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27 jul. 2016

TU MÁS PROFUNDA PIEL, de Julio Cortázar

Cada memoria enamorada guarda sus magdalenas y la mía -sábelo, allí donde estés- es el perfume del tabaco rubio que me devuelve a tu espigada noche, a la ráfaga de tu más profunda piel. No el tabaco que se aspira, el humo que tapiza las gargantas, sino esa vaga equívoca fragancia que deja la pipa, en los dedos y que en algún momento, en algún gesto inadvertido, asciende con su látigo de delicia para encabritar tu recuerdo, la sombra de tu espalda contra el blanco velamen de las sábanas.

    No me mires desde la ausencia con esa gravedad un poco infantil que hacía de tu rostro una máscara de joven faraón nubio. Creo que siempre estuvo entendido que sólo nos daríamos el placer y las fiestas livianas del alcohol y las calles vacías de la medianoche. De ti tengo más que eso, pero en el recuerdo me vuelves desnuda y volcada, nuestro planeta más preciso fue esa cama donde lentas, imperiosas geografías iban naciendo de nuestros viajes, de tanto desembarco amable o resistido de embajadas con cestos de frutas o agazapados flecheros, y cada pozo, cada río, cada colina y cada llano los hallamos en noches extenuantes, entre oscuros parlamentos de aliados o enemigos. ¡Oh viajera de ti misma, máquina de olvido! Y entonces me paso la mano por la cara con un gesto distraído y el perfume del tabaco en mis dedos te trae otra vez para arrancarme a este presente acostumbrado, te proyecta antílope en la pantalla de ese lecho donde vivimos las interminables rutas de un efímero encuentro.

    Yo aprendía contigo lenguajes paralelos: 

21 jul. 2016

LA NOCHE DE LOS FEOS, de Mario Benedetti

1

Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un pómulo hundido. Desde los ocho años, cuando le hicieron la operación. Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una quemadura feroz, ocurrida a comienzos de mi adolescencia.Tampoco puede decirse que tengamos ojos tiernos, esa suerte de faros de justificación por los que a veces los horribles consiguen arrimarse a la belleza. No, de ningún modo. Tanto los de ella como los míos son ojos de resentimiento, que sólo reflejan la poca o ninguna resignación con que enfrentamos nuestro infortunio. Quizá eso nos haya unido. Tal vez unido no sea la palabra más apropiada. Me refiero al odio implacable que cada uno de nosotros siente por su propio rostro.
Nos conocimos a la entrada del cine,

12 jul. 2016

LOS AMANTES BAJO EL DANUBIO, Federico Andahazi


fragmento...


Desde la primera conversación puede anticiparse todo lo que ocurrirá entre un hombre y una mujer. Ambos sabrán qué los atrae y qué los rechaza. Advertirán los resquicios del espíritu donde puede anidar el amor; la indiferencia o, incluso, más tarde, el odio. En la primera charla se verán las coincidencias y las diferencias más elementales: la condición social, las creencias, la fe religiosa, las tradiciones, las rebeliones contra el dogma familiar e, incluso, podrá mirarse más allá del follaje y la hojarasca del árbol genealógico.
Todo aparece claramente expuesto en el primer encuentro. Los rasgos, las expresiones, los gestos, los leves matices en el color de los ojos, las bellezas y las fealdades, los pequeños defectos físicos, las concavidades y las convexidades de la anatomía, el talle, el modo de sonreír, de mirar, de afirmar y de negar; se sospecharán las virtudes, las miserias y los vicios; quedará en evidencia aquello que, con el correr del tiempo, determinará el nacimiento, el cenit, el ocaso e, incluso, el fin de una relación entre un hombre y una mujer. Todo esto se ve con claridad meridiana en la primera conversación. Uno, o acaso ambos, pueden cerrar los ojos y decidir clausurar ese examen preliminar. Pero como en una bola de cristal, ya se ha visto lo que habrá de suceder.
El otro nunca engaña; es uno quien decide engañarse a sí mismo y construye al otro a su imagen y semejanza. Este engaño puede durar un instante, un tiempo más o menos extenso o, acaso, toda una vida. Pero cuando el amor desaparece o, por la razón que fuere, el vínculo entre un hombre y una mujer se disuelve, ninguno de los dos podrá declararse la víctima de un engaño.
Igual que las obras arquitectónicas,

6 jul. 2016

EL MUNDO ES GRANDE, de Carlos Drummond de Andrade

                                                                      


El mundo es grande y cabe
en esta ventana sobre el mar.
El mar es grande y cabe
en la cama y en el colchón de amar.
El amor es grande y cabe
en el breve espacio de besar.

Que lo disfruten,
Carmen