Estás en un pozo, la tierra es colorada, se ven las raíces de los ligustrinas que se te ocurren, cuerdas para saltar; seguís cavando, tus uñas están partidas y te duele mucho la punta de los dedos, pero hay que apurarse porque los primos están cerca y querés ser la primera en encontrar al abuelito. La Pelada tiró una pista: recordás que anoche, en el balcón de la casa de los tíos, les dijo a vos y a tus primos que el abuelito estaba debajo de la tierra, aquí en donde ahora el sudor te chorrea a mares. Si tan sólo hubieras traído la palita o el rastrillo, pensás, Jorge y la Techi , seguro que tienen algo para escarbar más rápido; vos sólo usás tus manos, tus uñas. Es tan grande tu deseo; Lía en el Jardín te ha hablado del suyo; querés conocerlo ahora, qué ansiedad tenés. Ayer nomás le preguntabas a tu mamá por qué no tenías abuelo, ni siquiera uno, ella te acarició la cabeza -cómo te gusta cuando ella te acaricia- y te dijo que los dos murieron antes de que nacieras. A la noche la Pelada dijo aquello. Y que sabía que estaba en ese lugar porque cuando la tía Tuca la trajo a la casa de la señora Chichí, el viejo vivía. No te gustó que le dijera viejo pero sabés que la Pelada es medio boba, que la Tuca no le saca la vista de encima; le da una gamuza para que lustre los muebles mientras ella hace la limpieza. Pero es divertida la Pelada : cuando vas a la casa de los tíos ella te cuenta a vos y a tus primos la historia de cuando mató un león en Africa y también cuentos de fantasmas, aunque después vos no dormís en toda la noche. Tu mamá dice que la tía Chichí es muy buena al dejar que la Tuca trajera a su sobrina a vivir a su casa pero siempre agrega qué sería de la Chichí si se le va la Tuca , si no sabe hacer nada. No sabés cuántas horas has estado cavando, ahora tenés miedo porque al fondo del pozo ya no llega la luz. Entrás, sacás un puñado de tierra, volvés a salir. Tu cuerpo cabe estirado en el agujero, calculás que es de tarde. Las voces de tus primos ya no se escuchan, hay mucho silencio. Te decís que debe faltar poco para encontrar al abuelito, te saltan algunas lágrimas y las lágrimas se mezclan con la tierra de las pestañas, te arden los ojos, qué hermoso debe ser tenerlo, cuántas cosas le preguntarás, seguro que te cuenta cuentos lindos, no como los de miedo de la Pelada.
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20 ene 2012
5 ene 2012
UN CUENTO CON HUMOR PARA EMPEZAR EL AÑO...por Carmen Nani
“Qué gorda estás”, le dijo Elena. Ojalá te conviertas en vaca, pensó Lucía mientras contemplaba la silueta esbelta de su amiga. Cuando Elena empezó a mugir. Lucía salió corriendo del bar dejando a la vaca frente a un capuchino. Al cruzar la calle, un taxi casi la atropella. “¡Tené más cuidado, abombada!” Escuchó que le gritaba. No pudo responderle pero sí levantó el brazo, y le mostró el índice y el meñique bien extendidos. El auto amarillo frenó de golpe, Lucía se alarmó. Sintió miedo cuando vio que el taxista se bajaba y que avanzaba hacia ella con una tremenda cornamenta en la pelada. Caminó, casi corrió hasta su auto. Cuando llegó ya era muy tarde, el agente estaba anotando la multa. Le rogó que no se la pusiera porque su marido la mataría, pero no hubo caso, la multa era irreversible. “Si usted fuera mujer, me entendería,” dijo finalmente. “Claro que te comprendo, mi marido me hace lo mismo, son todos unos machistas”, le contestó el agente que ahora sacaba un rouge de la cartera para pintarse los labios. Lucía se subió al auto, rumbo a su casa. Cuando llegó, estacionó debajo de la gran sombra del árbol del vecino, que le gritó: “¡Oiga, siempre lo mismo! Si quiere sombra plante un árbol.” “Tanto lío por este árbol de mierda, ojalá se te seque”. En ese momento las hojas desaparecieron y el tronco se tiñó de un marrón sin vida. Lucía se metió en su casa.
