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1 nov. 2010

LA SOLEDAD ¿UNA AMIGA O UNA ENEMIGA IMAGINARIA? por Cecilia Spina

Dicen quienes saben de psicología, que desde Freud hasta Piaget, los amigos imaginarios, esos personajes construidos por la imaginación del niño durante su primera infancia, son considerados presencias imperativas para el buen desarrollo psicológico del niño. Que obran de soporte emocional, y que en lo congnitivo, interactuando con su amigo invisible, el niño ensaya la resolución de conflictos. Este proceso acabaría en torno a los siete años, cuando se considera que ya el niño debe ser capaz de diferenciar ese mundo interno imaginario, del mundo real.
Dicen también, que tales amigos son más frecuentes en niños de imaginación muy fértil, en especial en aquellos con una inteligencia superior o hijos únicos.
Dicen que la fantasía provee de un compañero/a casi siempre de igual sexo, con quien se juega y conversa durante el día, que tiene nombre, que ocupa un lugar en el espacio y que tal relación suele ajustarse a la expresión de amigos inseparables. Juntos funcionan como una dupla fantástica.
Dicen que a veces ese amigo personifica los ideales del niño, es lo que él quisiera ser.
Digo entonces, que es un personaje que remienda la colcha que abriga el cuerpo y el alma del niño, cierra el agujero negro de los sentimientos de abandono, de incapacidad, de impotencia. Con ese hilo de ilusión zurce el hombre, desde pequeño, los agujeros de sus medias para seguir caminando.
Ahora me pregunto, ¿quién puede dictaminar que pasados los siete años ya no es lícito tener amigos imaginarios, una compañía que no viene de fuera, que se despega en la hondonada de uno mismo?, ¿quién puede aseverar que en el hombre fue aniquilado el niño y sus sabios recursos instintivos de supervivencia? Las buenas experiencias flotan en este charco o en este océano de la vida, según quién, y en la emergencia manoteamos y nos abrazamos a los salvavidas naranjas, amarillos, como soles a la deriva.

El sentimiento de abandono es una de las causas movilizadora de la construcción de un amigo fantástico. La soledad en la edad adulta, ¿qué paracaídas construye para evitar el colapso? ... ... ...
Lo natural es salir en busca del otro de fomas diferentes: está aquel que busca compartir el banco verde de una plaza, están otros de excusas más elaboradas que marchan a estudiar cirílico o arameo ("siempre lo desee y nunca tuve tiempo de hacerlo")  con tal de acercarse a otros cuerpos y sentir que laten, que irradian calor, el suficiente como para hacer posible quitarse ese sacón de lana que pesa día y noche sobre el cuerpo mientras se habita la casa.
La soledad... "no es bueno que el hombre esté solo". Ya lo dijo el Creador, y así lo repite desde siglos y por siglos el Génesis en su capítulo 2, versículo 18. Pero la realidad a veces se impone.
Pues bien, un rato de plaza, un poco de arameo, y de vuelta a casa. Y de nuevo la soledad sin plaza ni arameo. Quizás sea entonces el momento del salvavida naranja.
Hace algunos años quedé impresionada por una poesía de una poeta hallada al azar, porque tenía que darse, porque la energía de sus versos hicieron blanco en mis ojos y la vi. No sé como fue. Lo cierto es que leí el Poema I del Libro de la Soledad de Glauce Baldovín, cordobesa, nacida en Río Cuarto en 1929, y que dice así:

"Aún no sé cómo llegó a pesar de todos los años transcurridos.
La sentí frente a mí.
Yo tejía una bufanda con agujas de metal blanco
o de un gris casi blanco
y me pidió que siguiera tejiendo.
Quería ver cómo movía las manos.
nunca le pregunté
por temor quizá a la respuesta
o porque estando con ella era tanto lo que teníamos que hablar
tan sugestivo el silencio,
que ese detalle
el por qué, el cómo,
perdía toda importancia.
Lo único que recuerdo
y que se repite a diario entre esfumado
entre nebuloso
es que las anémonas violetas que llenaban la jarra de plata
se marchitaron
de pronto
y los pétalos blanquecinos lilas de ceniza
cayeron a la mesa,
al suelo.
Se levantó el velo que le cubría el rostro
y sus ojos azules, negros de tan azules,
se clavaron en mis ojos.
Nunca mas hablamos de ello
pero cuando me dijo
después de haber recorrido toda la casa
de haberse detenido en los rincones en las colchas en los espejos
“yo soy tu soledad”
nos abrazamos entre llorando y riendo
nos acariciamos la cabeza
y fue el momento mas tierno del que tengo memoria."

