La máquina de hacer pájaros” se inspira en una historieta de Crist para bautizar al grupo. La historieta se llamaba "García y La Máquina de Hacer Pájaros" La banda se llamó al principio "Charly García y La Máquina de hacer Pájaros", aquí fue cuando Carlos García Moreno empezó a llamarse Charly. Pero finalmente el nombre fue simplemente "La Máquina de Hacer Pájaros", y el nombre de la placa fue como el de la tira “García y La Máquina de hacer Pájaros”. 
Según el propio García: “El nombre era muy bueno para lo que yo quería hacer, una cosa “sinfoniosa”, con vuelo”. Cuando fue consultado por el significado aclaró que los pájaros vendrían a ser el vuelo de su música y la maquina la batería tecnológica/humana que la genera. Crist realizó la historieta que aparece en la tapa y contratapa, para el disco, en dónde el protagonista presentaba a la banda a la como "un pájaro progresivo".
¿No existe, en las palabras de éste personaje un destello de ironía, aliada incondicional del humor del más alto vuelo?
Todos lo conocen como humorista y dibujante – cartoonist- A mí, sin embargo, me   intriga su juego de palabras… Lector apasionado y muy agudo, hace uso de su conocimiento del lenguaje para, de alguna manera, “tomarnos el pelo”.
Me lo imagino escondido detrás de alguna de sus historietas, espiándonos, esperando nuestra reacción ante el comentario de alguno de sus dibujos. Entonces, sonríe, con una sonrisa tierna como sólo puede tener una persona que ha ilustrado un libro para niños: Bichoscopio de Laura Devetach.-
Pero volviendo a las palabras y al juego que Crist propone, por ejemplo La tinta esencia de Crist:
En la Edad Media, la quintaesencia (latín quinta essentia) era un elemento hipotético, también denominado éter. Se le consideraba un hipotético quinto elemento o "quinta esencia" de la naturaleza, junto a los cuatro elementos clásicos: tierra, agua, fuego y aire. Para se más clara,  la quinta esencia, se refiere a lo más puro, más fino y acendrado de alguna cosa y/o persona. Cristóbal cambia, y ahí detecto su juego de palabras, quinta por tinta fusionando así, lo que hace, con la persona que es; más aún, me permito aventurar, Crist toma lo que percibe de las personas, del mundo en que vivimos, y lo plasma en situaciones desopilantes que terminan siempre arrancándonos una sonrisa...

20 jun 2012

DOS NOTAS PARA MARTINA cuento de María Elena Garay


Llegó a la casa entumecido. La llovizna se había prolongado todo el día arruinándole su tarde de deporte. Suerte que no dejó barro sobre el parquet, al día siguiente la empleada refunfuñaría por lo bajo; esta vez se acordó del felpudo a tiempo. Al lado del felpudo vio la carta. Estaba de mal humor; siguió hasta la cocina pero volvió, pensando que algo había en ese sobre que él debía saber. Si el cartero la hubiese traído por la mañana, la empleada la hubiera recogido y dejado en la mesita de la lámpara. ¿quién trae cartas por la tarde? Obviamente, carta para Martina, para quién si no. De sus clientes, amigas...¿abriendo correspondencia ajena? no era su costumbre, además el sobre no estaba cerrado, sólo con la solapa adentro. Leyó:

“Querida Martina, esta noche a las nueve”. Era la letra de su socio, el socio de Martina, ese pesado obsesivo del trabajo, igual que ella. Desde que había entrado a un estudio de arquitectura prestigioso no tenía descanso. Igual, él estaba tan orgulloso de su esposa, tan activa, tan capaz; los jardines más hermosos de la ciudad habían sido diseñados por ella. “Martina Aprile- Arquitecta Paisajista”, si hasta sonaba tan bien. Y él con ese empleo de mierda, corredor de seguros, cómo desentonaba, se sentía inútil, opaco a su lado, creía no merecerla, tan baja su autoestima. Decidió invitarla a salir esa noche, le pediría que no fuera al estudio, nada es tan urgente. A cenar a la orilla del lago, como cuando eran novios e imaginaban por cada lucecita de los barcos un hijo más. Ni hablar de hijos por ahora, había dicho Martina, con tanto trabajo...Eso, la invitaría. Se dirigió al cuarto para sacarse la chaqueta, los britches y las botas de montar. Saltos hípicos, su única pasión, además de Martina. Oyó que se detuvo un auto, sí, era el de ella. ¡El sobre!, lo dejó junto al felpudo y se sentó en un sillón del living, le gustaba verla entrar, elegante aún después de todo un día de trabajo. Incansable, Martina. Le diría que tenía planes. Juntos. Al diablo con la reunión, hasta estuvo tentado de esconder la nota, pero él no haría algo así. Desde el sillón y bien quieto la vio llegar ¡qué mal estaba! nerviosa, demacrada, tal vez a punto de pescarse una gripe. Tropezó con el felpudo, se le cayeron las llaves; él se levantó a ayudarla pero ella encontró el sobre, leyó la nota; ni que tuviera corriente eléctrica, la soltó y salió dando un portazo. En ese momento, el yunque de la sospecha que siempre pendía sobre su cabeza y que trabajosamente lograba eludir cada día, prácticamente lo trituró.

5 jun 2012

¿DE QUÉ QUERÉS HABLAR MAMÁ? por Carmen Nani


Pobre vieja, piensa el hombre mientras dobla el diario. Mira hacia la calle; la luminosidad del día enciende su remordimiento. Es sólo un café, reconoce, se lleva el pocillo a los labios y el café le sabe amargo. Escucha cómo en una mesa del fondo, cuatro mujeres pasan la tarde. No necesita mirar para comprobar que son mujeres de la edad de su madre. Sin embargo, no
puede evitar hacerlo. Apoya la mano en el respaldo de la silla y gira totalmente. Las observa un rato largo; son efectivamente mujeres mayores que ríen, hablan, se miran y no reparan en él. Vuelve a enfrentar su mesa y pide otro café. Ve el diario que ha dejado al lado del cenicero 
y recuerda el artículo que acaba de leer acerca de la incomunicación. 
... CUANDO VERDADERAMENTE SE TOMA UN CAFÉ CON ALGUIEN, SE CAEN LAS MÁSCARAS QUE NOS DESFIGURAN... 
Podría darle el gusto, sigue pensando. Prende un cigarrillo y el remordimiento cede para dar lugar a la intriga; frunce el ceño: Somos tres hermanos, ¿Porqué justo yo? ...LAS MÁSCARAS CAEN...  Vieja caprichosa. Cientos de veces la he invitado un viernes por la tarde o un domingo, pero no, tiene que ser un sábado, y a la siesta... LAS MÁSCARAS QUE NOS DESFIGURAN... ¿Mantener un capricho durante seis años?, Duda.  Pero si no es un capricho, ¡Porqué cuernos tiene que ser ése día y a ésa hora!. No coincide tampoco con al muerte del viejo; él todavía vivía cuando la vieja empezó con esta persecuta. Termina el cigarrillo  y aplasta la colilla varias veces en el cenicero. Mi amigo diría que estoy haciendo transferencia o cambio de roles; pero tampoco puede molestarme tanto un pedido de la vieja. Ahora  destruye la colilla, que ya sin forma, recibe su bronca. Sí me molesta... SE CAERÁN LAS MÁSCARAS QUE NOS DESFIGURAN...
Artículo de porquerías; quién me manda  leer esas estupideces. ¿Me estaré volviendo viejo? Sigue pensando, mientras la jarana en la mesa del fondo lo conmueve. ¿Qué querrás hablar conmigo viejita, y un sábado a la siesta? ; sabés que es el único día que puedo dormir  un rato. 
Los chicos  van a los Scouts y Marcela siempre tiene algún programa, habla en silencio. Es el 
único día que disfruto de estar sólo, entonces viejita, ¿Qué es lo que querés decirme?... SE CAERÁN LAS MÁSCARAS... Tampoco estoy tan equivocado; Marcela me da la razón, y eso que la quiere a la vieja. Se llevan bastante bien, aunque de un tiempo a esta parte se ven poco y nada... MÁSCARAS QUE DESFIGURAN...  ¡Ah no vieja! Sin querer golpea la mesa con el diario del artículo. Lo que me falta es que te pongas en suegra y pretendas llenarme la cabeza; pero no puede ser. ¿Esperar un café durante seis años para ponerme en contra de Marcela?