20 dic 2011
EL REGALO por María Elena Garay
A los tres años, me trajiste un muñeco enorme, suave como el terciopelo de los capullos tiernos, con ojos de opalina azul que se hamacaban delante de mi asombro.
A los seis, la aventura montada en la vereda con dos rueditas cuidadoras, rodillas lastimadas, la total libertad de la siesta con el sol latiendo en mis mejillas.
A los quince, me trajiste la ilusión envuelta en un tirabuzón de giros, brillos, gasas, un zapato con el taco roto y quince rosas rojas sin espinas.
A los dieciocho, un quintal de mariposas volándome por dentro, los labios húmedos y ajenos explorando mis poros y la maravilla de la sed.
A los veinticinco, me trajiste la felicidad del domador de tempestades, los acordes de otro vals en el centro del anillo de oro, azahares en el pelo y la esperanza del para toda la vida.
A los veintiocho, un vientre tirante como uvas, el rayo que partió la tierra, el miedo de estar viviendo un sueño, el sueño de las mamaderas nocturnas, la cuna rosa y sus manitas...
5 dic 2011
FRAGMENTO DE LA NOVELA "LA PATA DE CABRA"
No, nada llega tarde, porque todas las cosas
tienen su tiempo justo, como el trigo y las rosas;
sólo que, a diferencia de la espiga y la flor,
cualquier tiempo es el tiempo de que llegue el amor...
...Y no diré tampoco lo que vi en tu mirada,
que era como la llave de una puerta cerrada.Nada más. No era el tiempo de la espiga y la flor,
ni siquiera entonces llegó tarde el amor.
José Ángel Buesa
Cobijo entre mis brazos a este hombre que se me ofrece desnudo, absolutamente vulnerable. Le acaricio el cabello. Lo dibujo con la yema de los dedos. Ahora duerme tranquilo, sereno, inofensivo. Ha quedado quieto el deseo. Sólo me une a él la ternura y el saberlo tan carente de afecto como yo. Lo siento respirar sobre mi pecho, tan mío, buscando aún en sueños mis caricias. Es como un gato acurrucado en los brazos de la persona en quien confía. No desconfía de mí. No sabe de mis remordimientos, ni de mis debates entre este hombre que ahora me cautiva, me consume, y ese otro que por momentos me amedrenta hasta el miedo más íntimo. ¡Cómo logro eternizar este momento, atraparlo en el tiempo! Conservarlo así, débil, frágil, sin una sola de sus máscaras. O la que tiene ahora es otra,
20 nov 2011
PASAN LOS COMEDIENTES por María Elena Garay
Cada vez que morimos, ganamos más vida.
Las almas pasan de una esfera a otra sin pérdida de personalidad,
y se hacen más y más brillantes. Víctor Hugo.
Las almas pasan de una esfera a otra sin pérdida de personalidad,
y se hacen más y más brillantes. Víctor Hugo.
I
Pasarás en el carruaje, con los demás artistas, ataviados con sus trajes de tafetán y terciopelo. Seguramente dormida, arrebujada en tu propia pollera, ancha, pesada y llena de polvo de camino.
Conozco la Comedia de memoria sin haberla visto nunca. Recito tus párrafos enteros. Al final de la función los cortesanos te llenarán de halagos, y los bufones del rey anunciarán varias veces tu salida. Al imaginarte tocaré el cielo.
Pero sólo estaré oculto en la espesura del bosque, fisgoneando entre las matas el paso del carruaje. Por días y días habré tratado de colarme en el palacio, en vano. Me quedaré esperando, sólo con la compañía de mi perro, entre las matas.
Antes habré recorrido otros pueblos y llegaré siempre cuando te hayas ido. Mi vida será el purgatorio de vagar, pobre campesino, buscándote sin encontrarte.
Hasta que un día el carruaje llevará cintas ondulantes. Serán blancas y reirás, tomada del brazo de Virgilio. Feliz, recién casada. Entonces me internaré por un largo tiempo en el infierno, mi pequeña, mi lejana Beatriz
. II
Has de mirarme con mal disimulado asombro, y te recostarás blandamente sobre la cama. Esa mañana habremos de correr sin aliento por las calles, como dos desangelados, y nos contaremos otra vez la historia de nuestro encuentro al pie de la torre Eiffel, cuando decididamente te llamé Beatriz y vos respondiste como si nos conociéramos de toda la vida. Y reiremos recordando mi primera frase para seducirte: - Te estaba aguardando en el infierno.
