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20 jun. 2012

DOS NOTAS PARA MARTINA cuento de María Elena Garay


Llegó a la casa entumecido. La llovizna se había prolongado todo el día arruinándole su tarde de deporte. Suerte que no dejó barro sobre el parquet, al día siguiente la empleada refunfuñaría por lo bajo; esta vez se acordó del felpudo a tiempo. Al lado del felpudo vio la carta. Estaba de mal humor; siguió hasta la cocina pero volvió, pensando que algo había en ese sobre que él debía saber. Si el cartero la hubiese traído por la mañana, la empleada la hubiera recogido y dejado en la mesita de la lámpara. ¿quién trae cartas por la tarde? Obviamente, carta para Martina, para quién si no. De sus clientes, amigas...¿abriendo correspondencia ajena? no era su costumbre, además el sobre no estaba cerrado, sólo con la solapa adentro. Leyó:

“Querida Martina, esta noche a las nueve”. Era la letra de su socio, el socio de Martina, ese pesado obsesivo del trabajo, igual que ella. Desde que había entrado a un estudio de arquitectura prestigioso no tenía descanso. Igual, él estaba tan orgulloso de su esposa, tan activa, tan capaz; los jardines más hermosos de la ciudad habían sido diseñados por ella. “Martina Aprile- Arquitecta Paisajista”, si hasta sonaba tan bien. Y él con ese empleo de mierda, corredor de seguros, cómo desentonaba, se sentía inútil, opaco a su lado, creía no merecerla, tan baja su autoestima. Decidió invitarla a salir esa noche, le pediría que no fuera al estudio, nada es tan urgente. A cenar a la orilla del lago, como cuando eran novios e imaginaban por cada lucecita de los barcos un hijo más. Ni hablar de hijos por ahora, había dicho Martina, con tanto trabajo...Eso, la invitaría. Se dirigió al cuarto para sacarse la chaqueta, los britches y las botas de montar. Saltos hípicos, su única pasión, además de Martina. Oyó que se detuvo un auto, sí, era el de ella. ¡El sobre!, lo dejó junto al felpudo y se sentó en un sillón del living, le gustaba verla entrar, elegante aún después de todo un día de trabajo. Incansable, Martina. Le diría que tenía planes. Juntos. Al diablo con la reunión, hasta estuvo tentado de esconder la nota, pero él no haría algo así. Desde el sillón y bien quieto la vio llegar ¡qué mal estaba! nerviosa, demacrada, tal vez a punto de pescarse una gripe. Tropezó con el felpudo, se le cayeron las llaves; él se levantó a ayudarla pero ella encontró el sobre, leyó la nota; ni que tuviera corriente eléctrica, la soltó y salió dando un portazo. En ese momento, el yunque de la sospecha que siempre pendía sobre su cabeza y que trabajosamente lograba eludir cada día, prácticamente lo trituró.

5 jun. 2012

¿DE QUÉ QUERÉS HABLAR MAMÁ? por Carmen Nani


Pobre vieja, piensa el hombre mientras dobla el diario. Mira hacia la calle; la luminosidad del día enciende su remordimiento. Es sólo un café, reconoce, se lleva el pocillo a los labios y el café le sabe amargo. Escucha cómo en una mesa del fondo, cuatro mujeres pasan la tarde. No necesita mirar para comprobar que son mujeres de la edad de su madre. Sin embargo, no
puede evitar hacerlo. Apoya la mano en el respaldo de la silla y gira totalmente. Las observa un rato largo; son efectivamente mujeres mayores que ríen, hablan, se miran y no reparan en él. Vuelve a enfrentar su mesa y pide otro café. Ve el diario que ha dejado al lado del cenicero 
y recuerda el artículo que acaba de leer acerca de la incomunicación. 
... CUANDO VERDADERAMENTE SE TOMA UN CAFÉ CON ALGUIEN, SE CAEN LAS MÁSCARAS QUE NOS DESFIGURAN... 
Podría darle el gusto, sigue pensando. Prende un cigarrillo y el remordimiento cede para dar lugar a la intriga; frunce el ceño: Somos tres hermanos, ¿Porqué justo yo? ...LAS MÁSCARAS CAEN...  Vieja caprichosa. Cientos de veces la he invitado un viernes por la tarde o un domingo, pero no, tiene que ser un sábado, y a la siesta... LAS MÁSCARAS QUE NOS DESFIGURAN... ¿Mantener un capricho durante seis años?, Duda.  Pero si no es un capricho, ¡Porqué cuernos tiene que ser ése día y a ésa hora!. No coincide tampoco con al muerte del viejo; él todavía vivía cuando la vieja empezó con esta persecuta. Termina el cigarrillo  y aplasta la colilla varias veces en el cenicero. Mi amigo diría que estoy haciendo transferencia o cambio de roles; pero tampoco puede molestarme tanto un pedido de la vieja. Ahora  destruye la colilla, que ya sin forma, recibe su bronca. Sí me molesta... SE CAERÁN LAS MÁSCARAS QUE NOS DESFIGURAN...
Artículo de porquerías; quién me manda  leer esas estupideces. ¿Me estaré volviendo viejo? Sigue pensando, mientras la jarana en la mesa del fondo lo conmueve. ¿Qué querrás hablar conmigo viejita, y un sábado a la siesta? ; sabés que es el único día que puedo dormir  un rato. 
Los chicos  van a los Scouts y Marcela siempre tiene algún programa, habla en silencio. Es el 
único día que disfruto de estar sólo, entonces viejita, ¿Qué es lo que querés decirme?... SE CAERÁN LAS MÁSCARAS... Tampoco estoy tan equivocado; Marcela me da la razón, y eso que la quiere a la vieja. Se llevan bastante bien, aunque de un tiempo a esta parte se ven poco y nada... MÁSCARAS QUE DESFIGURAN...  ¡Ah no vieja! Sin querer golpea la mesa con el diario del artículo. Lo que me falta es que te pongas en suegra y pretendas llenarme la cabeza; pero no puede ser. ¿Esperar un café durante seis años para ponerme en contra de Marcela?