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21 jul. 2010

ESPEJO, ESPEJITO...

El espejo ha sido a lo largo de la historia del hombre, un símbolo cuyo significado varía de acuerdo a lo que cada persona que se asome a esta superficie, quiera encontrar. Para el filósofo y lingüista francés Deleuze, la superficie especular nos posibilita una experiencia reveladora y única: nuestra imagen reflejada se percibe como si fuésemos "otro" que nos observa y juzga. Esta definición me seduce, ya que imagino al espejo como un ojo que ve más allá de lo que todos ven, que refleja no sólo lo que mostramos, sino también lo que escondemos.
El espejo es en este caso único testigo de nuestro verdadero proceder. Se transforma en cómplice, nos secunda, cada vez que actuamos conforme a lo que sentimos y decimos; sobretodo cuando lo que hacemos es lo correcto. Sin embargo, ese mismo espejo -ojo al que no podemos engañar- se vuelve sicario
que censura y que condena nuestro mal proceder, aunque pretendamos convencerlo y convencernos de que estamos obrando bien.
Para Galeano, el espejo es mucho más que una simple superficie especular; existe un mundo propio detrás de su cristal
con habitantes que se muestran, o no se dejan mirar según lo determine el ánimo de quien mira.
" Los espejos están llenos de gente.
   Los invisibles nos ven.
  Los olvidados nos recuerdan.
  Cuando nos vemos, los vemos.
  Cuando nos vamos, ¿se van?"
 Leyendo este poema me pregunto si lo que veo cuando me miro soy yo, o si es el recuerdo de la que fui y dejé escapar. También me surge la duda de si acaso soy, por los recuerdos que tengo de mi misma, algunos revalidando, otros desmintiendo lo que he llegado a ser, o si soy, por el recuerdo de aquellos que alguna vez me vieron y que ya no están.
El espejo se yergue entonces como el continente de algún misterio que tarde o temprano terminaré descubriendo cuando tenga el valor de mirarlo; de mirarme en él. Cada vez que voy a pasar por enfrente de uno, me asalta la duda de que si lo que voy a ver reflejado en el cristal, será mi imagen, la imagen que yo quiero ver, o la que realmente soy. La sensación es mucho peor, si considero que la imagen que el espejo me devuelve es la que los otros tienen de mí. Por eso, no suelo buscarme demasiado en los espejos, quizás por miedo a lo que me puedan mostrar. Debo confesar además que evito los espejos, en una habitación a oscuras, mucho más si es de noche. No quisiera encontrarme con ese leviatán que todos llevamos dentro. 
El espejo puede ser símbolo de auto - afirmación: por ejemplo, la madrastra de Blanca nieves se miraba en un espejo mágico que sólo le devolvía la imagen que ella quería ver. No importaba si se correspondía con lo que realmente era. Ella quería verse hermosa, entonces el espejo obediente, hermosura era lo que reflejaba. ¿Acaso no es eso lo que nos ocurre con frecuencia cuando nos miramos para arreglarnos de tal o cual manera? Buscamos la aprobación en la imagen que descubrimos rogando que ese reflejo, coincida con la imagen que los demás tienen de nosotros. Para Joaquín Sabinas, en su canción “Noche de Bodas”, el espejo es el instrumento a través del cuál buscamos nuestra propia reafirmación:

" …Que todas las noches sean noches de boda, que todas las lunas sean lunas de miel. Que las verdades no tengan complejos, que las mentiras parezcan mentira, que no te den la razón los espejos, que te aproveche mirar lo que miras…"

El espejo puede ser para mí, símbolo de la conciencia, de reafirmación de lo que somos, y de la mirada de otros. Pero además el espejo se presenta como el instrumento que nos da la posibilidad de reírnos de nosotros mismos, de ridiculizarnos para alivianar el sentido trágico que muchas veces le damos a lo que nos ocurre, de aceptarnos para ser aceptados, de vivir mejor,  ya que el humor es uno de los condimentos que le da sabor a nuestra vida. Mantener las apariencias es un cuento que a más de de uno, seguramente arrancará una sonrisa. Por último me quedo reflexionando sobre cuál sería nuestra actitud frente a un espejo, de ser este un elemento para nosotros desconocido. ¿Nos pasaría quizás como a Narciso, que se enamoró de su propio reflejo en el agua? Espero que no. De encontrarme en esa situación elegiría lo que le sucedió a una mujer y a su hija en una conmovedora leyenda japonesa. En ella esta superficie el espejo es el objeto pasivo, dado y recibido con amor y que simplemente refleja nuestros sentimientos, lo que somos y necesitamos ver.

El Blog Piel de Lechuza ofrece el relato japonés anónimo en Cuentos de Carmen Nani. "El Espejo" ¡Que lo difruten!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Como aporte desde el humor, hay una viñeta de la genial Mafalda en que comprueba cómo en el reflejo las cosas se muestran al revés: "la derecha viene a ser la izquierda y la izquierda viene a ser la derecha" observa Mafalda, y concluye : "qué contubernio".
En otra tira, Mafalda le comenta a Manolito que en el espejo uno se ve al revés de como es. Manolito corre asustado en busca de un espejo, imaginándose patas para arriba o vestido de mujer.

Un amigo tan poco fiel como el espejo, quizás mejor no tenerlo como amigo!

Piel de lechuza dijo...

Un amigo que advierte que no es del todo fiel, es un amigo en serio. Muy bueno tu aporte; pero para extenderme un poco màs, qme gustarìa saber quièn se ha tomado tantas molestìas... aunque creo que si arriesgo no me equivoco...
Carmen