Por la tarde irás a tus ensayos de teatro y yo te esperaré con los ojos cerrados, soñándote en el sillón a rayas celestes y amarillas. Cuando vuelvas, la alfombra nos acariciará la espalda, mientras Van Gogh nos tira girasoles desde el cuadro y mi perro te lame la cara, como siempre.
La vida, escamoteando de a poco a tu carne su esplendor, cruel enfermedad, no ha de separarnos.
Partiremos de noche. Siempre estamos partiendo. Habrás preparado la cama con las sábanas más finas, la música será suave y nuestro perfil, imperceptible.
Entonces brindaremos por la eternidad y beberemos confiados el último trago. El del veneno. Del mismo vaso. Será en la madrugada, veinte segundos antes de que nuestros cuerpos se tensen al unísono, en un acorde final.
4 nov 2011
RECUERDOS EN SEPIA por Carmen Nani
- Vamos adentro abuelo, le dice mientras prepara la silla de ruedas.
- Está muy fresco y le puede hacer mal -
” ¡Qué insolente! ¡Tratarme de viejo!” El anciano aprieta los apoya brazos del sillón de mimbre con bronca. Las manos empalidecen. No se mueve ni guarda la foto.
- ¿Es su hijo, abuelo?, la mirada del viejo se endurece. No la mira. La enfermera entiende que ha hecho la pregunta equivocada.
“¡Qué Estúpida! ¡Quién querría ser su propio hijo!” El viejo se mira en la foto.
Cuarentón, bien parecido. Se examina los dientes con detenimiento. Se evalúa frente al espejo, como siempre. La piel suave. Loción para después de afeitar. Se peina. Después, sacude levemente el pelo para darle naturalidad. “Bastante bien, no cualquiera”, piensa mientras se calza la campera de cuero y sale del departamento. No imagina que acaba de contemplar su imagen por última vez. No sospecha que ese que vio, solo será un recuerdo que no volverá a encontrar en ningún espejo
21 oct 2011
INÚTIL RECORDAR por María Elena Garay
No existe otra manera
Entre el ojo y la mano hay un abismo
Jorge Boccanera
Inútil recordar. Lo tenía tan claro en el comienzo de su travesía. Sabe que ha salido a buscar algo importante; ha caminado por días y ahora la fiebre lo confunde. Recuerda vagamente el castaño profundo de los troncos de árboles altísimos, sus ramas color gris plateado, las siluetas temblorosas entre las piedras, y el cielo azul. Añora la humedad, los estuarios de los ríos que se apresuraban a los pantanales.
Camina por una altiplanicie escarpada; el viento es helado y la arena se adentra en cada paso en las llagas de sus pies. Un dolor punzante como espinas. Sí, recuerda las espinas de los arbustos que dejó atrás; se ha pinchado y ha sentido el sabor de su sangre en la boca; ahora está reseca y el calor y la fiebre lo enajenan. Si tan sólo hubiera venido con uno de sus hijos. Está solo, hace mucho tiempo que está solo.
Se detiene a descansar un momento. Cómo olvidarse por qué ha caminado tanto. Se le viene a la mente la madre de sus primeros hijos, tan lejana que no recuerda el color de su pelo. ¿Negro, castaño? Aparece la paleta multicolor de las cabelleras de todas las mujeres que lo amaron. Tan amado y tan solo. Se levanta y camina un trecho más: pasando la meseta encontrará lo que busca, lo sabe y sigue casi sin aliento ya.
No se equivoca; tras el horizonte, una gran bajada lo apura a un terreno lleno de gomeros, mangles y helechos. Los cálices de las orquídeas le dan agua y toma el fruto delicioso de las moreras. Escucha el canto de los pájaros y el bisbiseo de las serpientes. Está en terreno conocido: se lo dicen los gritos de los monos y la furiosa hermosura de las plantas carnívoras. El sol está desapareciendo por la hora y la espesura; se tiende a dormir en un lecho de raíces leñosas, tapizado de musgos.
De pronto aparece una mujer, ella lo acaricia con una piel más suave que la de sus mujeres; una tibieza dulce lo golpea como gotas de lluvia y comprende que es su madre, y es a ella a quien buscaba. La fiebre ha cesado, ya no siente cansancio.
