Una
bella mañana de abril, en una callecita lateral del elegante barrio de Harajuku
en Tokio, me crucé con la chica 100% perfecta.
A
decir verdad, no era tan guapa. No sobresalía de ninguna manera. Su ropa no era
nada especial. En la nuca su cabello tenía las marcas de recién haber
despertado. Tampoco era joven –debía andar alrededor de los treinta, ni si
quiera cerca de lo que comúnmente se considera una “chica”. Aún así, a quince
metros sé que ella es la chica 100% perfecta para mí. Desde el momento que la
vi algo retumbó en mi pecho y mi boca quedó seca como un desierto. Quizá tú
tienes tu propio tipo de chica favorita: digamos, las de tobillos delgados, o
grandes ojos, o delicados dedos, o sin tener una buena razón te enloquecen las
chicas que se toman su tiempo en terminar su merienda. Yo tengo mis propias
preferencias, por supuesto. A veces en un restaurante me descubro mirando a la
chica de la mesa de al lado porque me gusta la forma de su nariz.
Pero
nadie puede asegurar que su chica 100% perfecta corresponde a un tipo
preconcebido.