Creo que Glauce, tocó el milagro. Descubrió que la soledad no era tan sola. Que dentro de ella vivía otra que compartió la vida con ella. Reconozco ese encuentro con esa otra que logró nuestros anhelos, que completó en el imaginario, la otra mitad que nunca fuimos. Casi el segundo tiempo de un amigo imaginario del cual mejor, no se ocupen los psiquiatras ni psicólogos.
Agrego algo de mi experiencia y cosecha, sin pretensión de vuelo, de calidad poética, como la de Glauce. Simplemente digo:
Mi  casa es muy chica para tan grande soledad, que no halla donde acomodar su trasero. Porque la realidad mía es así, como en casi todo, navego contra la corriente. Siempre escucho decir que la casa queda grande después de ciertas partidas para habitarla con la única compañía de la soledad. Claro, en este caso la acompañante más enemiga que amiga, seguro que es flaca, oscura, casi una sombra atada a los talones de la mujer sola desde donde se despega apenas de su cuerpo. La imagino hablando bajito. Más que hablando, gimiendo. El tocado de tul negro y los mechones de cabello como babas, le cuelgan y cubren la frente y las mejillas que se le han replagado, chupado entre las mandíbulas. Y la casa queda grande.
La mía, mi compañera en cambio, es opulenta, de tetas grandes. El trasero de carne tensa es como un globo terráqueo presionado en los polos, con un meridiano de Greenwich que nace bajo la nuca tímido y la circunvala  hasta la garganta, cruzando por mares de aguas profundas. Tiene oscura la piel y las intenciones, por lo atrevidas e imprevistas. Los cabellos van recogidos, firmes con un turbante naranja, soleado. Habla poco. Casi siempre canta y ríe. Las dos sabemos que vivimos en duplicado pero sin carbónico. Con tanto trasero y tanto pecho, tanta música, tanto jazmin en el escote, tanta bata floreada, la casa resulta chica. A veces debo pasar de refilón entre ella y los muros. No hay forma de ignorarla. Mucho menos de sufrirla.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Entonces estás chocha con tu soledad? Tan erótica ella, tan sensual, se diría que cualquier compañía molesta. Aclárame por favor.Necesitamos momentos de soledad , ya que sí! pero vivir enamorada de ella...

Anónimo dijo...

Como dicen los orientales: Nadie conoce nada mientras no lo vive. Glauce y Cecilia saben de soledades.
Aunque el tema es vasto. No sólo hace a la compañía... tiene mucho que ver con el ser: la soledad por la deficiente correspondencia entre la vida y el anhelo del ser... No olvidemos que somos "lanzados" al mundo(Heidegger); y el que no encajó, se embromó... en fin... saludos. Pedro hno.

Lucrecia dijo...

Creo que la soledad grande, alegre, sensual, que ocupa mucho espacio, ahoga y asfixia tanto como la soledad finita, delgada y oscura. El cambio está en la sabiduría de hacerse amigo de ella, saber compartir con ella y saber combatirla cuando duele mucho. Entonces ahí si aparecen sus colores y su música, también su fantasía. Entonces la soledad, que siempre es soledad, pasa a ser compañera y cohabitante de la casa y la llena.

Piel de lechuza dijo...

Respondo al anónimo que comienza diciendo muy irritada/o... entonces estás chocha con tu soledad? Ni chocha, ni mucho menos enamorada. Simple sobreviviente de una grande soledad, que busca el modo de vivirla con dignidad por sí, y para irradiar toda la buena energía a los demás. La soledad oscura, nos vuelve resentidos con la vida y con los otros. Gracias por escribirme!!!

Piel de lechuza dijo...

Qué le puedo responder a mi hermano querido por este medio. Tanto nos conocemos... tanto nos intuímos... Dejarte mi ¡gracias! por leer mis pequeños artículos y por darme tiempo respondiéndolos

Piel de lechuza dijo...

A Lucrecia le respondo, que se ha escapado del terreno de la poesía y habla desde la realidad y su efecto piscológico. La soledad es una percepción. Vos hablás de hacerte amiga, ser compañera. De una percepción? difícil. Solo existen modos muy personales de superar ese estado. Cada uno haciendo su experiencia. La cosa central es no andar vociferando cargos ni colgando cargas. Después, si te gusta gorda y alegre o flaca y ojerosa, es cosa de elección. Lo que te venga bien, amiga!!!! Y adelante con los faroles!!!

Pinta dijo...

Unos hablan de una soledad gorda, otros de una flaca; la relacionan con la escencia del ser, con el enojo... vos hablàs de aprender a llevarla con dignidad para dar energìa cálida, positiva a los que te rodean... Yo doy fe de que lo has logrado, con anchura y de sobra. Excelente artículo escritora y mujer que le hace guiño a la soledad y que prendida de la solapa la lleva con absoluta dignidad. Me voy con mi soledad a medias hasta la próxima.
Pinta

Piel de lechuza dijo...

Gracias infinitas Pinta!! No creo estar a la altura de lo que expresas sobre mí, lo que si puedo asegurar es la transparencia de las intenciones con la que escribís.Sabés que la peleo. Y vos tenés la virtud de comentar (conincidiendo o disintiendo) desde un SENTIMIENTO SANO. Gracias, gracias.

Anónimo dijo...

Soledad necesaria,para encontrarse con uno mismo...
Soledad inesperada,como cachetazo...
Soledad de hastío,buscando miradas que no se encuentran...
Cada uno con su soledad en algún momento de la vida,resolviéndola como "le de el cuero"...imaginando, llorando, riendo...
Me gustó mucho el escrito y celebro tu forma de "vivir"la soledad.
Eugenia

anónimo dijo...

La soledad es a veces una amiga pulposa, pródiga en desenmascaramientos e intuiciones, que nos gratifica con emociones profundas y posibilidades que se multiplican al infinito; una amiga flaca y obstinada que nos entorpece y esteriliza, cargada de nihilismo e impotencia, otras....
el tema como siempre es saber como manejarlas, disfrutarlas o limitarlas según los casos y asumirlas con toda la dignidad y cariño que conlleva toda amistad.
Me encantó el artículo, y me emocionó reencontrarme con el cuento de la casa y sus patios.....