El hombre la mira como si fuera la primera vez, no la recuerda tan hermosa; no la recuerda. Tiene tantas cosas para preguntarle; él ha olvidado todo y ella tendrá que decirle cómo fue su infancia, cantarle las canciones de cuna, repetirle los cuentos, confesarle qué frutos ponía a los potajes que lo hicieron fuerte y añoso. Quiere recuperarse a sí mismo ¿Por quién sino por su madre?
El hombre luego, contará su historia, esa que ha olvidado, a sus hijos que son abuelos y a los hijos que vendrán. Y les hablará de ella, su madre, que ahora le está acariciando la cara y secando las lágrimas. Tienen tanto tiempo para estar juntos y su cansancio es tan grande; se acurruca en su regazo, contra su pecho, como un niño, y se duerme. La ha encontrado.
El sol aparecerá al día siguiente por entre las hojas gris plateado de los árboles del paraíso y Dios, desde lo alto hablará: He cumplido contigo, Adán; te he dado en el último sueño lo que tanto me reclamabas.
5 oct 2011
LA FIGURA DE UNA MADRE
Como el próximo 16 de octubre se celebra el día de la madre intenté buscar información sobre la figura de la madre en la literatura. Para mi sorpresa y desilusión, mucho de lo que encontré, está bañado de un halo de tragedia y de muerte. La mayoría, asocia el recuerdo de la madre con un sentimiento de devastación, si tenemos en cuenta la vida de sacrificios que la generación de nuestras madres debió soportar, o de callosidad si nos referimos al residuo que aquel padecimiento dejó en nosotras. Un ejemplo de esto es la novela de Laura Esquivel “Como agua para chocolate.” Tita, la protagonista está condenada a la soltería a pesar del amor que siente por Pedro porque una tradición familiar le impone, como la menor de las hijas, cuidar a su madre hasta que ésta muera. Una madre que esta muy lejos de ser el estereotipo amoroso que cada quién puede concebir en su imaginario. Por el contrario, es una mujer dura, absolutamente egoísta que no duda en hacer de la vida de Tita un verdadero calvario. Pedro deberá buscar una solución de compromiso para estar cerca de Tita, casándose con su hermana Rosaura. La situación va generando una tensión agridulce que llenará todo el relato de acercamientos y desplantes, de dolor y esperanza. ¿Por qué mamá Elena es tan resentida y descarga toda su frustración en Tita? Como le pasa a todas las mujeres: por una pena de amor. Tita descubre que su otra hermana, Gertrudis no es hija de su padre cuando Mamá Elena es violada por unos asaltantes y Tita tiene que regresar para atenderla. Mamá Elena no acepta ni la ayuda ni los caldos de Tita y muere a consecuencia de sobredosis de los purgantes que toma para evitar ser envenenada por ella. Es entonces cuando Tita descubre las cartas que cuentan la historia de amor de su madre y el padre de Gertrudis. Una novela que incursiona en el realismo mágico pero que arranca todo lo mágico que el amor de una madre puede lograr.
1914. Arde Europa. El archiduque Francisco Fernando ha sido asesinado en Sarajevo y brotan en el mapa las manifestaciones de una guerra que se convertirá en la mayor conflagración de todos los tiempos y se llevará millones de jóvenes vidas. ¿Qué relación hay entre el archiduque muerto y los hijos de Ana, humildes campesinos de Eslovenia? Ladislav, Janez, Josef, Franz y Ferdo: uno a uno la madre los verá partir, con el ardor juvenil en los rostros, hacia lo desconocido. ¿Cómo encontrar belleza en el horror? ¿Acaso alguien podrá rescatar de ese infierno el derrotero de sus vidas y reconstruir el vaivén de sus destinos? Ana, la madre amorosa que vio crecer a cada uno de sus cinco hijos y que enloquece de dolor al comprobar que la guerra lo ha tragado a todos. En “El oso de Karantania” de Cristina Loza, la madre representa ese amor incondicional, ese amor que espera en silencio el regreso de sus hijos; ese mismo amor que la llevará a la peor de las muertes: sin los que ha engendrado y en la más absoluta soledad. La madre es en este caso sinónimo de dolor.
