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31 dic. 2012

FELIZ 2013....por Carmen Nani


Mis colegas, las escritoras María Elena Garay, Cecila Spina y la que suscribe, queremos agradecer a todos nuestros lectores por acompañarnos durante estos dos años de vida de nuestro blog "Piel de Lechuza" y los invitamos a levantar las copas por un 2013 en el que, esperemos se cumplan las expectativas de todos... para ustedes, gente tan necesaria, un precioso poema  de Hamlet Lima Quintana,

Carmen

Gente


Hamlet Lima Quintana,
   Argentina, 1923


Hay gente que con solo decir una palabra
enciende la ilusión y los rosales;
que con solo sonreír entre los ojos
nos invita a viajar por otras zonas,
nos hace recorrer toda la magia.

Hay gente que con solo dar la mano
rompe la soledad, pone la mesa,
sirve el puchero, coloca las guirnaldas;
que con solo empuńar una guitarra
hace una sinfonía de entrecasa.

Hay gente que con solo abrir la boca
llega a todos los límites del alma,
alimenta una flor, inventa sueńos;
hace cantar el vino en las tinajas
y se queda después, como si nada.

Y uno se va de novio con la vida
desterrando una muerte solitaria
pues sabe que a la vuelta de la esquina
hay gente que es así, tan necesaria.


20 dic. 2012

QUERIDA LITA cuento de María Elena Garay

 Ante todo tengo que agradecerte los gemelos de plata con una flor de lis; aunque sabés que no uso camisas con gemelos, valoro tu intención. De paso te pido que me perdones por no haber usado nunca la gorra de carpincho, bien cara te habrá salido el año pasado. Pero sólo son detalles, te pido perdón porque yo soy un hombre simple, empleado del taller del Tito y no me va esa moda pituca ni juego al golf (gracias también por los palos que me regalaste hace dos años). No supe llenar tus expectativas, no te culpo por haberte cansado, más aún cuando sucedió eso en Navidad.
 Como sé que estarás preocupada por saber dónde estoy, te escribo también para avisarte que mi hermano, el de Santa Fe, se cambió de casa y yo lo ayudé con la mudanza y creo, a eso lo reconocerás, soy bastante fuerte alzando cosas pesadas, una bestia solés decirme. Bueno, tal vez puedas perdonarme por no haberte dado el regalo que querías. Moni y el Guille estuvieron chochos con sus juguetes, ahí no le errrás nunca y los dejás felices, yo no sabría qué comprarles. Pero sí sabía lo que vos querías y, como me dijiste, no era muy difícil ir a una joyería y decir quiero un par de aros Lady Di con perlas blancas , me lo especificaste bien, ni grises, ni turquesa, blancas.
 Cumplí con vestirme con el traje colorado y la barba de algodón, aunque sudé a mares y repartí los regalos. Tu hermana quedó encantada con los zapatos que le compró Carlitos, ves Carlitos sí tiene gusto para elegir regalos. ¡Cómo se alegró tu mamá con la pava eléctrica que le regalaron ustedes, sus hijas!. Yo iba sacando de la bolsa y cada vez sudaba más porque veía la expectativa en tus ojos y la bolsa se iba vaciando y tu ceño fruncido, aunque había todavía una chispa de esperanza porque la cajita de aros debía ser chiquita y tal vez pensaste que la tenía en el bolsillo.
 No creas que me enojé cuando reclamaste tu regalo y sé que vos no te enojaste tanto por eso sino por mi explicación. Porque todo tiene una explicación en esta vida, sólo que no te gustó lo que empecé a decir, no me dejaste terminar porque empezaste a gritar, a decirme estúpido y otras cosas feas. Hasta Carlitos que es un buen tipo me dijo no podés ser tan boludo y ahí se armó la gresca: tu furia asustó a los chicos que se pusieron a llorar y sabés que cuando los chicos lloran a mí se me rompe el corazón. No me importó que me echaras ahí nomás, sí me importa que entiendas mi explicación y no rompas la carta antes de leerla.
 El 23 yo iba con los trescientos pesos en el bolsillo camino a la joyería, sabía bien lo que tenía que pedir, cuando se me cruzó un vagabundo, era un hombre de mi edad con la ropa bastante vieja y un olor que vos no soportarías, seguro. Llevaba una bolsa y me dijo: Hermano aunque no lo creas, yo soy el hijo de Dios. Me quedé duro pero no dije nada. Papá Noel no existe, siguió. Yo asentí, siempre creí que eso era un invento importado. Cuando era chico el Niño Dios me traía siempre alguito, nunca me dejó con las ganas. Mañana tengo que llevarle algo a los chicos de la villa y no tengo plata, siguió, te pido que me ayudes. Era mediodía, estaba nublado, pero yo vi con mis propios ojos un aura, como un globo de luz que lo envolvía.

5 dic. 2012

FRECUENCIAS PARALELAS de Carmen Nani

Cuento de Carmen Nani
Inés parada frente a la ventana mira la lluvia que cae mansa sobre los que caminan, algunos protegidos por paraguas a paso lento; otros sin protección se apuran, casi corren. Detiene su mirada en una pareja que parece no darse cuenta de la lluvia. Inés se acomoda el pelo detrás de la oreja e involuntariamente sus ojos encuentran el reloj pulsera que marca las once. Suspira. Se cruza de brazos y apoya la frente en el vidrio. El reflejo de la luz de la calle le muestra una mujer joven, de rasgos firmes. En esa imagen difusa han desaparecido las primeras canas y las arrugas no se notan. Sonríe. Siente el frío sobre su frente. Retira la cara y se acomoda el pelo detrás de la oreja. Otra vez el reloj pulsera. Once y media y otra vez él no llega a tiempo. ¿Qué me traerá hoy?, piensa Inés y repasa con el dedo índice el contorno del plato vacío. Camina alrededor de una mesa servida en vano. Se alisa el vestido con las manos. Disfruta la suavidad de la tela y percibe sus muslos firmes debajo. Sus manos se deslizan hasta su pubis. ¿Con quién estará esta noche?, piensa. Se lo imagina desnudo. Puede ver su pecho acariciado por manos que no son las suyas. Manos que lo recorre íntegro. Y el temblor de su sexo delata el deseo. Sigue buscando debajo del vestido. Cierra los ojos, y entonces sus manos son las de él, que se atreven en su ropa interior, que imitan movimientos audaces en un cuerpo entregado, que no es el de otra, sino el suyo. Consigue el placer. Se arregla el vestido y se acomoda el cabello detrás de la oreja. Las doce. Parada junto a la ventana lo ve. Busca con la mirada y es toda ansiedad cuando distingue el paquete. ¿Qué será? ¿Habrá adivinado esta vez? No quiere ilusionarse pero no puede evitarlo. Baja corriendo las escaleras. No va al encuentro del hombre sino del paquete.