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30 dic. 2010

CUENTOS, NADA MAS QUE CUENTOS

                                          EL  MERCADO  DE  PAYÉS
por Cecilia Spina





Ya el nombre del pueblo me llenó de sugestión: Los Payés. Se decía que muchos de sus moradores tenían la llave de los misterios del cuerpo y del alma. Eran curanderos y oráculos. Conocían las causas del desasosiego, de la tristeza, de las enfermedades, y también los modos de reparación. Algunos de ellos, tenían su mesa en un mercado donde ofertaban objetos portadores de “gracia o virtud”. Algo mucho más complejo que la superstición sobre la buena suerte que depara la posesión de una  herradura de siete clavos. Los payés eran sabios. 
Quien me pasó la información sobre tal pueblo, me prohibió que yo la diera a otros. Por eso me abstengo de ubicarlo en el mapa. Más aún, después de visitarlo, me aconsejó prudencia en el comentario sobre lo visto y oído. Luego lo que aquí cuento es sólo una parte, lo que a mi  concierne. Guardo en reserva lo otro.
Llegué a Los Payés en la caja de un camión, junto con  fardos de alfalfa y bolsas de maíz y azúcar, a la hora del relevo de ropas en el pueblo. Por esa razón no había nadie en las calles. Parecía un pueblo fantasma.
La hora del relevo de ropas. Sí; todos los vecinos de tal aldea, al crepúsculo, mudan sus ropas blancas por ropas azules muy oscuras. Se trata de un rito de acompañamiento al devenir circular de la luz y de las sombras. Tanto un vestido como otro, llevan en su trama el paso de finas hebras doradas. Es curioso observar el relumbre de aquellos hilos por efecto del sol o por la claridad de la luna y las estrellas. Niños, jóvenes y ancianos son entonces, blancos o azules.
Las calles de tierra miden cuatro varas. Y este número y esta medida tienen sin duda una significación secreta. Los frentes de las viviendas se suceden a lo largo de un tapial a todo lo extendido de la cuadra, interrumpido muy asimétricamente por vanos de puertas y ventanas. La forma de reconocer la individualidad de cada casa es el color de su fachada. El conjunto despliega un abanico complejo de matices sutiles entre el verde y el rojo. Simulan una sucesión de hojas de liquidámbar promediando el otoño. Variaciones minúsculas en la tonalidad. Jamás dos iguales.

20 dic. 2010

ELOGIO DEL AGUA por María Elena Garay

Hay placeres en la vida que hacen que uno la piense como una fiesta. Me refiero a placeres pequeños; tal vez para algunos una comida especial o un viaje a las sierras. Mi placer favorito dura tres o cuatro horas por semana repartido en dos días. Desde hace más de veinticinco años repito el mismo ritual, invierno y verano: me zambullo, siempre de cabeza y siento la caricia del agua en cada centímetro de la piel hasta llegar al fondo, deslizarme hasta el límite de mis pulmones y emerger. Ese comienzo, la ingravidez y las incontables coreografías que permite, me confirman que soy esa célula primigenia que fue mudando sus formas hasta llegar a ser humano. Otras veces cavilo en ese acto de llegar al agua en cámara lenta, que por el poder purificador del agua, estoy limpiando mi alma de malezas, lavando dolores, pequeñas injusticias que cometo o a las que me someto.
Muchos buenos momentos estuvieron o están asociados con el agua; recuerdo una epifanía, cuando el alma se ensancha y el corazón no cabe en el pecho. Ese día, en un pueblito de la Rioja, al pie del Famatina, escribí unos versos en donde el agua era parte y todo:

Prólogo de la parición
En el agua fetal de tus acequias
Acorté los corales de la sangre

Exposición de la avidez
A la solariega cesión
De las estrellas,
Apenas una tilde
Una pausa de luz
La voz enracimada.

Y la montaña
Punzando transparencia.

Ese pañuelo de greda
Comulgó
Con un pan y con un vino
De milenios.
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Hace unos años fui al mar del Caribe; desde el barco nos largamos a hacer snorquel con patas de rana, el visor y el cañito para respirar. El fondo del mar, un paraíso. Peces de todos los colores, tornasolados,

10 dic. 2010

MI RAPIDA UTOPIA


 Otro año que llega a su ocaso. Miro hacia atrás, y veo con consternación cuanto ha cambiado mi vida, mi micro - mundo en tan poco tiempo. Valores y principios que suponía sólidos, han caído en tela de juicio. Las grandes pasiones se desvanecen. Padres, amigos que consideraba incondicionales, ya no están. Sin embargo, lo terrible  no es la pérdida en sí, sino la falta de tiempo para hacer el duelo que corresponde a cada situación; doler por un amigo que se aleja, por lo que no se consigue, por una amor que se frustra, por tantos héroes que terminan siendo de barro. En fin, llorar cuando uno se siente abrumado; porque el duelo no es privativo de la muerte.
Si hablamos de adolescentes,  yo me pregunto y les pregunto: ¿Qué pasó con el sistema educativo? Los profesores piden permiso, los alumnos blanden el poder. En este 2010 se ha producido la amnesia colectiva, o dicho de otra manera, el olvido general del respeto. Nada, ni nadie parece merecerlo; los adultos no respetamos los derechos de los jóvenes y ellos a su vez nos pasan literalmente por encima.
Si pienso en el plano de lo intelectual, cuanto más estudio, menos conozco ya que cuando logro aprehender un tema determinado, aparece otro que convierte mi flamante conocimiento en obsoleto. Con respecto a este tema de saberes  fragmentados cito a Humberto Eco que coincide casi textualmente con lo expuesto en el documento de Aparecidas:

“Nuestro siglo es el de la aceleración tecnológica y cientí­fica… El costo de esta aceleración de los descubrimientos es la hiper especialización. Estamos en vías de vivir la tragedia de los saberes separados: cuanto más los separamos, tanto más fácil es someter la ciencia a los cálculos del poder.”  Umberto Eco

Un Rápida Utopía
Umberto Eco
“También se ha hecho difícil percibir la unidad de todos los fragmentos dispersos que resultan de la información que recolectamos… Cuando las personas perciben esta fragmentación y limitación, suelen sentirse frustradas, ansiosas, angustiadas…” Documento de Aparecidas

Si pienso  en la programación de la pantalla chica y sin muchas pretensiones, analizo las telenovelas por ejemplo,  me hago otra pregunta: ¿Dónde quedaron las grandes historias de amor? ¿Aquella novelas cuyos protagonistas poseían los ideales más altruistas? Las telenovelas que fueron inventadas para entretener a las amas de casa que quedaban solas, generalmente a la hora de la siesta, cuando los hijos se iban al colegio y el marido a trabajar, han desaparecido. ¡Cómo no van a desaparecer si lo que ya no existe son las amas de casa! Pero más allá del devenir de la telenovela, o del rol de la mujer, lo que hoy se nos ofrece por tal, raya lo bizarro y tiene un público indeterminado. En este 2010 que por el momento pinto negro, negrísimo, surge lo que se ha dado en conocer como “Tinelismo” que conlleva la pérdida del buen gusto y del sentido del decoro. Eso sin mencionar que entre un programa que informa la realidad, u otro que la deforma, más de una vez, elegimos este último. Y no hablo como una pacata anticuada;