Mientras prestaba atención a la propuesta que iba a cambiar el
sentido de mi vida, pensé que la palabra azar es equívoca, o inexacta. El Destino
es un cazador paciente. Ciertas casualidades están escritas de antemano, como
francotiradores agazapados con un ojo en el visor y un dedo en el gatillo,
esperando el momento idóneo. Y aquél, sin duda, lo era. Uno de tantos falsos
azares planeados por ese destino retorcido, irónico, aficionado a las piruetas.
O algo así. Una especie de dios caprichoso y despiadado, más bromista que otra
cosa…