Custardoy. Es la única vez, que yo sepa, que ha tenido
escrúpulos, o quizá fue piedad. Venga, voy a hacerlo.
Custardoy es copista y
falsificador de cuadros. Cada vez recibe menos encargos para su segunda
actividad, la mejor retribuida, porque las nuevas técnicas de detección hacen
casi imposible el fraude, al menos a los museos. Hace unos meses le llegó una
petición, de un particular: un sobrino arruinado quería darle el cambiazo a su
tía, que poseía un pequeño e inacabado Goya, escondido en su casa junto al mar.
Ya no podía ni esperar su muerte, pues la tía le había comunicado que así como
le legaría a él la casa, había decidido dejarle el Goya en herencia a una
criadita joven a la que llevaba algún tiempo viendo crecer. Según el sobrino,
la tía estaba idiotizada.
