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3 ago. 2010

LA SALUD DEL PLANETA Y DE LA MEMORIA por Cecilia Spina

Hace años que se viene hablando sobre la salud del planeta y especialmente los ecologistas advirtiendo que no es tan inquebrantable como imaginamos. Pero por resistencia o indiferencia fruto de la abundancia, recién ahora comienza a activarse la alarma en la conciencia colectiva. Preocupa al ciudadano común, la desaprensión con la cual se administra la explotación de las fuentes naturales, sean minas o depósitos de combustibles fósiles. También se cuestiona, el destino de la basura. En lo personal, los desechos plásticos están al borde de mi obsesión. Ojala fueran pesados, me digo. Pero no, son livianos, etéreos, capaces de volar o rodar imparables, hasta dar con una reja o un alambrado y allí quedar flameando hasta que otro viento les haga reanudar la marcha. Nunca desaparecer. Sabemos que, dentro de un sistema creativo y ordenado, muchos de los desechos podrían ser reciclados, vueltos de alguna forma al consumo. Se trate de papel, plásticos, metales o vidrio.

Hace pocos días, por Discovery channel, pasaron un documental sobre una planta de triturado de chatarra: autos viejos y equipos metálicos de artículos de electrónica o electrodomésticos. Esta planta, que a modo de ejemplo permitió ilustrar para quienes no conocemos el proceso, está emplazada en la ciudad de Bristol, Inglaterra, sobre la zona costera para facilitar la salida del material en buques cargueros. En este caso, el Evdoxia, de 100 mil toneladas de capacidad de carga, llega al puerto y grandes grúas con pinzas de múltiples dedos articulados, alzan el material ferroso desmenuzado y acopiado en el muelle, y lo levantan y descargan en compartimientos del barco. Se recupera el metal lo más limpio posible. Previo a ello, la chatarra fue aplastada por rodillos, triturada por cuchillas y seleccionada por imanes. Algo similar ocurre en las plantas recicladotas de plásticos. Están los molinos que trituran el material, reduciendo los envases, por ejemplo, a escamas y posteriormente a través del calor, las peletizadoras arrojan los pellets, cilindros diminutos de resina reciclada.
Esta última escena es la que compone el angustiante cuadro de situación en Toy Story 3. En la película, el protagonista Andy, es ya un muchachito de 17 años, próximo a ingresar a la Universidad. Ante la abundancia de expectativas que le dibuja el futuro, el pasado le parece prescindible. Es entonces cuando, reordenando sus pertenencias para crear nuevos espacios, Andy se desprende de los muñecos que han compartido, o mejor dicho, construido su infancia. Por un accidente que hace a la trama del film, los juguetes son arrojados a la basura y transportados a una planta de selección y reciclado, teniendo como último destino el fuego de un horno. Ese hueco naranja, llameante, es el trágico fin del vaquero Woody, del astronauta Buzz, del caballo Tiro al blanco, de la vaquerita Jessie, de Rex, el tiranosaurio, del cerdito Hamm, del señor Cara de papa. Por suerte, en estas historias suele haber siempre un héroe, o un salvador circunstancial. Aquí, tres extraterrestres, manipulan una garra metálica que los pone a salvo.
Cuando encaro la hazaña de limpiar y ordenar espacios complicados de mi casa, tropiezo con objetos que me plantean un cuestionamiento de conciencia:¿esto debe o puede perecer? Y es que tales objetos parecieran dotados de alma y al momento de decidir su destino ellos crean por sí mismos un espacio de inmovilidad y silencio.
¿Algo reñido con la vida de un hombre merecería ser preservado, no reciclarse? Es el caso de algunos juguetes, quizás. Y es que no solo se traen a sí mismos en el recuerdo, sino que arrastran consigo desde la penumbra de la memoria, personas, diálogos, estación del año, olores, con una fuerza más provocativa que la de una fotografía, por ser menos explícita y más sutil.
El escritor Héctor Tizón, en el cuento “Regreso” habla del retorno de un hombre a la casa vieja, después de la muerte de su padre. En un fragmento dice así:
“Está sentado en el suelo (del desván) y balbucea; aprieta el percutor de un resorte, y una serpiente, bella y verde, salta y se pone en movimiento, sólo por un instante y muere con esa muerte seca y pronta de los monigotes de madera. Él la contempla aterrado y feliz y quiere repetir el juego tomando la serpiente con sus manos, torpemente: pero el juguete se desliza y siente un enorme dolor que lo ahoga y no puede evitar que un llanto estalle: muy cerca de él están los cubos y una máquina ferroviaria cubierta de polvo…… … Vuelve el hombre a contemplar los juguetes silenciosos, sin brillo, sin color, trata de tomarlos a todos, de estrecharlos junto a sí, desplazándose; y de pronto recuerda las mujeres y los columpios y las cestas de picnic y los conejos aterrados y el agudo silbo de despedida de entre las barbas y fuertes quijadas y ladridos de ágiles sutiles perros numerosos. Quiere llamar a todos, con un sola palabra, que jamás aprendió a pronunciar o que ha olvidado, y no puede.”
El juguete puede ser tema de interés para cualquier generación. A su vez, cada generación está representada por unos juguetes particulares. Uno de los últimos ejemplos de impacto masivo como juguete-objeto real, no virtual, ocurrió en la niñez de gente que hoy tiene alrededor de 30 años. Es el caso de los playmobil. Como para otros fueron los soldaditos de plomo, el balero, las barbies o el trompo.
No hay más vuelta que darle, el mundo de los juguetes constituye un punto tan vulnerable del recuerdo, que desde los 30 a los 90 años, el hombre o mujer que por esas cosas de la vida vuelve a encontrarse con un muñeco, un autito, un álbum de figuritas, creo que irremediablemente pierde el pudor y llora.
En la página de cuentos de este blog, he subido el texto de "Volviendo a los patios", un cuento que escribí hace un tiempo impreciso. Podría decir que lo escribí hace diez años. O bien que fue ayer, por la tarde. En uno u otro momento, quizás, hubiese contado la misma historia. Guarda una intensa relación con el tema de este artículo.


Rincón de las mariposas de papel
El 5 de mayo del año 2007, Correo oficial de la República Argentina, emitió una serie de cuatro sellos postales que tienen por tema los juguetes infantiles. En la viñeta figuran: el caballito de madera sobre patas mecedoras, el juego de té de porcelana para las muñecas, el trencito de hojalata y los soldaditos de plomo. Diez puntos para correo argentino. Aquí van las imágenes.






1 comentario:

laura nycz dijo...

Me encantó todo lo que he leído de Carmen Nani. Me parece que me identifico con su estilo, sus narraciones me "LLegan", me emocionan, y me hacen sonreir...
Siempre admiré a las personas que en pocas palabras pueden expresar tanto.