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4 abr. 2012

¿POR QUÉ JOSÉ, ES SAN JOSÉ? por Carmen Nani

En víspera de la Pascua Cristiana, comparto con ustedes una reflexión…
Siempre creí que santos, eran aquellas personas que por su vida de entrega y oración, que por su devoción y vida ejemplar, recibían el don de hacer algún milagro; o aquellos otros que por su fe, ya sea en la edad antigua, media o contemporánea fueron mártires. Entonces ¿por qué José, es San José?
Sabía de su vida religiosa; de su honradez y de su amor por María, pero ¿Acaso murió defendiendo al Dios en quién creía? No. ¿Alguien conoce de algún milagro que realizara? No.
A pesar de mi no rotundo, algo me decía que tenía que seguir buscando. No encontré respuesta a ninguna de estas dos preguntas, al menos no, la que yo esperaba encontrar… hasta que hace casi un año, mi hija me invitó a leer el libro que marcaría mi vida en forma rotunda y que aclararía mis dudas, más por terca que por falta de fe, con respecto a San José: "La sombra del padre” de Jan Dobraczynski". 

Victor Pereira Sánchez escribe:
"Dobraczynski recrea con gran imaginación, rigor histórico y exegético y espíritu novelesco la historia de San José de Nazaret, en su papel como esposo de la Virgen María y padre adoptivo de Jesucristo. Aquel a quien los Santos Evangelios apenas mencionan es precisamente a partir de estas pocas citas descrito en una respetable profundidad.
San José, oriundo de Belén, heredero del patrimonio de los reyes David y Salomón y de la noble tribu de Judá, marcha a Nazaret en busca de la mujer a la que entregar su vida. Allí conoce a una encantadora, amable pero a la vez misteriosa muchacha, Miriam de nombre, de quien quedará totalmente prendado. Sin embargo, empieza a comprender que entre Miriam y Él se alza impetuosa una fuerza de proporciones abismales, como el puño de Yavhé, que hará que la relación entre ambos continúe hacia vías insospechadas: de ella habrá de nacer el que será el libertador del pueblo disperso y oprimido de Israel.”

Cuando leí está reseña, supe que “La sombra del padre” me estaba esperando. Descubrí entre sus páginas que José fue un hombre que sufrió como hombre, que no entendía del todo cuál era su misión. Un hombre que manifestó el amor más absoluto: renunció a su esencia, a su ser hombre, a todo lo que alguna vez había soñado.

José fue sombra en vida y lo siguió siendo después de muerto. ¿Acaso aparece José presente, parlante en los evangelios? Sólo durante los primeros años de vida de Jesús, su figura se vislumbra en las sagradas escrituras. Más no emite palabra. María es quién reprende a Jesús cuando se pierde tres días en el templo; José, es sólo una sombra.

Cuando encuentro el parecido que mi hijo tiene respecto a su padre, me viene a la mente aquel refrán: «De tal palo tal astilla». O aquél otro que dice: «Quien a los suyos parece, honra merece». En este caso bien se podría afirmarlo de José, referido a Aquél que tuvo como hijo en este mundo. Realmente José supo ser astilla de un buen tronco y parecerse al Señor que lo había creado, y en concreto al Hijo que le había sido dado. Y sin embargo, José se muestra como un hombre que carece de la divinidad de uno y de otro. Es un hombre que padece de un hombre común… es padre y no lo es; es hijo de Dios  Padre y padre de Dios  Hijo pero el sufre su humanidad, se siente sólo una sombra… Cuánto dolor, ¿No fue mártir entonces? Qué infinita su entrega, ¿No colaboró, en aquel momento con el milagro de la concepción y nacimiento de Jesús?

En fin, me fueron concedidas las respuestas a mis interrogantes. Los dejo con las suyas, no sin antes regalarles un bellísimo fragmento de “La sombra del padre”.


“El niño que ha de nacer –pensaba-, aún uniéndoles ¿les separará al mismo tiempo? ¿El mundo secreto de Miriam se cerrará para él de manera inapelable? Había tomado la decisión de aceptarlo. Pese a esta decisión germinaba la esperanza. El niño iba a nacer y luego iba a convertirse en alguien extraordinario. El Salvador del pueblo como lo anunciaban los profetas. El Vencedor del mundo entero, como le presentaban los escribas… Su grandeza estaba por encima del amor de dos personas. ¿Qué quedaría en el prado pisoteado por los cascos de Su corcel de combate? ¿Tal vez llegaría el momento en que los padres dejasen de serle imprescindibles y podrían entonces refugiarse el uno en el otro? ¿Quizás se quedarían juntos en casa cuando Él volase hacia Sus grandes empresas?
¿Pero sería ella capaz de amar al mismo tiempo a ese Hijo milagrosamente enviado y a él, que no era más que una sombra? El amor de la madre para su Hijo nace del amor para el padre. ¡Y Él no será mi Hijo! Tendrá Su verdadero Padre, que extenderá sobre Él y sobre Su madre el manto de Su protección. Yo será siempre su sombra. Las sombras desaparecen cuando sale el sol…”.

Que tengan una Pascua renovadora, profunda y muy feliz.

Carmen

1 comentario:

María E. dijo...

Conmovedor relato Carmen, cuánta humildad la de este carpintero, qué gran entrega! Nunca lo había pensado así. Gracias y espero que hayas tenido una feliz Pascua de Resurrección.
Un abrazo