Si buceamos en el cine,
21 sept 2011
BESOS QUE DAN VIDA por María Elena Garay
Hay fotografías que perpetuaron un momento y pasaron a ser íconos de una época: la foto del Che Guevara tomada por Alberto Korda el 5 de marzo de 1960 o la de Albert Einstein sacando la lengua a la cámara, (14 de marzo de 1951) de Arthur Sasse, que nos devuelve una visión cómica y desenfadada del genio. Y tantas otras…
Una en particular me conmueve: la que tomó el fotógrafo Alfred Eisenstaedt el 14 de agosto de 1945: un marinero besa a una enfermera que pasa por la neoyorquina plaza de Time Square. Ese día el presidente de EEUU Harry S. Truman anunció la rendición incondicional de Japón y el final de la Segunda guerra mundial. (La rendición fue el 15 pero por la diferencia horaria, se registró en EE UU cuando todavía era 14). La foto dio la vuelta al mundo. La enfermera, identificada después, era Edith Shain, quien falleció el año pasado a la edad de 91 años; no se sabe la identidad del soldado. Cada año, parejas estadounidenses celebran con un beso multitudinario el fin de la guerra, junto a la estatua que reproduce el famoso beso en la misma plaza. Para ellos esa foto es el símbolo del V.Day (Día de la victoria sobre Japón).
Para mí esa foto representa la victoria del amor sobre la guerra, la alegría sobre la destrucción, de la razón sobre el desquicio, Eros en contra de Tánatos.
En agosto de 2010, EEUU anunció el cierre de su campaña militar en Irak. ¿Los marines vuelvieron a sus casas? Quedan atrás las armas de destrucción masivas nunca encontradas, la tortura en la cárcel de Abu Graib, cincuenta mil soldados estadounidenses caídos y cientos de miles en el país invadido (entre civiles y militares) ; un millón y medio de desplazados. Ante tamaño escenario de masacre me gustaría ver fotos, miles de fotos como las del V. Day, con los soldados de ambos bandos celebrando estar vivos, con un beso. (De hecho hay un mito egipcio en el que al besar se da vida a los muertos) Los besos de las esposas, novias, madres, hermanas que sufrieron los siete años y cinco meses que duró esta atroz guerra, delirio de un loco que escuchando la palabra de Dios (Bush), en marzo de 2003 cacareó una victoria en 40 días.
Pero me temo que eso no será posible, no totalmente. Quedan en Irak más de 50.000 soldados en la Operación Nuevo Amanecer. Y muchos de los que se fueron con su equipo bélico, fueron llevados a Afganistán donde sigue la lucha y persecución contra los talibanes y al Al Qaeda. Besos postergados, abortados, imposibles.
Y me gustaría ver en grandes murales los besos que se dieron en los 60 y 70 las parejas que se opusieron a la guerra de Vietnam. (¿No aprenderán nunca de las derrotas?) Al final tenían razón esos loquitos pelilargos que desde Woodstock proclamaban hacer el amor y no la guerra. ¡Qué sentido tenían aquellas fotos también íconos de Jhon Lenon y Yoko Ono en la cama!
Por ahora, el afán imperialista y armamentista de los “dueños del mundo” sigue renovando conflictos, negociando con el petróleo, las armas y con las drogas; sigue la ruleta rusa con los seres humanos.
Mejor, sigo con los besos. Más aún: los besos en el arte. Los artistas representan la pasión de un beso de amor (su propio sentimiento) de diversas maneras: Imposible olvidar la estatua de El beso de Rodin, esculpida en mármol (1888). Aunque en realidad la imagen femenina representa a Francisca de Rímini, personaje del Infierno de Dante, me la imagino a su amante, la también escultora Camile Claudel. La posición de los cuerpos desnudos, la torsión de los músculos, la pasión que de ellos emana, emociona, encandila; mirarla en directo (mide 1,90 por 1,20 por 1,15) debe ser soberbio.
5 sept 2011
EL AVISO, de Carmen Nani
“Mirá Sara, no sos la única
que reclama ternura”, dijo Tomás mientras leía el diario del domingo.
