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20 abr. 2011

LA SUERTE DE ANA por María Elena Garay



Yo escucho. Mi amiga Ana siempre dice que ella es una persona sin suerte: su matrimonio fracasó, perdió el juicio de alimentos que le inició al ex para los hijos, nunca gana en la lotería ni en el Bingo; si le gusta un hombre está casado. Y le ocuparon un terrenito en las sierras que había comprado en cómodas cuotas en su juventud.
Sigue su lista de quejas: trabaja como una mula y le pagan poco… La última vez que la vi andaba con una bota de yeso “una vereda rota, podés creer?” Aquí no hay dudas: mala pata. Y el Intendente, claro.
Mi amiga Juana a la cual le comenté lo de Ana me dice su frase de cabecera: no hay casualidades, hay causalidades. Se divorció porque eligió mal, perdió el juicio (el de alimentos hasta ahora) porque el abogado es inepto y sin experiencia; no gana el bingo o la lotería porque no compra ni una rifa; perdió el terrenito por dejarse estar, otro pagó los impuestos y por eso de la usucapión ¿viste?. Y se calla. ¿Y lo de los hombres casados? digo. “A su edad qué quiere, un mocoso?” (dicho con eufemismos). Y decile, agrega, que agradezca su sueldo, hay mucha gente que ni trabajo tiene.
Vuelvo a mi amiga Ana y le transmito todo. . . “que se calle esa hueca, si a ella no le falta nada”. Ni le cuento que la pobre Juana no puede tener hijos y sufre mucho por eso. Abrumada me pregunto ¿existe la suerte? Es cierto que Ana es un desastre y los argumentos de Juana son convincentes. Ana no es jugadora,
el verdadero jugador es optimista, confía en sí mismo, sabe que “se le va a dar” , espera un golpe de suerte. Puede que no gane. Pero pide la revancha , insiste, vuelve, invoca a los dioses, al destino.
Y un día hace saltar la banca. ¿Tuvo suerte?

4 abr. 2011

¿CASUALIDAD O CAUSALIDAD?

“Nada ocurre sin un sentido,” afirma un joven chino en la película que me inspiró  estas líneas. Nada ocurre por casualidad, pensé, cuando al abrir las páginas de “Deodora” gaceta de crítica y cultura de la UNC, me encontré con un artículo titulado “Los Otros.” En uno de sus párrafos el autor cuenta como Daniel Defoe, se basó en un hecho real para escribir “Robinsoe Crusoe.” Según el artículo, un marinero escosés Alexander Selkirk fue desembarcado tras una discusión con su capitán, en las islas volcánicas del Pacífico Sur conocidas como “Islas desafortunadas.” Selkirk permaneció en esta isla de la costa chilena desde 1704 hasta 1709 cuando fue recogido por un corsario inglés. Así  como Defoe se basó en un hecho real para concebir “Robinsoe Crusoe,” su novela más importante, publicada en 1719, y considerada la primera novela inglesa, así Borensztein utilizó una noticia que escuchara en un informativo ruso para pensar y dirigir su reciente película, “Un cuento chino”.
¿Casualidad o causalidad? Dos mundos diferentes, el de la literatura y el del cine, se fusionan con un denominador común: la imaginación tanto del escritor, como del director, que toman y recrean un hecho real para pensar un imaginario enriquecido a través de la fantasía. Surgen entonces, la novela de Defoe, una autobiografía ficticia del protagonista, un náufrago inglés, que pasa veintiocho años en una remota isla tropical; y la película de Borensztein, que narra la historia de un hombre huraño y rutinario, cuya aburrida y solitaria tranquilidad se ve afectada por la irrupción de un joven chino que no sabe ni una palabra de español, pero con el que inicia una relación de profunda amistad que le cambia la vida.
Pienso que nada está librado al azar. Todo lo que ocurre tiene una razón de ser. Desde la elección de un libro según el género, la temática, o como en mi caso, siguiendo un autor determinado, hasta la selección de una película, según sea el director o el actor que la protagoniza. Por eso no fue casual que no faltara a la premier de “Un cuento chino.”