“¿Qué decís?.” “Nada, es una broma.” ”Para variar, una broma que solamente vos
entendés”, contestó Sara mientras doblaba la ropa. Estaba cansada, aburrida, y
él se daba cuenta, de eso estaba segura, pero se hacía el oso, le convenía. Era
más fácil dejar las cosas como estaban; siempre enfrascado en la lectura, sino
era el diario, era un libro, o cualquier cosa que cayera en sus manos y que por
supuesto tuviera letras. Al principio creyó que leía por pasión, pero con el tiempo
comprendió que lo hacía por comodidad. Tomás prefería un libro a una charla,
porque frente a un libro era dueño de la
verdad, el libro no tenía la posibilidad de contradecirlo. Por eso Tomás
leía. ¿Y ahora qué hace? pensó Sara mientras veía que su marido buscaba
algo. Había dejado el diario sobre la mesa y tuvo la impresión de que había
señalado algo. Por primera vez sintió curiosidad. ¿Era curiosidad, o inquietud
ante la intuición de un peligro inminente? “¿Dónde está la tijera, Sara?”. “ En
el cajón del bargueño debajo de un block de hojas amarillas”, mintió Sara.
Aprovechó el tiempo que Tomás demoraba y sin moverse demasiado, se estiró todo
lo que pudo para ver qué había marcado su marido en el diario.
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20 ago 2011
SIN RED por María Elena Garay
Solo, al filo de la muerte, Porfirio Zapico habría de develar el enigma propuesto por el viejo titiritero aquella noche, tan lejana y tan igual.
Ya era la hora. La oscuridad de su lecho, la inmovilidad de los grillos, esa sorda inmutabilidad del universo, le decían en un último silencio que todo estaba a punto. Y esperó. Como esperaban el plato de la sopa en las noches de invierno, como ansiaba la esquiva mano de la ayudante del mago, cinco centímetros antes del contacto.
Hacía veinte años que, así tan pronto como escuchada, la frase se le había borrado de la memoria, y vino a adherírsele ahora como una tinaja recién moldeada sobre su cerebro.
Comprendió.
Porfirio Zapico vio balancearse delante de sus ojos al trapecio, las gradas venirse a pique a cuarenta y cinco grados vertiginosamente. Creyó sentir fugazmente la risita seductora de la ayudante del mago, escuchar el tropel de los caballos, aturdirse con un estruendo escandaloso de palmas. Entonces buscó las manos desnudas de muñecos del titiritero, sabio anciano que en su lecho de muerte había jurado a su hijo que lo estaría esperando con los brazos extendidos en el trapecio de enfrente, justo a esta hora. Él lo sabía, era ésta la hora.
Y Porfirio Zapico se lanzó.
Cuento publicado en "El límite de lo irreal o de Hoy no pasa"
5 ago 2011
SOMBRA por Carmen Nani
Hoy me desvela la cantidad de asociaciones que se pueden establecer a partir de una palabra;cualquier palabra. Por ejemplo, escuchaba el segundo capítulo de la novela de “El Retorno del Profesor de baile” de Henning Mankell, cuando las sombras que aparentemente atormentan al protagonista, me llevaron a preguntarme qué significado tienen las sombras para mí.
La primera asociación fue con un momento del día; el momento en que la tarde va cediendo su lugar a la noche pero que conserva cierta claridad, aunque no suficiente, como para proyectar sombras. En ese momento mínimo, escueto surge la verdad pues la mentira, al no encontrar sombras, no tiene donde esconderse. Es también cobijo, ya que mucho se puede descansar a la sombra de un árbol. ¿Acaso no ha sido oasis de muchos peregrinos? Pero por otra parte la relaciono con el miedo, con el temor que me produce la oscuridad, o los que no tienen sombra, como los vampiros; aunque Drácula es una gran historia de amor, estos seres carentes de alma siempre acosaron mi fantasía de niña, y de no tan niña. Recuerdo cuánto me impresionó el filme “El Hombre sin sombra” versión adaptada de lo que yo conocía como “El Hombre Invisible.” El Dr. Sebastian Caine (Kevin Bacon), un brillante pero megalómano biólogo molecular, trabaja en el suero de invisibilidad para militares de EE.UU., así como en un medio para devolver al receptor la visibilidad. Un hombre, que por invisible no proyecta su propia sombra, una de las razones quizás que lo llevan a perder su humanidad.
En muchos juegos fantásticos, se identifica la sombra generalmente como la fuente de las artes oscuras y la magia negra.
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